La familia Sáder festeja un siglo de actividad comercial en Punta del Este

Inmigrantes. Comenzaron con la instalación de un local de ramos generales

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PUNTA DEL ESTE | D. FRIEDMANN

Un país generoso con los inmigrantes y una familia emprendedora. Una combinación que se dio miles de veces en el Uruguay de inicios del 900. La diferencia con muchos otros es que los Sáder lograron continuidad: cumplen un siglo de actividad.

En 1909 la familia Sáder vivía en Beirut (Líbano). Eran propietarios de una sedería y comenzaron a tener dificultades por la presión de los turcos, que discriminaban a quienes eran católicos. Ese fue el motivo principal por el que Emilio Sáder, de 18 años, emigró a Uruguay junto a su padre Abdo y su hermano César.

Estuvieron poco tiempo en Montevideo. Viajaron a Pan de Azúcar y llegaron a Punta del Este. Se enamoraron del "pueblito" y en 1911 instalaron Casa Sáder, un comercio de ramos generales, ubicado en la calle 9 y 10, en un edificio que todavía existe. Vendían de todo: desde artículos de almacén hasta libros y automóviles.

Ya en ese entonces Punta del Este tenía una característica que se mantendría con las décadas: un "sello de calidad", dice Luis Sáder, el hijo mayor de Emilio, hoy codirector de inmobilaria Sáder junto a Florencia, su hija mayor.

"El balneario nació con una exigencia de calidad, de los argentinos que venían, eran gente muy poderosa y muy exigente. Pasaban veranos acá a inviernos en París. Mi tío vendía libros al equivalente de 10.000 dólares un libro. Y así nació el cliché de Punta del Este como cosa buena. A nadie se le ocurrió venir a hacer una casa mala o venir a traer un auto feo. Estamos hablando de principios de siglo. Fue tomando esa característica que lo distinguió de los demás balnearios", dice Luis (77) a El País.

A partir de 1915 el balneario comenzó a recibir más turistas. Y aunque el negocio principal de los Sáder no era el inmobilario, el ingreso a ese rubro se produjo naturalmente. Le pedían a Emilio que les consiguiera una casa en tal lugar o de determinadas características para el verano siguiente.

Luis nació en 1933 y unos 10 años más tarde comenzó a trabajar en la empresa. "En alguna medida se nos necesitaba en verano, dábamos una mano. Me gustaba que tenía una doble cualidad: poder disfrutar de Punta del Este, de los baños y de la pesca especialmente y además trabajar", recuerda.

Concretamente, Luis se dedicaba a repartir mercadería. Dice que no sentía que le impusieran trabajar sino que ir al negocio era natural. Era seguir el ejemplo de su madre, Luisa y de su tía Bacilia, dos hermanas Iturria que se casaron con los dos hermanos Sáder.

Para Luis, Uruguay fue "muy generoso" con su familia, como con muchos otros inmigrantes. "Venir una familia sin hablar el mismo idioma, a instalarse, a poner un comercio, a los pocos años construir un hotel. Eso habla de dos cosas: del espíritu emprendedor de la gente que vino y de lo generoso que era el país y que además permitía obtener préstamos, hacer cosas", afirma.

En 1950 el negocio inmobiliario comenzó a funcionar en un local pegado al edificio de Casa Sáder. Había llegado el momento de la especialización y Luis tomó la posta.

-¿Cómo era en ese entonces alquilar una casa?

-Era muy distinto a como es hoy. Era mucho más fácil porque era todo mucho más improvisado. La época era distinta, se confiaba en la palabra, se hacía todo de buena fe, tanto para los propietarios y para los inquilinos. Al principio no había ni contratos ni inventarios.

En esos años había unas 40 casas para alquilar en el balneario. Los arrendamientos se convenían de antemano, en ocasiones por teléfono y en otras por carta. Las familias vacacionaban dos meses como mínimo y llegaban con el personal. Los argentinos viajaban en "El vapor de la carrera" hasta Montevideo y luego tomaban el tren hasta Punta del Este. "Llegaba a las seis o siete de la tarde y medio balneario iba a recibirlos", recuerda Luis.

El balneario creció de la mano de empresarios como Pascual Gattás y Mauricio Litman y el arquitecto Antonio Bonet. Para Luis es el esfuerzo "de muchísima gente que tuvo la misma ilusión": que construir un sitio de categoría "valía la pena".

Luis también incursionó en la construcción. Junto a las inmobiliarias Paullier y Gattás, el estudio contable Luis Lecueder y los arquitectos Guillermo Gómez Platero y Rodolfo López Rey crearon Safema, que construyó edificios como los Malecón.

En 1961 la inmobiliaria Sáder se mudó a su actual ubicación de Gorlero y 30. Ahora cuentan con tres sucursales en Pinares, José Ignacio y una reciente en Maldonado. En la empresa trabajan 23 personas de forma permanente, a los que se suman uno o dos por verano.

"Todo esto parece muy fácil pero no. Está lleno de altibajos, de devaluaciones, de tablitas, verano caliente, revolución en Argentina. Cada una de esas cosas, ya sea económica o política, influía en el desarrollo de Punta del Este", señala Luis.

En 1973 cerró Casa Sáder. El modelo de negocio, sostiene Luis, había perimido, primero con los supermercados y luego con shoppings.

-¿Por qué cree que su empresa subsistió cuando otras no lo hicieron?

-Paciencia y las enseñanzas de nuestros padres. Ellos fueron un ejemplo de continuidad y de normas, de paciencia con la gente, de ser claros. Esas son las cosas que hacen que los negocios como el nuestro continúen. Como decía mi hija Florencia el otro día: "Vinimos para quedarnos".

Florencia regresó hace unos dos años de Estados Unidos y hoy codirige la inmobiliaria, un negocio que cambió desde aquellos comienzos en los años 50. "Se amplió el espectro. Antes eran unas pocas familias, ahora hay gente de todas partes del mundo que viene por períodos mucho más cortos. El negocio también cambió porque gran parte de lo que se hace ahora se hace por Internet. Es bien importante entonces que te tengan confianza", dice.

Justamente para ella la clave del negocio es la "confianza". "La inmobiliaria lo que brinda es un servicio, une a dos partes y la confianza de la gente es entonces fundamental. La confianza se generó con mi abuelo y su trato en el comercio de ramos generales. Mi padre ha sido siempre muy cuidadoso de mantener eso", comenta.

"Siempre dice que es preferible perder un negocio y no perder un cliente. Creo que eso es el valor agregado y lo que hace interesante que cumplamos 100 años", agrega.

Con la mirada al futuro

Con 77 años Luis Sáder no piensa aún retirarse. Está pendiente de los detalles del negocio y de que pueda "seguir creciendo". El próximo desafío es un fraccionamiento en Maldonado, dirigido especialmente a personas que se radican en el balneario. Y por más que lleva más de cinco décadas en lo inmobiliario le intriga lo que puede suceder. "Soy un curioso de lo que va a pasar", dice.

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