Fortalecer servicios sanitarios cuesta menos que una crisis

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Carlos Correa

Presidente de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), el organismo que regula el comercio de animales y subproductos; presidió la Comisión para las Américas e integró durante más de 20 años la delegación técnica de Uruguay ante el organismo.

Pablo Antúnez

-¿Cómo ve posicionado a Uruguay ante un mundo que requiere cada vez más alimentos sanos y de más alta calidad?

-En un mundo donde 1.000 millones de personas cambiarán de la clase pobre a la clase media y la demanda por proteínas aumentará 50%, Uruguay está muy bien posicionado, porque aún no alcanzó el techo de producción. Todavía hay mucho para desarrollar y crecer en un mundo que pide cada vez más calidad.

-¿Cómo visualiza ese futuro?

-Pronostico que de aquí a 20 años, si nuestros programas productivos y sanitarios se mantienen consolidados como hasta ahora, el país tendrá muchas ventajas comerciales. Para el gobierno uruguayo, más allá de los partidos, siempre la sanidad fue una política de Estado y eso está dando sus frutos. Lo mismo pasa con la trazabilidad obligatoria del ganado bovino, muchas naciones piden información porque quieren copiar el ejemplo uruguayo.

-¿Por qué la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) insiste en la necesidad de fortalecer y evaluar los servicios sanitarios de los países miembros?

-Es fundamental no sólo para lograr derrotar a una determinada enfermedad, como puede ser la fiebre aftosa (todavía hay 100 países en el mundo que la padecen), sino para poder brindar mayores garantías al momento de comercializar productos de origen animal. Los servicios veterinarios no sólo son los profesionales que trabajan para el Estado, también lo son los veterinarios privados. Unir esfuerzos permite consolidar un sistema de vigilancia epidemiológica que abarca toda la red de enfermedades de los animales y también su interacción con los humanos. Sabemos que el 80% de las nuevas enfermedades emergentes son zoonosis (se contagian a los humanos), por lo tanto hay una interfase entre los animales y el hombre.

-Uruguay fue uno de los primeros países en el mundo que realizó una evaluación de sus servicios veterinarios a través de la OIE. ¿Cuál fue la ventaja?

-Por razones presupuestales los servicios veterinarios de Uruguay enfrentaban un envejecimiento de su equipo técnico que estaba con un promedio de 56 años de edad y no se habían renovado. La evaluación nos ayudó a convencer a los sectores políticos sobre la necesidad y la urgencia de invertir en la incorporación de técnicos jóvenes. Hoy, la mezcla de experiencia con la fuerza de la juventud fue la combinación perfecta para dar mejores servicios a los usuarios y al país. Tras la evaluación, los servicios ganaderos lograron incorporar 200 cargos y están funcionando muy bien.

-Hay que convencer a los sectores políticos de invertir en este tipo de recursos cuando la sanidad del país es óptima y no esperar a convencerlos cuando aparece una epidemia. ¿Ese es el mensaje?

-Es fundamental hacerlo en tiempos de paz, cuando no hay crisis sanitarias. Se demostró a través de varios trabajos que el costo-beneficio de fortalecer a los servicios veterinarios y tenerlos bien fortalecidos, requiere mucha menos inversión que tener que salir a apagar incendios en los tiempos de crisis (ante una epidemia sanitaria).

-¿Cuál es la mejor herramienta para ganar mercados?

-Para mantener los mercados hay que contar con servicios veterinarios fuertes que ofrezcan las mayores garantías y ayudar a los países que puedan resultar una amenaza sanitaria para los demás. Ya nadie se acuerda de las epidemias de aftosa que padecimos en Uruguay (en 2000 y 2001), cuando la industria frigorífica estaba paralizada y no había ningún mercado abierto para la carne. Hay mucha gente que, a esta altura, se olvidó de eso.

-¿Para la OIE el gran desafío es lograr que se utilicen más sus normativas para solucionar diferendos comerciales?

-No todos los países aplican las normas de la OIE, muchas veces porque tienen sus propias normas y eso es difícil de cambiar. En los últimos años he visto que, cada vez más, los grupos de países regionales y a nivel individual, se alinean a las normativas democráticas que cada año - en París-, los 177 países miembros de la OIE votan y apoyan a través de sus delegados. Estamos convenciendo a los políticos y a los técnicos, sobre la importancia de que se adopten estas normas para evitar diferendos comerciales. Son una forma de evitar controversias comerciales que llevan mucho tiempo y perjuicios económicos.

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