Un futuro a evitar

Pablo da Silveira

La discusión sobre los resultados de la prueba PISA ha devuelto actualidad al argumento preferido de los gremios docentes: no tiene sentido compararnos con países que gastan en educación mucho más que nosotros. Si Finlandia gasta el 8% del PBI en educación y Uruguay el 4,5%, no podemos aspirar a los mismos resultados.

Este argumento es falaz por varias razones, pero la principal es que se basa en un manejo tendencioso de la información. Es verdad que hay países que gastan más que nosotros y tienen mejores resultados, pero también se da la situación inversa. Y, cuando se analiza el conjunto, se descubre que la correlación es débil.

¿Por qué, en lugar de hablar de Finlandia, no hablamos de Honduras? Ese país centroamericano viene haciendo enormes esfuerzos en materia educativa. Entre 1990 y 2007, el gasto público en educación pasó del 5 al 8,6% del PBI. Como proporción del presupuesto nacional, el gasto educativo casi se duplicó en apenas 8 años (pasó del 17,3 en 1999 al 32,5% en 2007).

¿Cuáles fueron los resultados? Sencillamente deprimentes. En el año 2008 Honduras todavía tenía un 16% de analfabetos. El egreso del sexto grado de primaria apenas equivalía al 53% del ingreso (es decir, casi la mitad de los escolares queda por el camino). Entre los jóvenes en edad de asistir a la enseñanza media, apenas el 23% lo estaba haciendo. Los puntajes en pruebas estandarizadas en español y matemáticas no experimentan mejoras desde hace más de diez años.

Las pocas comparaciones internacionales que existen son catastróficas. En 1997, Honduras participó de una evaluación de aprendizajes que midió los resultados obtenidos en 11 países latinoamericanos. Los hondureños fueron los peores de todos. Sugestivamente, Honduras fue el único país que decidió no participar en la siguiente edición del estudio, realizada en 2006.

¿Cómo se explica semejante desastre? Básicamente, porque la enseñanza pública hondureña ha sido secuestrada por los gremios docentes. Tras una larga cadena de conflictos que hicieron perder muchísimos días de clase, los docentes hondureños consiguieron un régimen laboral especial (los Estatutos) que los convierte en una clase privilegiada. Sus ingresos mejoran como los de ningún otro grupo ocupacional.

Entre 2002 y 2006, los salarios de los empleados públicos no docentes se mantuvieron estables, como parte de los esfuerzos del gobierno por reducir el déficit fiscal. En ese mismo período, los salarios docentes subieron un 18% en términos reales. En el período 2007-2009, los salarios docentes se duplicaron en términos nominales, con un costo para el gobierno que osciló entre el 1 y el 1,5% del PBI. Un estudio del BID realizado en 2010 concluye que "el gasto educativo está concentrado principalmente en gastos de personal, sobre todo en salarios del personal docente". Mientras esos salarios se incrementaron espectacularmente en los últimos 8 años, "no ha aumentado el número de maestros contratados, no se han mejorado las condiciones de operación educativa y de infraestructura de las escuelas, ni tampoco se han construido más escuelas".

¿Será éste el futuro que nos espera?

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