Luiz Lula da Silva lloró mucho, en su último día como presidente, y hasta abrió una botella de whisky para celebrar con sus colaboradores la salida del gobierno y el traspaso de mando a su sucesora, Dilma Rousseff, en una jornada colmada de emociones.
"Lula abrió un whisky, porque nadie es de hierro en un día como este", contó su jefe de asesores, Gilberto Carvalho, quien será el secretario general de la presidencia de Rousseff. "El presidente lloró mucho, estaba emocionado", dijo Carvalho.
Al salir del Congreso, rompió el protocolo y tomó contacto con la multitud que acompañó el traspaso del mando.
Dos horas después, Lula llegó a la Base Aérea Militar de Brasilia, acompañado por su esposa, Marisa Leticia Rocco, para abordar un avión de la Fuerza Aérea con destino a Sao Paulo, donde vivirá en su apartamento de Sao Bernardo do Campo, ubicado a 600 metros del sindicato de metalúrgicos, de donde surgió como dirigente. ANSA