CARLOS MAGGI
Bajo la apariencia de una pulseada más entre el gobierno y un sindicato, se da aquí y ahora, un encontrón de fondo entre dos filosofías políticas: el liberalismo y la servidumbre.
Miro qué está pasando y no siento ninguna alegría.
La situación de la enseñanza pública en secundaria se parece a un incendio donde los bomberos deciden, en lugar de intervenir, discutir sobre otros temas: impuestos, inversiones, neoliberalismo, destino final del capitalismo…
Nadie puede imaginar una mejor campaña publicitaria para la educación privada que este dramático desconcierto del cual son rehenes los niños de hogares humildes.
La enseñanza se divide entre instituciones privadas que dan clase y liceos públicos donde estudiar se suspende para atender a los detalles de la lucha de clases y demás figuras imaginarias, pertenecientes al museo de las ideologías fuera de uso.
El señor Guasco, representante de los docentes según prevé la ley, afirma:
"Si yo quiero un mercado que responda a los intereses del sistema capitalista, voy a querer determinada cosa, pero si yo quiero educar a los jóvenes en valores, en solidaridad, en justicia social, además de que aprendan, tendré que requerir una evaluación con otros parámetros".
Mientras haya mercado que responda a los intereses del sistema capitalista, el señor Guasco querrá otra cosa: educar en solidaridad y para ello el trabajo docente será interrumpido todas las veces que sea necesario para imponer esa pretensión. Tendremos pues, sucesivas generaciones en las cuales abundarán los pobres sin educación suficiente, debido a la solidaridad de los profesores.
Educar es adoctrinar y adoctrinar quiere decir inculcar determinadas ideas o creencias.
En cuanto a las creencias, los profesores tienen prohibido inculcar nada. "Todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay, pero el Estado no sostiene religión alguna" (art 5º). Es un modo constitucional breve y respetuoso, elegante, para imponer el laicismo en la enseñanza oficial.
Y con respecto a las ideas ¿El profesorado que goza de la libertad de cátedra, puede inculcar cualquier doctrina?
Por ejemplo: ¿puede un profesor nazi, inculcar los principios de su filosofía hitleriana?
Nadie contestará esta pregunta por la afirmativa. Lo cual engendra una segunda pregunta inevitable: si se puede destituir a un profesor por ser nazi ¿dónde está la norma en la cual se basará esa destitución?
Empezamos a sospechar que la formación de los educandos es algo más delicado que el trasiego de datos. Educar implica formar a los educandos; enaltecer la dignidad de cada uno haciéndole sentir que todos somos iguales ante la ley; que somos ciudadanos libres y fraternos integrados a una patria. Patria: algo parecido a tener un padre en común.
Es más: en una democracia es de necesidad preparar a los jóvenes para que participen en el gobierno, ejerciendo cargos políticos; votando en las elecciones nacionales o municipales; y ejerciendo la democracia directa en el caso de los plebiscitos.
Para disipar dudas, copio fragmentos de lo publicado en el boletín del sindicato de profesores de enseñanza secundaria. Como nota editorial, se enumeran los propósitos para el año 2012, a principios del 2011: "Los objetivos del año".
- "Este año, aunque truenen los neoliberales -antiguos o nuevos, conocidos o imprevisibles- deberemos seguir apuntando a cambiar la política económica y tributaria, por supuesto que en clave popular. Esto implica seguir insistiendo en que el Estado debe invertir en producción con valor agregado, en lugar de dejarlo todo -o casi todo- librado a la inversión privada directa, extranjera las más veces. Seguir combatiendo la extranjerización de la agropecuaria y las cadenas productivas conexas.
Seguir reclamando mayores impuestos al patrimonio, al consumo suntuario y a las rentas del capital, al tiempo que se eleva el mínimo no imponible del IRPF, se aumentan los deducibles, se crean más franjas, para que el impuesto sea más progresivo.
Seguir reclamando aumentos sustanciales en los salarios mínimos y las jubilaciones, al tiempo que se eliminan las AFAP… Este año, les guste o no a los señores del foro libertad y concordia (las minúsculas son a propósito) deberemos cumplir el objetivo de que se declare nula -como lo es desde su raíz- la ley de impunidad".
COMENTO: Las ideas expuestas no prestan especial atención a la preparación de los estudiantes según los programas previstos, las miras de Fenapes se dirigen a lucha política para cambiar la realidad. Evidentemente, la labor docente no es su principal trabajo. Y los resultados de su trabajo así lo confirman.
Es como si los diputados intentarán enseñar matemáticas, artes plásticas, en vez de preocuparse por la realidad.
Los profesores agentes de una acción indirecta (hacer buenos ciudadanos) eligieron la acción directa de cambiar la realidad, destruir el sistema capitalista.
Pablo Mieres intuyó la irregularidad de este desenfoque, vio que había incompatibilidad entre el ánimo de los docentes y la labor exigida por la función de su cargo.
Dijo Mieres:
- "Que una corporación se proponga regir un área de la sociedad, es una idea fascista. Al no permitir ningún cambio, promueven un incremento de las desigualdades. Si defender las desigualdades no es de derecha…" (Hasta aquí Pablo Mieres, El País, 23/11/11).
COMENTO: ¿Esa doctrina utópica contraria a la estructura de nuestra sociedad, es compatible con los deberes que impone la forma republicana prevista por la Constitución?
El artículo 72 dice: "La enumeración de… DEBERES… hecha por la Constitución, no excluye los otros (deberes) … que se derivan de la forma republicana de gobierno".
Un deber entre los que se derivan de la forma republicana del gobierno, es la enseñanza obligatoria; educar a los jóvenes para que sean buenos ciudadanos. Eso impide cambiar "la función docente" y hacer de ella una palanca para destruir el sistema.
Los profesores contrarios al capitalismo, tienen derecho a actuar como piensan, pero no, en los liceos públicos.
Dentro de nuestro sistema no es posible que los institutos oficiales se encarguen de la apología de regímenes autoritarios o totalitarios, como los que subsisten en Cuba o en Corea del Norte o como lo fue la Unión Soviética. En nuestros liceos como sucede en nuestras escuelas, es obligatorio defender la forma republicana y la libertad.
Solo la pasividad grotesca de las autoridades de la enseñanza dejó crecer un disparate tan "abzurdo".
Ese es el punto invisible de la confrontación actual, en enseñanza secundaria.
El sindicato no toma medidas de fuerza para mejorar la situación de los profesores; al revés, el sindicato empeora la situación de los profesores y aniquila generaciones de jóvenes, para lograr cambios políticos irremisiblemente viejos, ridículos para cualquier marxista evolucionado.