La odisea de sacar a Haití del polvo

A un año del terremoto. El país aún sufre las consecuencias del sismo y lucha por mejorar

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CAROLINA BELLOCQ

Este miércoles se cumple un año desde el instante en que la tierra tembló en Haití, tirando abajo edificios públicos y privados; destruyendo escuelas, aumentando la desesperanza y separando a las familias. Desde ese día y hasta hoy, cerca de un millón de personas viven en carpas. Las ONG y los organismos internacionales ponen los medios que tienen a su alcance para levantar al país de los escombros.

La tragedia comenzó en enero de 2010, pero las dificultades fueron incesantes desde entonces: en la temporada de lluvias hubo inundaciones; en la época de huracanes pasó Thomas; una epidemia de cólera acabó con la vida de 3.500 personas y contagió a más de 150.000; y los resultados de las elecciones fueron tan cuestionados que causaron incidentes sociales.

"En nuestro trabajo como voluntarios hemos tenido que enfrentar barreras", contó a El País Sofía San Cristóbal, uruguaya que está implementando el área de Comunicación Social de la ONG Un Techo Para Mi País (UTPMP) en Haití. Se refirió, fundamentalmente, al poco arraigo que tiene la cultura del voluntariado en el país, a los límites que fijan el idioma y la cultura, y a la problemática por la utilización de terrenos para la construcción.

Su compañero Alexander Kliwadenko, implementador y director social de UTPMP Haití, explicó por qué la reconstrucción, que definió como "la búsqueda de una solución habitacional a todos los que quedaron desplazados a raíz del terremoto", tuvo un comienzo tan lento.

"El problema principal de Haití son los terrenos (…). Las exigencias que se establecieron para comenzar a trabajar en el levantamiento de viviendas fueron muy estrictas: pidieron que los terrenos estuvieran en situación de legalidad absoluta. Y eso era un poco ilógico en una situación de emergencia, donde lo que hay que hacer es comenzar a construir para dar una solución rápida a una familia. Esto hace que, hasta el día de hoy, muchos sectores públicos de la ciudad sigan ocupados por personas que viven en carpas y que llevan un año en asentamientos".

"En Haití no existen las plazas -agregó San Cristóbal-. No hay lugares públicos donde no haya carpas, y todavía no hay una respuesta segura por parte del gobierno".

Kliwadenko comparó esta situación con la de Chile después del terremoto de febrero del año pasado, donde el gobierno dispuso terrenos municipales para la construcción de viviendas de emergencia, confiando en que luego encontrarían una solución definitiva. "Eso acá no se hizo y dificultó mucho el trabajo de las ONG", comentó. "Y la situación política del país, que es de incertidumbre, complejiza más el problema. De alguna manera, hemos tenido que repensarlo todo", agregó.

Una visión similar del manejo de la catástrofe tiene Francisco Otero, coordinador general de Médicos Sin Fronteras en Haití, que dijo a El País que su organización "deplora la lentitud de programas que se debían haber puesto en funcionamiento para que estas personas pudiesen tener unas mejores condiciones de vida (…). Aún hay gente que vive en condiciones extremadamente precarias de habitación, agua y saneamiento".

Estas condiciones facilitaron la propagación de la epidemia del cólera que, según datos del Ministerio de Salud haitiano, infestó a 157.000 personas. De éstas, 90.000 fueron atendidas en las instalaciones de Médicos Sin Fronteras.

¿DÓNDE ESTÁ EL DINERO? Algunos actores internacionales presentes en Haití se preguntan por el destino de las donaciones prometidas por los gobiernos cuando todavía se sentían las réplicas del terremoto. "Vemos que sumas importantes de dinero que han sido comprometidas por la comunidad internacional todavía no se han desbloqueado, sólo una quinta parte ha llegado a Haití", denunció, desde Médicos Sin Fronteras, Francisco Otero, quien reconoció que "esto seguramente se deba por varias razones, sobre todo de carácter político".

Efectivamente, el terremoto no sólo destruyó gran parte de Puerto Príncipe, sino que tiró abajo casi todas las instalaciones gubernamentales y acabó con la vida de dirigentes políticos y funcionarios estatales. Además de tener que atender sus propias problemáticas, los gobernantes se enfrentaron ante el desafío de conducir a un pueblo angustiado, a la necesidad de pensar políticas de reconstrucción, desde carpas donde no hay saneamiento, y a atender las urgencias de millones de personas que quedaron sin casa, perdieron familiares o contrajeron enfermedades.

"Hay un esfuerzo sobrehumano de gran parte de las autoridades del gobierno y de la comunidad internacional para poner en marcha todas estas cosas. Es un trabajo formidable cuyos resultados recién empiezan a verse un año después. Es cierto que si uno estuviera sin casa y sin empleo seguramente cada segundo que pasa generaría más ansiedad y angustia. Pero si uno lo mira más en perspectiva puede recordar que Estados Unidos demoró cinco años en reconstruir Nueva Orleans después del paso del huracán Katrina, y es el país más desarrollado del mundo". Esa es la visión de José Agustín Aguerre, gerente del Departamento de País para Haití del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Uruguayo y en el BID desde 2003, Aguerre coordina la acción del Banco para Haití y está al frente de una comisión de cerca de 70 personas -17 en Washington y cerca de 50 en el lugar de trabajo- que se dedica pura y exclusivamente a ese país, el más pobre y golpeado de América Latina.

El ingeniero explicó que en marzo, dos meses después del terremoto, países, organismos multilaterales y fundaciones se comprometieron donar dinero a Haití y se creó un fondo multidonante para canalizar estas donaciones. "Pero no toda la plata se pone a través del fondo multidonante: hay organismos, el BID entre ellos, que no ejecutan a través de ese mecanismo, sino que trabajan directamente con el gobierno. Por otra parte, es difícil calcular cuánto se desembolsó actualmente", comentó.

"Si se firma un contrato de donación de dinero para hacer una carretera, se compromete dinero. Pero eso aún no se ha transformado en una carretera porque hay que hacer los diseños, llamar a licitación, firmar el contrato, trabajar, y que la obra se termine. Cuando se compromete el dinero no se concreta la donación. Por eso creo que es injusto decir que los 5.000 millones de dólares que se comprometieron no se han transformado en obras, porque ni siquiera en el país más desarrollado del mundo eso se desembolsa en un día, y en Haití esto llevará un poco más de tiempo. Dicho todo esto, igual es entendible la angustia y la desesperación de la gente", concluyó.

A diferencia de las Organizaciones No Gubernamentales, que dependen de la financiación que puedan conseguir, el BID cuenta con un fondo especial de 2,2 billones de dólares adicionales de aquí a 2020, algo que se decidió en la asamblea global de gobernadores de la institución, en marzo de 2010. Este dinero, "fruto de una enorme generosidad y presencia de los países de América Latina en el rescate de Haití" -parte del capital del Banco y parte de lo que se recupera de préstamos-, permite a la organización trabajar con metas y proyectos a largo plazo, porque tiene la garantía de que cuenta con US$ 200 millones adicionales al año. "Eso cambia la forma en la que el Banco hace tradicionalmente su trabajo y eso ha sido muy bueno", comentó Aguerre, quien detalló las seis áreas en las que el BID enfoca sus proyectos para Haití: transporte y carreteras, agua y saneamiento, energía, agricultura, educación y desarrollo del sector privado.

"CONSTANCIA, PACIENCIA Y EMPUJE". Francisco Otero ve en Haití "una situación complicada", donde "la gente de a pie va perdiendo confianza. Vemos a la gente viviendo en las mismas condiciones que después del terremoto, a pesar de lo que se diga en los foros y en las reuniones de coordinación, que estaría bueno que no se quedaran solo en el nivel de coordinar sino que también trabajaran en cosas concretas para mejorar a esa población".

Desde UTPMP, Kliwadenko aseguró que la organización va a estar en Haití "hasta que se necesite", con el objetivo de involucrar a los actores del mismo país en su propia reconstrucción. "Este año hemos estado trabajando con haitianos, lo cual es muy novedoso porque la gran mayoría de las organizaciones que están acá tienen un modelo un poco más asistencialista (…). Nuestra idea es ir capacitando, ir entregando posibilidades, herramientas, para que en un corto plazo sean ellos mismos los que continúen desarrollando este proyecto en Haití", agregó.

La tarea de ayudar a los haitianos en su propia reconstrucción no es fácil, y en eso coincidieron los entrevistados. Aguerre, del BID, destacó por ejemplo que "hasta ahora no hubo capacidad privada de trabajo y empleo" en el país, algo que el Banco busca impulsar a través de uno de sus proyectos específicos para esta nación. El plan procura dar facilidades económicas, créditos e instrucción para la creación de nuevos emprendimientos, y fomenta la instalación de áreas de producción de compañías extranjeras en el país.

"Hoy en Haití hay miles de oportunidades porque el dinero empieza a entrar al país (…). Si ayudamos a formar pequeñitas empresas, echamos a andar un mecanismo que esperamos transforme la ausencia de clase media en una clase media resucitada. Es una oportunidad como nunca tuvo Haití", aseguró Aguerre.

Este uruguayo, encargado de gestionar los proyectos de ayuda, que el Banco Interamericano de Desarrollo implementa con el dinero de sus 26 naciones miembros, en el país más pobre de América, está convencido de que la labor que Haití tiene por delante "es un ejercicio de constancia, paciencia y empuje: siempre estás como volviendo a empezar. Pero de eso se trata el desarrollo, de empezar otra vez a la mañana siguiente".

Las cifras

2,2 Son los billones de dólares con los que el BID cuenta hasta 2020 para Haití.

1 Millón de personas viven en asentamientos en Haití desde hace casi un año.

CÓMO SE CANALIZAN las AYUDAS

LA ESTRATEGIA DEL BID

Perdonó US$ 487 millones de deuda y transformó el remanente en donación. En años anteriores ya había perdonado una deuda de cerca de US$ 500 millones.

Creó un fondo, de 2010 a 2020, para donar 200 millones de dólares adicionales todos los años, lo que en total serán 2,2 billones de dólares de donaciones.

Creó un equipo dedicado pura y exclusivamente a la tragedia de Haití.

En 2010 el Banco batió su récord histórico de desembolso en Haití: 180 millones de dólares.

Para manejar la emergencia implementó programas de vivienda, apoyo presupuestal y de apoyo a la lucha contra el cólera.

Entre sus seis áreas de trabajo a largo plazo se destaca la de educación, donde piensa invertir 250 millones de dólares y se compromete a buscar igual cantidad entre los demás socios que trabajan en el Banco.

EL TRABAJO DE UTPMP

En 2010 fue la organización que construyó más viviendas, 826, y para 2011 planea edificar 2.000.

Trabaja en una comunidad de 30.000 familias, con una intervención que parte por la construcción de viviendas transitorias de emergencia y luego se enfoca en programas de rehabilitación social y en la búsqueda del desarrollo más sustentable, con el objetivo de trabajar junto a los haitianos en la reconstrucción de su propio país.

MÉDICOS SIN FRONTERAS

La organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) mantiene siete hospitales y en 2010 destinó más de US$ 100 millones en la respuesta a la emergencia del terremoto. Espera gastar 13 millones de dólares más en la respuesta al cólera.

En 2010 unas 400.000 personas fueron atendidas en las instalaciones de MSF, donde se realizaron 17.000 operaciones quirúrgicas.

De los 157.000 casos de cólera anunciados por el Ministerio de Salud, más de 90.000 fueron tratados únicamente por MSF. Por esa epidemia murieron cerca de 3.500 personas.

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