Las 500 personas que viven en Jaureguiberry aseguran que el balneario es el "olvidado" de la Costa de Oro. No tienen farmacia, oficinas públicas ni un lugar donde pagar cuentas. Hay un policía y el destacamento de Bomberos está cerrado.
La característica principal de Jaureguiberry es el silencio. No hay motos con caños de escape libre ni automóviles con radios a todo volumen. Apenas se escucha, de vez en cuando, algunas voces.
Jaureguiberry está en el kilómetro 80 de la Ruta Interbalnearia y es el último balneario de la Costa de Oro. Metros antes de llegar a la entrada, la cartelería estática en la ruta ya anuncia que el viajante se acerca a Maldonado.
Publicidades de hoteles, casinos y comercios de ese departamento están visiblemente colocados sobre la Interbalnearia. Entre ellos, discretamente, está la señalización vial que marca la entrada del último balneario de Canelones. "Somos el hijo que nadie quiere reconocer", comentaron a El País miembros de la Liga de Fomento de Jaureguiberry.
Desde "siempre" la Liga ha funcionado como nexo entre las inquietudes vecinales y los organismos encargados de intentar solucionar los problemas del lugar.
Además de sentirse relegados, los vecinos de Jaureguiberry reconocen algunas carencias en la zona. Una de ellas, y a la cual ven como "prioritaria", es la falta de servicios y la poca frecuencia de transporte colectivo. Los lugareños que no tienen vehículo propio deben gastar $ 180 en boletos para ir a pagar las cuentas, comprar medicamentos o hacer un trámite. Es que en Jaureguiberry no hay una farmacia, un lugar donde pagar facturas ni oficinas estatales. "Ni siquiera tenemos dónde jugar un 5 de Oro o sacar una fotocopia", comentó la presidenta de la Liga, Ana Faedo.
Algunos vecinos han optado por caminar un kilómetro hasta el peaje y allí tomar un ómnibus cuyo boleto cuesta $ 31; otros caminan hasta la Ruta Interbalnearia, se toman un ómnibus y pagan $ 90 para ir hasta Cuchilla Alta, donde ahí sí funcionan varios servicios.
"En alta temporada hay frecuencias que llegan al kilómetro 80 entre seis y siete veces al día. Pero en marzo vuelven a la normalidad: ingresa entre tres y cuatro veces al día con horarios muy separados en el tiempo", aseguró el secretario de la Liga de Fomento, Rafael Muniz.
Una de las propuestas que está sobre la mesa, a pedido de los integrantes de la Liga, es que se instrumente un "carné de vecindad" para que les cobren $ 30 el boleto y no tengan que pagar como si fueran a Montevideo.
"La Intendencia de Canelones podría gestionarlo rápidamente y dar respuesta a un reclamo de larga data en la zona", agrega Muniz.
También piden que la Intendencia no entregue más terrenos para que los sindicatos formen sus campings.
Actualmente hay cinco: el de la Federación Uruguaya de Magisterio, el de los funcionarios del Puerto, los suboficiales navales, los funcionarios de Salud Pública del sector Siquiatría y la Federación Nacional de Profesores de Secundaria.
"Queremos dejar en claro que no tenemos nada contra ellos. Pero creemos que ya está, ya se aplicó un criterio solidario y no deberían darse más", afirman los representantes de los vecinos.
En cambio, sí verían "con buenos ojos" que la Intendencia exigiera una contrapartida por el uso de los predios. Es que los habitantes reclaman "a gritos" que se mantengan los escasos espacios públicos que hay en la zona y, según dicen, quedan pocas hectáreas porque varias se han "entregado" o "expropiado".
Los vecinos recuerdan una expropiación que fue "viciada de irregularidades" y temen que la experiencia vuelva a repetirse. "No tenemos ni siquiera una plaza y no queremos que se entreguen más los pocos terrenos públicos que quedan" protestan Elena Ramos, Jorge Acebedo y Esteban Ludzcanoff, también integrantes de la Liga.
Para apoyar sus dichos, exhibieron ante El País el plano de los predios públicos que habían en el balneario años atrás y los que van quedando ahora.
Los católicos del balneario van a misa todos los lunes a las 19 horas. La celebración no se realiza en una capilla porque tampoco hay. Una familia creyente ofreció su casa y ahí van los fieles y el sacerdote para celebrar la eucaristía todos los lunes. "No somos villa aún. Por ejemplo, tenemos comisaría. Pero es una realidad que nos faltan varias cosas", comenta resignado un vecino.
SEGURIDAD. En Jaureguiberry no todo es negativo. Los vecinos destacan la buena iluminación que hay a lo largo de toda la calle principal y el buen estado del bitumen. "Hace más de 50 años que tengo la casa acá y jamás tuvimos luz o bitumen. Ahora en ese sentido está todo en orden", comenta otro vecino.
La recolección de residuos, en tanto, es puntual para los desechos domiciliarios y hay otro servicio para la basura de la playa. Ambas se efectúan de manera correcta, según dicen los lugareños.
La cobertura de guardavidas durante el verano, también es señalada como altamente positiva. Hay tres puestos de vigilancia en las playas y cada uno tiene dos funcionarios de ese sector.
Si bien no son ajenos a los problemas de seguridad, dicen que "no se quejan" del servicio policial. Gracias a las gestiones de la Liga de Fomento hay un destacamento policial en el cual trabaja todos los días un policía. Además de ser un destacamento, el lugar funciona como casa del oficial. También tiene un cuatriciclo el cual utiliza para vigilar el balneario. "Anda siempre en él y lo ves pasar constantemente. Todo el día patrullando", agrega la presidenta Faedo.
A pesar de la efectividad policial, la semana pasada hubo siete robos en una sola noche. Una experiencia similar ocurrió el año anterior. En ese entonces también robaron en una sola noche siete casas.
Por otra parte, el cuartelillo de Bomberos -que como otros tantos fue un emprendimiento vecinal- hoy tiene las puertas cerradas. Los efectivos se trasladaron a una estación de Ancap ubicada en el kilómetro 70. Si bien están relativamente cerca, muchos vecinos dicen que estarían "más tranquilos" si continuaran en el destacamento. Es que en 2005 y 2007 el balneario sufrió dos incendios de grandes proporciones. El primero, destruyó 200 hectáreas.
El lugar donde funcionaba el destacamento será utilizado para una escuela, según la promesa oficial. Por este año, tal como sucedió en 2010, la escuela funcionará en una casa alquilada por la Administración Nacional de Educación Pública (Anep), en el lado Norte de la ruta. Se estima que en el balneario hay unos 60 niños y ya se inscribieron más de 30.
TURISMO. En verano Jaureguiberry es invadido por turistas. En su mayoría son uruguayos y argentinos. Los lugareños, incluso, se muestran sorprendidos por la cantidad de visitantes argentinos que buscan quedarse allí de manera definitiva.
Cuando se le pregunta a un extranjero, y también a los lugareños, por qué instalarse en un lugar alejado como Jaureguiberry, las respuestas son: "paz", "tranquilidad", "privacidad" y "aislamiento".
En 1936, Miguel Jaureguiberry compró terrenos y fundó el balneario. Según registros históricos, compró más de 1.000 hectáreas y 600 las forestó con pinos. El resto lo fraccionó como balneario. Quienes viven en Jaureguiberry dicen estar "orgullosos". Y aunque quieren mejorarlo, pretenden no perder la "esencia" del lugar que caracteriza a las 500 personas que decidieron hacer allí su vida.
Desde juegos, trámites, hasta una policlínica
Cuando un vecino de Jaureguiberry tiene algún problema, consulta o simplemente busca realizar alguna actividad recreativa acude a la Liga de Fomento.
Por allí pasa toda la vida social del balneario. También es el lugar donde se toman las decisiones importantes para quienes viven en Jaureguiberry. En el último tiempo, los miembros de la organización se han abocado, entre otras cosas, a ser un nexo entre vecinos y organismos estatales.
Trámites, autorizaciones y demás son gestionadas por los lugareños a través de ella.
La Liga se solventa con una cuota voluntaria de $ 300 al año. Y todas las decisiones se toman mediante una asamblea.
Según explican sus miembros, esto no significa que un reclamo propuesto por alguien que no es socio no sea atendido por la asamblea de vecinos.
La Comisión actual, que es presidida por Ana Faedo, está realizando gestiones para obtener un préstamo; para eso se está en contacto con el Ministerio de Transporte.
Según comentaron a El País los miembros de la Liga, necesitan unos US$ 12.000 para ampliar la locación ya que queda "chica". Es que allí se realizan varias actividades y funciona, por ejemplo, la policlínica del balneario.
"Fue hecha a pulmón vecinal. Allí se atiende dos veces por semana a varias personas. Y también se hacen muchísimas actividades sociales que congregan a decenas de residentes", comentó a El País Faedo.