Hacer fortuna sin abandonar la emoción

EDUARDO COSTANTINI. A pocos días de inaugurar el complejo "Las Garzas" en Rocha | Eduardo Costantini. Está satisfecho con la experiencia de invertir en Uruguay, salvo por la no concreción del puente sobre la Laguna Garzón Le propusieron invertir en el Hotel San Rafael

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ROCHA | DÉBORAH FRIEDMANN

"Todo lo que elijo es algo que a mí me emociona, me gusta y es algo que haría para mí. Y realmente lo hago para mí un poco. Lo comparto con todos lo que me acompañan", dice el empresario argentino Eduardo Costantini.

Eso se aplica para elegir el terreno de 240 hectáreas en Garzón (Rocha), donde el próximo sábado inaugurará el desarrollo inmobilario "Las Garzas," o para comprar una obra de arte para su colección, destinada al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, el Malba.

Pero no todo es emoción. Valores de su familia, pasión por estudiar, inteligencia, talento, intuición, saber aprender de los fracasos y encontrarse con uno mismo completan los atributos que el propio Eduardo Costantini señala como claves para el desarrollo de su carrera.

Una trayectoria que lo encuentra hoy, a los 64 años, como uno de los empresarios más exitosos de Argentina. Una fortuna que forjó desde abajo -comenzó vendiendo bufandas mientras estudiaba Economía-, historia que probablemente explique su sencillez en el trato y su respeto por el tiempo y el trabajo de los demás.

"Lo que nos dieron nuestros padres, lo que nos inculcaron y lo que yo bebí de ellos en el día a día fueron los valores. Mi padre era una persona apasionada de su trabajo y siempre hablaba en términos de filosofía de vida. El me decía: `Los hombres pasan pero las instituciones quedan`; `El movimiento se demuestra andando` y transmitía la importancia de la honestidad, del estar ocupado en algo que a uno le entusiasma, de tratar en todo caso de mejorar los ingresos pero no recortar los gastos de las familias", dice Costantini a El País.

Esa filosofía práctica tenía también, en su familia, una especie de mandato: cada uno tenía que estar al nivel de su capacidad. La gente que realmente es inteligente debía hacer su mayor esfuerzo para realizar proyectos, no importa cuáles, que estuvieran a la altura de su inteligencia.

-En ese contexto, ¿cómo decidió dedicarse a las inversiones?

-Yo más que nada elegí una carrera. Me gustaba la ciencia, aprender, y elegí seguir la ciencia económica también por su costado social y político. A medida que fui realizando esa carrera, también por necesidades económicas, fui tomando decisiones. Decisiones de carrera primero, trabajando para el sector privado y luego buscando mi futuro, terminé independizándome y especializándome en dos sectores: el sector financiero y el sector inmobiliario como desarrollador. Y me he mantenido en esas dos esferas a través de esos 44 años.

Esas dos esferas lo tienen al frente de Consultatio, grupo especializado en administrar e invertir excedentes de liquidez propios y de terceros, que incluye al complejo Nordelta, una "ciudad satélite" en Tigre.

Costantini evita hablar de recetas para su éxito en las inversiones, pero sí reconoce lo que varios especialistas destacan: su paciencia en tiempos de crisis. Prefiere referirse a oportunidades, habilidad y hasta genialidad en vez de contar un gran negocio, aunque tenga varios en su historial. Por ejemplo, en la década de los 80 compró por 2 millones de dólares el 20% del Banco Francés. En 1995, pocos meses antes de la crisis del Tequila, vendió su participación al BBVA. En ese momento el banco valía más de 1.000 millones de dólares.

Más allá de las características que se mantienen a través de las décadas, lo que sí cambia con el tiempo a la hora de hacer negocios es la adrenalina. Costantini admite que ya no siente la misma sensación sino una diferente. ¿El motivo? Se protege más y arriesga menos que cuando recién comenzaba, donde apostaba lo poco que tenía, no sólo en términos monetarios sino profesionales.

Así como él tomó varios valores de su familia en su juventud, sí tiene un consejo para quienes recién empiezan: "ser uno mismo, aprender del otro y de los libros, pero en definitiva encontrarse a uno mismo".

Ese ser uno mismo es para Costantini autoanalizarse en las fortalezas, debilidades e inclinaciones en contraposición a mandatos que uno puede tener de la sociedad, de los padres, de los amigos y hasta de las carreras que están de moda.

La clave, insiste, es hacer su propio camino, experiencia e identidad. "Así como en el mundo del arte, los artistas valiosos son aquellos que crearon nuevas corrientes, que se pensaban a sí mismos y encontraron una nueva ventana en el arte, en todas las disciplinas, Medicina, Física, si uno estudia historia de la humanidad aquellos que descubrieron cosas nuevas son aquellos que efectivamente tienen un valor histórico. Tanto es así que el joven tiene que pensarse a sí mismo, mantener su propia impronta, y a partir de eso ver en que es bueno cada uno, en qué no, aceptar las limitaciones y manejarse en esas situaciones", destaca.

LAS GARZAS. Desde hace más de 40 años Costantini viene a Punta del Este. Siempre amó el mar. Primero aprendió windsurf, luego kitesurf, deporte que le dio un gran susto cuando sufrió en 2003 en Tigre un accidente que lo dejó internado en coma y con múltiples fracturas. De todos modos, su pasión se mantiene. "Vivo en el mar cuando hay viento. Lo miro y sé de dónde sopla, cuánto sopla. Me gusta mucho la naturaleza, la costa uruguaya es espectacular y así terminé en `Las Garzas`, porque yo siempre sigo el mar", dice.

Las Garzas es el complejo de 240 hectáreas, ubicado en el kilómetro 208 de la ruta 10, que se inaugura el sábado próximo. El terreno tiene listos los caminos de acceso y la demarcación de los lotes. Además, está habilitado el Beach Club, donde funciona el restaurante "La Olada", una amplia sala de estar y de juegos, un gimnasio, salas de masajes y sauna. También están listas dos piscinas: una para adultos y otra para niños.

-¿Cómo evalúa la experiencia de invertir en Uruguay?

-En general siempre me ha ido bien en negocios inmobiliarios pero que no eran un desarrollo sino que eran haber comprando tierras y haberlas revendido. Esta es la primera vez que compro tierras y hacemos un desarrollo. Y este desarrollo en el fondo se hizo en base a la posibilidad de aprobar un master plan para "Las Garzas" y construir el puente sobre la Laguna Garzón. Esa fue una condición que nosotros teníamos para invertir. La inversión global van a ser 60 millones de dólares, más todas las casas que se hagan. Se hizo un convenio con el Ministerio de Obras Públicas y con ambas Intendencias, Rocha y Maldonado, y después, en realidad, el diablo metió la cola en algún momento y todavía estamos con el trámite de aprobación del estudio de impacto ambiental.

-¿Sigue en la Dinama?

-Que yo sepa sí, sigue en la Dinama. El Ministerio presentó una ampliación del estudio de impacto ambiental en febrero pero al día de hoy no hay una respuesta oficial.

-¿Y usted cómo observa eso?

-La verdad es que yo jamás pensé que hubiera una traba para el puente, porque evidentemente el puente tiene un impacto ambiental mínimo. La discusión de fondo es el grado de urbanización del departamento de Rocha, para lo cual este departamento ha aprobado una nueva ley de reordenamiento territorial que fija parámetros muy restrictivos y ejemplares del nivel de urbanización que puede realizarse en esta franja donde está situada "Las Garzas". Esta ley le da respuestas, entiendo yo, a las preocupaciones de la Dinama. Hoy no hay ningún motivo, entiendo, para impedir la construcción del puente.

-Si la respuesta final es negativa, ¿cambiaría algo?

-Esto ya está terminado. No cambiaría nada. A "Las Garzas" ya lo estamos inaugurando.

"Las Garzas" consta de 470 terrenos. De ellos, se vendieron 120. La primera casa ya está en obra y el propio Costantini tendrá ahí la suya. En estos días, propietarios se acercan a conocer el Beach Club, comer en el restaurante o caminar y disfrutar del paisaje. El flujo de interesados por conocer el lugar e invertir es constante.

El empresario dice que el porcentaje comercializado indica que las ventas "vienen muy bien. Tenemos fondos líquidos excedentes y tenemos mucha paciencia. Es una tierra muy bien ubicada, estratégicamente, con casi 2 kilómetros de costa. Es muy lindo, soñado, el lugar".

La localización es clave para todos sus proyectos. Por ahora no tiene decidido nuevos emprendimientos en Uruguay, aunque admite que le plantearon la posibilidad de invertir en el Hotel San Rafael. "Me lo han presentado. Pero ahí hay un tema de permisos. Hasta que no se aclare que es lo que se puede hacer es muy difícil hablar de un interés. La localización es muy buena, es una propiedad magnífica, pero hay que ver que es lo que el departamento permite hacer".

el arte. Además de la faceta empresarial, Costantini es reconocido mundialmente como coleccionista de arte. Cuenta que de muy joven tuvo una propensión a coleccionar. Primero palomas, luego estampillas y finalmente se volcó a las pinturas y empezó a comprarlas.

"Al comienzo, dos cuadros adquiridos en una galería de Acassuso que ya no existe; luego otros más y, con el correr de los años, el nacimiento de una colección. Con ella, se fortaleció en mí la conciencia de coleccionista y de la función social que el proyecto podía adquirir: construiría una colección de arte latinoamericano para ayudar a promover y a difundir nuestros valores culturales en la Argentina y en el exterior", cuenta Costantini en la página del Malba.

Ese propósito comenzó a concretarse en 1996, cuando la colección fue solicitada por primera vez para ser exhibida por el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Luego le siguieron muestras en Uruguay, Brasil y España.

Primero pensó en donarlas a un museo existente, pero a fines de 1998 la disponibilidad de un terreno le hizo pensar en construir un museo.

Para diseñarlo organizó una convocatoria mundial en el marco de la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires. Se presentaron 450 propuestas de 45 países. El primer premio fue para tres jóvenes arquitectos argentinos: Gastón Atelman, Martín Fourcade y Alfredo Tapia.

El Malba es la obra de Costantini que concibió, según sus propias palabras, para que se prolongara a través del tiempo, trascendiendo su muerte, en manos de la comunidad. Probablemente, influido por aquellas palabras que le decía su padre: "Los hombres pasan pero las instituciones quedan".

Después de definido el edificio le siguió la elección del formato: el Malba es un museo-centro cultural, que cuenta además de la exhibición con programas de literatura, educación, cine y artes visuales. "Y a la acción mía como coleccionista que sin duda sigue, porque la colección se va actualizando de alguna forma", dice.

-¿Cómo elige las obras que continúa comprando?

-Primero, una obra a uno lo tiene que emocionar, pero al mismo tiempo tiene que tratar de interpretar el valor histórico que tiene. El arte moderno -que es el foco de la colección en un comienzo, luego siguió con el arte contemporáneo y postcontemporáneo- es un arte de vanguardia, empezando por Picasso. Son todos los `ismos` desde la primer década del siglo XX, y todas las escuelas fueron innovadoras. Entonces, trato de comprar en la medida que puedo, de los artistas importantes sus mejores obras.

De esas compras tiene numerosas anécdotas. Por ejemplo, cuando pretendía comprar "Calle de Nueva York" de Joaquín Torres García, calculó mal la secuencia del remate. Pensó que iban a tardar 20 minutos o media hora y se fue a comprar un refresco. Cuando volvió, la habían vendido. Tuvo que recomprarla al marchand. "Me salió 50.000 dólares la Coca-Cola esa", recuerda.

En pocas Líneas

Un economista con influencia familiar

Nació en Buenos Aires el 17 de septiembre de 1946. Está casado con la brasileña Clarice Oliveira Tavares, su tercer esposa, y tiene seis hijos. Es licenciado en Economía de la Universidad Católica Argentina, con un master en Economía en Inglaterra. Su padre era abogado y contador y lo influenció notoriamente.

Empresario, inversor y coleccionista de arte

Costantini está al frente de Consultatio, grupo que se focaliza en los mercados financieros e inmobilarios. Es además creador del Museo Latinoamericano de Arte de Buenos Aires, el Malba, institución que creó y a la que donó su propia colección de obras.

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