La continuidad es el principal desafío para la mandataria

Cambio de mando en Brasil. La mandataria deberá tejer alianzas para gobernar Su gabinete es similar al de Da Silva pero tiene sello propio La coyuntura invita a consolidar al país a nivel global

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Dilma Rousseff será la segunda mujer después de la india Indira Gandhi en hacerse cargo de una de las mayores democracias del mundo. No sólo enfrentará desafíos económicos y sociales, sino también la tarea de dirigir un gobierno "Lulista" sin Lula.

"Sustituir a Lula no será fácil, pero hacerlo en este momento es probablemente una de las tareas políticas más apasionantes que puedan existir en el mundo", escribía hace pocos días un analista británico.

Los expertos coinciden en que el período de gobierno que recién comienza tendrá una clara señal de continuidad, sobre todo después del anuncio del gabinete que colaborará con Dilma Rousseff, donde los secretarios clave del mandatario saliente se mantienen.

"En general, el gobierno de Dilma será una continuación del de Lula. Las cosas están funcionando, así que no hay razón para que ella haga muchos cambios en los grandes temas", opinó Alexandre Barros, analista de riesgo de Early Warning.

"Dilma es una incógnita política, pero lo que se puede decir ahora es que su gabinete tiene una presencia predominante de personas que participaron en el gobierno de Lula en funciones centrales. Es decir, la cara de su gabinete tiene la fisonomía del de Lula ", explicó el politólogo Ricardo Antunes.

Para él es un misterio cómo podrá funcionar "un gobierno de Lula, pero sin Lula". El hecho de que el Partido de los Trabajadores dirija 17 ministerios es, según Antunes, muestra del sello de Lula en el gobierno entrante, aunque Dilma incluyó a 9 mujeres en su gabinete, cuando el mandatario tenía tres.

Rui Tavares Maluf, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de San Pablo, coincide en que el gabinete de Rousseff será de continuidad, aunque aclara que la mandataria le añadió un perfil propio. "Aquí hay dos cosas; hombres probados en el gobierno de Lula, pero también hay caras nuevas, con un estilo más político que técnico. Es decir, Dilma apuesta por la prolongación de las exitosas políticas de Lula, pero buscará un modo personal de hacer gobierno", comentó.

En ese dirigir el gobierno la mandataria deberá tejer continuamente extenuantes alianzas y acuerdos, algo frecuente en el complejo panorama político brasileño, e imperativo en una coalición de gobierno formada por 10 partidos. Rousseff "tendrá que negociar mucho, tener mucha habilidad para tratar con partidos que no tienen posiciones definidas sino capacidad de negociación", estimó el historiador Michel Zaldan, de la Universidad Federal de Pernambuco.

Frente a quienes la consideran una sombra que seguirá los dictados del mandatario saliente están aquellos que creen que es erróneo pensar que Rousseff será una líder débil. Como muestra de esto sacan a relucir que, a pesar de no tener experiencia en cargos de representación popular, encabezó con habilidad la alianza en la transición, además de que quiere imponer su propia marca en economía y política exterior.

POLÍTICA ECONÓMICA. Lula le entregó el poder con la economía en pleno auge, con un crecimiento previsto de 7,5%, el desempleo en su nivel más bajo de la última década (cerca de 6%), y con una sólida presencia en el escenario internacional.

No obstante, los desafíos aparecen con nitidez en el horizonte: un tipo de cambio sobrevalorado que afecta al sector manufacturero, tasas de interés excesivamente altas adoptadas para contener la inflación y la ausencia de una política de desarrollo.

Rousseff dijo que ya tiene sus propias ideas sobre política económica y anunció una reducción del gasto y un retiro gradual de las medidas de estímulo fiscal. El ministro de Hacienda, Guido Mantega, aclaró que, en todo caso, las excepciones a la reducción de gastos serán algunas áreas prioritarias, como el programa social que da subsidios a familias pobres que envían a sus hijos al colegio.

"En lo económico veremos diferencias. Dilma mantendrá las políticas sociales de Lula, pero también promoverá la conversión de la asistencia para la promoción social. Y la única forma de hacerlo es con una economía que crezca en forma sostenible pero manteniendo un control de los gastos fiscales", señaló Tavares Maluf, de la Universidad de San Pablo.

De todas formas, los analistas sostienen que Rousseff enfrentará la presión de los sindicatos para que continúe el alto gasto público de los años recientes. "Yo no veo cambios en la política macroeconómica, que tantos dividendos ha dado en los últimos ocho años. Dilma es una economista pragmática. Sus retos importantes serán mantener la asistencia social, mejorar la educación, la salud y preparar la infraestructura para el Mundial de 2014", señaló el politólogo Geraldo Monteiro.

A nivel mundial todavía hay inestabilidad económica e incertidumbre, y Brasil puede aprovechar la nueva década para aumentar su papel como una de las grandes potencias emergentes. Tiene casi todo lo que se necesita para ello, incluso enormes yacimientos de petróleo y una fabulosa capacidad agrícola con los que financiar su definitivo despegue industrial. Cuenta, además, con una población convencida de que tiene la posibilidad de mejorar su vida y la de sus hijos al alcance de la mano.

Pero se sabe que este panorama tampoco alcanza para llegar al éxito, y la experiencia demuestra que, además de una buena coyuntura, hacen falta un gobierno que acierte y unos políticos comprometidos. Aquí también se juega la continuidad del "Lulismo".

"Si Dilma hace un buen mandato, será la candidata natural a la reelección", sentencia el analista político Ricardo Antunes. (EN BASE A AP, EL MERCURIO/GDA Y EL PAÍS DE MADRID)

Las cifras

7,5% Es el porcentaje estimado de crecimiento de la economía brasileña para el cierre del año 2010, según calculan los expertos.

6% Es el porcentaje de desempleo que hay actualmente en Brasil. La cifra registra la menor tasa de la última década.

¿Cuáles son los desafíos?

Dos de las mayores lacras sociales de Brasil contra las que se enfrentará Dilma Rousseff son el narcotráfico y la alta tasa de criminalidad. El experto Rui Tavares Maluf explicó que la mandataria "ha anunciado mano dura contra los grupos delictivos brasileños y una mayor cooperación y coordinación con las autoridades" de los países donde se origina el narcotráfico, que son principalmente Perú, Bolivia, Venezuela y Colombia. Para el analista Ricardo Antunes, a Rousseff le conviene "eliminar las causas estructurales del narcotráfico, porque en Brasil existe un amplio mercado de consumidores, una burguesía que depende del narcotráfico para sobrevivir, y además una corrupción donde están involucrados policías y políticos".

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