TUCSON
AP, ANSA Y EL PAÍS DE MADRID
La representante norteamericana Gabrielle Giffords mejoró consistentemente desde que fue herida con un balazo en la cabeza el 8 de enero, y los médicos dicen que ya no está en estado crítico, sino grave.
La decisión de los médicos de cambiar la categorización del estado de la legisladora fue otra señal en su sorprendente recuperación. La mujer fue herida cuando un hombre abrió fuego mientras ella se reunía con electores en el estacionamiento de un supermercado de Tucson. Seis personas murieron y 13 resultaron heridas, incluyendo la congresista.
Giffords había estado en condición crítica desde el ataque, pero los médicos se habían mostrado positivos y a veces sorprendidos por sus avances. Ella respondió desde el momento en que llegó a la sala de emergencias, apretando la mano de un doctor. Posteriormente elevó dos dedos.
Pocas personas sobreviven un balazo en el cerebro -apenas 10%- y algunas terminan en estado vegetativo. Es aún más raro que heridos con balazos en la cabeza recuperen todas sus funciones.
Los médicos advirtieron que la magnitud total de la recuperación de Giffords es aún incierta.
La mujer abrió un ojo poco después de ser visitada por el presidente Barack Obama el miércoles pasado. A partir de entonces, más progresos -que los médicos dijeron que eran indicios de mejores funciones cognoscitivas- fueron conseguidos, todos con su esposo, el astronauta Mark Kelly, a su lado.
Kelly le pidió que señalase con el pulgar si podía orle. Ella lo hizo y para el final de la semana, estaba moviendo pies y manos.
Ayer fue operada para reducir la presión sanguínea en un ojo. La intervención salió bien y la mujer ya le sonríe a su marido desde la camilla.
Quien le salvó la vida. Un hombre fundamental en la recuperación de Giffords es Daniel Hernández, un chico de 20 años que la socorrió apenas le dispararon. Y que ayer contó su historia sobre los hechos.
Hernández trabaja en la oficina estatal de Arizona de la congresista Gabrielle Giffords y el día del ataque preparaba la reunión con los ciudadanos cuando oyó disparos.
"Vi a todo el mundo correr y a Gabby tirada en el suelo. Corrí hacia donde venían las balas", comentó. "Gabby yacía sobre su sangre, la levanté para que no se ahogara en ella y le sujeté la cabeza", agregó
Hernández no tiene formación médica, "sólo los conocimientos básicos de primeros auxilios", y aseguró que su éxito se debió a que mantuvo la calma. "Si me hubiera dejado llevar por el primer impulso, me habría tirado al suelo o hubiera salido corriendo", contó. "Hice lo que hubiera hecho cualquiera", dijo después.
Hernández es estudiante en la Universidad de Arizona y tiene pasta de político. Por ejemplo, no dice si la tragedia ocurrida ha cambiado o no su opinión sobre la tenencia de armas, y tampoco quiere hablar de la reforma migratoria, aunque apunta que su padre es norteamericano pero su madre es de México, "residente legal, con visado, pero que no es ciudadana de este país".
A pesar de haber representado en alguna ocasión a la comunidad homosexual de Tucson, desvía la respuesta y abre grandes horizontes cuando se le dice que si entrara en política sería uno de los pocos políticos que trabajan abiertamente como gays en Estados Unidos. Él asegura: "Ya he trabajado con muchos grupos empeñados en favor de la igualdad de oportunidades".