Como se esperaba para el día de las comparsas favoritas, ardió Sur y Palermo al ritmo de las lonjas. El Desfile de Llamadas mostró lo mejor de sus tradiciones en tambores, coreografía y vestuario. La fiesta en un año pleno de significados históricos.
Unos diez minutos después de las 21 la formación compacta y demoledora de Yambo Kenia abrió el desfile. Los ganadores de 2010 salieron a probar sobre el asfalto de Isla de Flores con qué temple habían conquistado el título.
La comparsa dirigida por Carlos Larraura, con los colores rojo, blanco y negro típicos del Buceo, fue el inicio de esta segunda noche de Desfile de Llamadas. Una segunda entrega que el grueso del público esperaba, pero sobre todo las numerosas hinchadas de algunas de las agrupaciones con más tradición y arraigo en los barrios más populosos de Montevideo.
El público colmó la "avenida del candombe", aunque muchos comenzaron a llegar minutos después de comenzado el desfile. Uno de ellos fue el presidente de la República, José Mujica, y su esposa, la senadora Lucía Topolansky, que llegaron hasta su sitio en el palco oficial sobre la hora 21.30. Allí lo esperaban los ministros Eduardo Bonomi y Enrique Pintado, así como la intendenta Ana Olivera que se sentó a su lado. Con su habitual impronta, Mujica rehuyó las cámaras con cierto enfado y dio a entender con gestos que lo importante allí eran las comparsas.
Pero la atención de las cámaras no se posó demasiado tiempo en el mandatario -que de todos modos fue enfocado varias veces, sobre todo cuando las agrupaciones se detenían a su paso para hacer "los honores" al palco-, ya que la propia fuerza del espectáculo se impuso a fuerza de ritmo y colorido.
El segundo grupo en hacer su pasaje fue Elumbé, con sus estandartes rojo, amarillo y negro, una de las agrupaciones de Malvín que se disputan el liderazgo del barrio.
La llegada de las primeras cuerdas de tambores fue acompañada por una lluvia de fuegos artificiales, manchones de luz en ese lienzo de Figari en que se convirtió Isla de Flores en la tibia noche de febrero.
De algún modo esta escenificación se corresponde con el carácter que las sociedades de negros y lubolos vienen tratando de imprimirle a sus presentaciones. Un mayor cuidado por sus vestuarios, estudiadas coreografías, el afinado sonido de las cuerdas con los matices típicos que permite a los entendidos saber de qué barrio viene éste o aquél repique.
En esta búsqueda entraron todas las agrupaciones, las más tradicionales y las más nuevas. Las montevideanas y algunas invitadas del interior, como La Carolina de San Carlos (Maldonado) que deslumbró en su presentación.
Y los personajes, claro. Por ejemplo el inefable Carlos Páez Vilaró, que una vez más volvió a caer rendido a la magia del tambor y salió con una de las agrupaciones que más seguidores ha conseguido en los últimos años: C1080. Además de sus lonjas esta agrupación guarda otra sorpresa: su escultural vedette Gianina Silva.
O Kanela, Julio Sosa, él mismo una institución en el candombe. Uno de los rasgos más distintivos de Tronar de Tambores fue su vestuario, que tomó a la cebra como símbolo de las tierras africanas. Y como ya es costumbre fue el mismo Kanela, en buena medida, el responsable de ese vestuario.
El homenaje a las tradiciones del África ancestral estuvo en muchas de las agrupaciones. La Gozadera, otra de las agrupaciones de Malvín, eligió al elefante como símbolo de esas tradiciones.
La segunda jornada fue, en suma, una muestra ejemplar de las tradiciones afrouruguayas. Tal vez el único punto en contra fue el retraso acumulando el desfile y que el público ubicado en las partes más alejadas del corazón del mismo, tuvo que padecer. Haciendo a un lado ello, el jurado tendrá un trabajo terriblemente complejo para elegir al mejor.
Personajes: Volvió a salir Páez Vilaró pese a que no pensaba hacerlo este año.
Fiesta en balcones y en las azoteas
Balcones y azoteas de Isla de Flores lucían repletas de público. Es que los vecinos de la zona aprovechan estos dos días del desfile de Llamadas para hacer su zafra. En esos balcones, la gente disfrutaba y bailaba al ritmo del candombe, sobre todo los turistas, quienes son los principales "consumidores" de estos privilegiados lugares. Allí, los vecinos les brindan un servicio que puede incluir una cena, generalmente asado, acompañados por refrescos o diversos tipos de bebidas alcohólicas, por sumas de dinero que van desde los $ 300 hasta los $ 1.500 por persona, dependiendo, claro está, de lo que cada uno tenga para ofrecer. En la acera la historia es otra. El público interactúa constantemente con bailarines, gramilleros, escoberos y, por supuesto con las cuerdas de tambores que, cada vez más, ofrecen toques más complejos con cortes sumamente originales. Durante todo el recorrido se aprecian banderas de apoyo a las comparsas que desfilan. Todo sirve para darle color a la fiesta del tambor.
Un tema distinto para Serenata
Mujeres de Negro puso el tema de la violencia doméstica
Una de las agrupaciones más antiguas de las sociedades de negros y lubolos, la multipremiada Serenata Africana, escogió este año como tema el de la violencia doméstica. Por ello incorporaron a sus filas al Colectivo Mujeres de Negro y a algunas figuras públicas que, además de la princesa Laetitia d`Arenberg, acompañaron el desfile anoche en las Llamadas.
Serenata Africana cumple 40 años en este desfile y ello fue uno de los motivos por el que la agrupación decidió conferirle un tono especial, abordando una temática que golpea a la sociedad uruguaya. Y para ello contó con la participación del reconocido coreógrafo Martín Inthamoussu, responsable de esta puesta en escena.
"La idea es la de vincularnos de una manera mucho más activa con el tema de la violencia de género", explicó Inthamoussu a El País.
Para ello se incorporó a las integrantes del colectivo al paso de la comparsa. "Se trataba de que el colectivo estuviera allí sin perder su lugar como organización que lucha por los derechos, pero en vez de mostrar algo tan duro pensamos que lo mejor era que el mensaje viniera desde la alegría y la esperanza", contó el coreógrafo de fama internacional.
Bajo esta idea, las integrantes del colectivo aplaudieron y abrazaron a los bailarines cada vez que entre ellos se producía un encuentro. "Como símbolo se buscó aplaudir el abrazo y el encuentro", dijo Inthamoussu.
Beatriz Argimón y la cantante Malena Muyala representaron a las mujeres destacadas que se suman a la causa. Estaba invitada a formar parte de la presentación Glenda Rondán, pero un quebranto de salud se lo impidió. La misma representación, con algunas variantes, se trasladará al Teatro de Verano, cuando le toque el turno a Serenata Africana en la ronda del concurso oficial.