LONDRES - O GLOBO
FERNANDO DUARTE
La estatuilla dorada en el estante y el respaldo incondicional de los hermanos Ethan y Joel Coen ciertamente fueron un elixir de confianza para Jeff Bridges en su más reciente película.
No obstante, el actor estadounidense admite haberse rascado la cabeza cuando recibió de la dupla de directores el guión de Temple de acero. Nada contra el hecho de que el film sea un remontaje del de 1969, pero sí por la misión de vestir botas de cowboy que en la versión original pertenecieron a un tal John Wayne, y justamente en un film en que éste recibiera su Oscar a mejor actor. "Siempre tengo o tendré tiempo para escuchar lo que Joel y Ethan tienen para decir, pero cuando mencionaron Temple de acero quedé un poco aprensivo. La impresión dejada por el Duke (Wayne) en el film original fue muy marcante. Fue un alivio cuando dijeron que iban a seguir la historia originalmente contada en el libro, bien diferente de la que fue a parar a las pantallas en 1969", explica Bridges, acomodado en un sillón del Hotel Claridge`s, en Londres, y emitiendo una carcajada gutural que es su marca registrada.
Sólo que el actual detentador del honor anual de la Academia (por Loco corazón, de 2009), que todavía hace suceso en el film Tron y anda por tapas y más tapas de revistas en Estados Unidos, tal vez fuese el único actor capaz de encarar la misión sin dar margen para muchos problemas en las comparaciones, por tener el mismo porte de oso de Wayne y por también estar en la casa de los 60 cuando hizo el film. Y los Coen con seguridad recordaron el éxito de su trabajo anterior con Bridges, El gran Lebowski (en el que Dude, el hippie desempleado interpretado por Bridges, se transformó en una figura de culto), a la hora de darle el papel.
"Ellos me conocen como ningún otro director y yo adoro trabajar con los Coen, que son verdaderos maestros en lo que hacen. Creo que esta barriga también ayudó un poco a la hora de interpretar al cazador de recompensas bebido y decadente", bromea el actor, golpeando en la protuberancia que marca la camisa blanca.
El personaje recuerda un poco al cantante country de Loco corazón, pero Bridges termina con esas preocupaciones ya en la primera escena en que aparece, con un testimonio en un juicio por homicidio en el Viejo Oeste americano. Es más impresionante aún en las escenas con Hailee Steinfeld, cuyos 14 años de edad en ningún momento parecen pesar en el papel de la hija de un hacendado asesinado que contrata al pistolero interpretado por Bridges para atrapar al matador.
"Tengo una hija un poco mayor que Hailee, entonces no fue difícil encontrar algo en común para conversar fuera de las filmaciones. Pero nuestro engranaje fue excelente ya en la primera escena que hicimos juntos. La muchachita va lejos", afirma él, con una guiñada hacia ella, que está presente en las rondas de entrevistas.
Al contrario de El gran Lebowski, no obstante, Bridges esta vez trabaja con los Coen sin necesitar preocuparse con el estado de la carrera. Tanto que en Londres también encuentra tiempo para discurrir sobre las aventuras en el mundo de la música. Después de la maratón de ensayos y "jam sessions" que marcó en Loco corazón, el actor le agarró el gusto por el micrófono, y la presencia del legendario productor de música country T-Burnett en el proyecto de un disco de material inédito es señal suficiente de credibilidad en su talento paralelo. "En verdad, el Oscar terminó ayudando más mi carrera musical que la cinematográfica", cuenta, refiriéndose al contrato con la grabadora Blue Note para editar un disco.
Bridges encontró también más receptividad para su trabajo filantrópico. Es patrocinador de una campaña contra la pobreza infantil en los Estados Unidos y contribuye con la Bridge School, fundación de asistencia a los niños con parálisis cerebral creada por el músico Neil Young. "La fama me ayuda a llamar la atención del público hacia problemas graves. En los Estados Unidos, un país rico, hay hoy 17 millones de niños sin comida suficiente, y es importante que se hable sobre eso".