GUSTAVO PENADÉS
A pesar del sostenido crecimiento de la riqueza durante los últimos seis años, ha aumentado la desigualdad entre los uruguayos. Para nosotros, lo más preocupante es que la sociedad ha dejado de mostrar la igualdad de oportunidades entre compatriotas, que fue una nota característica del Uruguay.
Hoy, quien ha nacido en un hogar pobre, no tiene las mismas posibilidades de acceso a trabajo de calidad y bien remunerado y, por tanto, a "ascender" socialmente, que las de quien pertenece a una familia de clase acomodada.
Además de estar obligados a combatir esa injusticia por razones morales, los nacionalistas lo estamos por un imperativo que nos ha distinguido a lo largo de la Historia y por imperativo de lo que determina la Declaración de Principios del Partido Nacional.
Ella dice que los blancos "Abogamos por un liberalismo igualitario y solidario, que elimine las diferencias entre los individuos derivadas de los orígenes sociales y su condición económica".
Y agrega que el Partido Nacional lucha por "La búsqueda permanente de la justicia como meta social básica, entendida como la igualdad de oportunidades de acceso a los bienes espirituales y materiales de esta época".
Es notorio que en filas del FA existe preocupación por esta situación que tiende a convertirse en un círculo vicioso de pobreza y exclusión social. Desde el Presidente Mujica hasta el ministro Lorenzo, han abundado las declaraciones que muestran esa preocupación y, también, el reconocimiento del fracaso en resolver el problema.
Son muchas las discrepancias que mantenemos con el gobierno y con el Frente Amplio en general. Pero, en este tema, nos une igual preocupación, porque todos entendemos que, además de la injusticia que encierra una sociedad fraccionada en la que unos tienen cada vez más y otros cada vez menos, ello implica un peligro de mayores dimensiones, pues los más desposeídos son fácil presa de cualquier crisis económica, que los conduzca inexorablemente a niveles de mayor miseria, marginación y exclusión social.
También todos coincidimos en señalar que uno de los factores que más generan desigualdad es la mala calidad de la enseñanza a la que acceden -cuando pueden hacerlo- los que menos tienen.
El gobierno del Presidente Mujica y el Frente Amplio en su conjunto son prisioneros del corporativismo de los gremios que controlan la enseñanza -ahora, desde los propios organismos de conducción- que sólo miran su propio ombligo e intereses, alejados totalmente de las necesidades de los alumnos.
Esa claudicación está en la raíz de su incapacidad para enfrentar y resolver las deficiencias en la enseñanza, que, repetimos, es causa principal de la desigualdad social que a todos angustia y avergüenza.
Si el Presidente Mujica decide romper ese muro de ineficiencia e injusticia, sabe que puede contar con toda nuestra ayuda. De lo contrario, será responsable de haber desperdiciado una oportunidad única de crecimiento económico y espíritu de colaboración de todos, que permitiría terminar con la inequidad de la desigualdad en aumento.