Las escuelas cerraron, las oficinas gubernamentales enviaron a sus empleados a casa antes de la hora habitual y los aviones volvieron a quedar en tierra la pasada semana, en medio de una rutina ya casi familiar en la costa oriental de Estados Unidos, mientras una nueva tormenta de nieve se abatía contra una región ya golpeada por un invierno que ni siquiera ha llegado a la mitad. En el norte algunos bancos de nieve ya han alcanzado tales alturas que los conductores de vehículos no pueden ver con claridad al llegar a las esquinas. Miles de residentes perdieron servicio eléctrico a causa de la nieve acumulada en los tendidos de cables. El transporte público tuvo dificultades desde Tenesí hasta la Nueva Inglaterra, mientras los automóviles y autobuses resbalaban por las calles y las autopistas. Los aeropuertos de Nueva York, entre los más congestionados del país, cancelaron centenares de vuelos. AP