Desde estas lejanas tierras uruguayas, hemos estado siguiendo paso a paso, las vicisitudes vividas por militares compatriotas encargados del mantenimiento de la paz en el norte del Congo.
Contingentes que actúan bajo mandato de las Naciones Unidas, protegiendo a miles de pobladores amenazados por una organización guerrillera que suele actuar en forma despiadada, matando o secuestrando a sus víctimas.
Corresponde destacar este esfuerzo de los "cascos azules" de Uruguay, pues se enmarca dentro de las mejores tradiciones del Ejército Nacional. Tradiciones que han cultivado en distintas épocas los efectivos de nuestras Fuerzas Armadas, en diversas funciones.
Desde las de custodia habitual de los actos electorales, hasta las de excepción, como fueron las desplegadas durante las inundaciones del año 1959 o el restablecimiento, pocos años después, de los servicios de energía eléctrica y teléfonos, cortados por un movimiento sindical descontrolado.
Sin olvidar su defensa de la democracia, cuando la sociedad uruguaya fue atacada por guerrilleros marxistas. Es sabido que luego de dicha defensa, mandos militares se aferraron al poder durante varios años violando de manera injustificable la Constitución. Pero ese lapso se cerró en 1984 y desde entonces la actuación de las tres fuerzas ha sido inobjetable. Al extremo de que hasta la actual intendenta comunista de Montevideo recientemente tuvo que acudir a ellos para higienizar la capital, privada de su limpieza por un desorden gremial.
Lo del Congo no es la primera instancia en que tropas uruguayas han intervenido en forma positiva, por mandato de la ONU, pero sí es la ocasión más reciente de apoyo a una causa noble.