Cuando el Frente Amplio asumió el gobierno el 1° de marzo de 2005 de la mano de Tabaré Vázquez, el número de funcionarios públicos alcanzaba los 231.270. y venía en franca disminución. Con todo, se seguía hablando de la pesada burocracia, del Estado gordo, mamotétrico e ineficiente.
Cinco años después -son cifras correspondientes al primer semestre de 2010 que pueden ser actualizadas en cualquier momento- la plantilla de funcionarios públicos registra el número de 256.490, lo que significa -ni más ni menos- que un aumento del orden de 25.220 nuevo empleados a cargo de las arcas del Estado, que se transformó en más gordo, mas mamotétrico y no más eficiente. Lógicamente que fue necesario recaudar más en materia de impuestos para hacer frente a esa realidad y el peso, una vez más, cayó sobre los contribuyentes.
Minga aquella frase del entonces ministro Astori de que el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas no tenía por objetivo recaudar más: era necesario recaudar mucho más para albergar a tantos miles de nuevos funcionarios. A ello hay que sumarle la existencia de 14.336 personas que trabajan con vínculos laborales con el Estado aunque no revisten la calidad de funcionarios públicos: son becarios, pasantes, gente con contrato de arrendamiento de obra y de servicios, o que tienen un contrato a término.
El récord, fue en los seis primeros meses del año 2010: nada menos que 8.333 estatales más se sumaron a la plantilla oficial. Eso no impide que el anterior gobierno y el actual se regodeen hablando de la Reforma del Estado, de convertirlo en un aparato menos oneroso y más eficiente, aunque en definitiva apuestan al viejo y popular clientelismo.