Un muro separará a Grecia de Turquía

Bloqueo. La valla que construirá Atenas busca evitar el ingreso de inmigrantes ilegales

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ATENAS | EL PAÍS DE MADRID,

AFP Y ANSA

Grecia confirmó ayer que construirá una barrera de 12,5 kilómetros en la frontera con Turquía para detener la inmigración ilegal ignorando, de este modo, las reservas expresadas por Bruselas sobre el proyecto.

El ministro para la Protección del Ciudadano, Cristos Papoutsis, afirmó que Atenas intenta "instalar medios disuasivos para hacer frente a la inmigración ilegal" en la frontera con Turquía. Además criticó, sin nombrarlos, a los que a su juicio dan prueba de "hipocresía" criticando el proyecto tal vez, según expresó, con la intención de hacer de Grecia un centro de acogida a largo plazo para los inmigrantes clandestinos "que buscan llegar a otros países europeos".

El gobierno griego sorprendió a Bruselas con el anuncio de la construcción de la valla. A petición de Atenas, la Comisión desplegó, hace dos meses, unos 200 efectivos de la agencia Frontex para controlar esa zona fronteriza con Turquía y calcula que el flujo humano se logró reducir más de un 40%. Para Grecia eso no es suficiente. Bruselas responde que "muros o alambradas son medidas a corto plazo que no abordan de forma estructural la inmigración clandestina".

La frontera terrestre greco-turca son algo más de 200 kilómetros, casi en su totalidad limitados por la barrera natural del río Evros, patrullada por lanchas. Apenas 12,5 de ellos son tierra y esa lengua terrestre, convertida en un coladero, es la que Atenas pretende bloquear.

En 2010 unos 130.000 inmigrantes ilegales entraron en al Unión Europea a través de la fronteras terrestres y marítimas de Grecia, de los que más de 40.000 lo hicieron a través de la zona de Evros, según el gobierno heleno.

"Esa es la dura realidad y tenemos la obligación de abordarla", señaló el ministro Papoutsis. "Vamos a poner los medios para controlar el flujo de inmigrantes ilegales a lo largo de 12,5 kilómetros", agregó el funcionario .

La barrera se inspira en el modelo de la erigida por España en su frontera de Ceuta, con alambradas, cámaras térmicas y sensores de movimiento, según precisó el secretario de Estado de Inmigración, quien asegura que las obras comenzarán cuanto antes.

Las inmediatas reacciones críticas en Grecia han sido calificadas de hipócritas con el gobierno, que presiona a Bruselas para que redoble sus esfuerzos para alcanzar con Ankara un acuerdo de retorno por el que se comprometa a admitir a los inmigrantes clandestinos llegados a través de su territorio. El no hacerlo convierte a Turquía en un polo de atracción para ese tráfico, a lo que también contribuye el reforzamiento de los controles en la zona occidental (España) y central (Italia) del Mediterráneo.

Papoutsis, no obstante, mantiene que "las medidas no van dirigidas de ninguna manera contra Turquía, sino que facilitarán la cooperación para aplicar el acuerdo bilateral de repatriación".

Un portavoz de Cecilia Malmström, comisaria de Interior y responsable de las políticas de inmigración en la Unión Europa, asegura que "las negociaciones con Turquía siguen su curso", pero la realidad es que no hay fecha prevista para su conclusión.

"Los muros o alambradas son medidas a corto plazo que no abordan de forma estructural la inmigración clandestina", apunta el portavoz Michele Cercone. "Una buena gestión de las fronteras y de los flujos migratorios pasa por el diálogo con los países de origen y los países de tránsito", concluyó.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) urgió en varias oportunidades a Grecia en repetidas ocasiones para que su combate contra la inmigración ilegal no perjudique a los solicitantes de asilo, incluyendo afganos, iraquíes y somalíes, que con frecuencia buscan cruzar esta frontera.

Migración musulmana. Por otro lado ayer, un sondeo publicado por Le Monde de París, precisó que el 42% de los franceses y el 40% de los alemanes, creen que el islam es una "amenaza"; y otro 68% y 75%, respectivamente, manifiesta que esa "amenaza" es una consecuencia directa de la "mala integración social y cultural de los musulmanes".

El mismo sondeo señala que el 59% de los franceses rechaza que se utilice en público el velo islámico, y lo mismo le sucede a los alemanes pero en un porcentaje menor, solo del 32%.

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