Sebastián Da Silva
Si fuera por los números el gobierno debería festejar con bombos y platillos. La bonanza internacional sigue buscando estas latitudes y no hay quien pare el crecimiento.
Pocas administraciones en la historia tuvieron tanta pero tanta suerte, y a pesar de la fortuna no veo en los gobernantes un semblante descontraído sino todo lo contrario.
Mujica debutó en la Presidencia con todo a favor, el viento de cola en materia económica, una oposición en principio más abierta al diálogo, armonía con sus socios sindicalistas y por si fuera poco un Mundial de fútbol exitoso que unió a los uruguayos en el optimismo.
Un escenario perfecto para capitalizarlo políticamente, para aprovecharlo con agilidad en materia legislativa, en promover acuerdos nacionales, en ampliar la base de apoyo de temas no necesariamente gratos para la izquierda pero necesarios para el país o simplemente a favor de su figura. Nada de esto pasó, sino que una vez que se escuchó el sonido del silbato del partido Uruguay-Alemania, se despertaron todas y cada una de las pesadillas de un presidente.
Marchas, amenazas de piquetes, huelgas, paros, reclamos. Juntaron en una tormenta perfecta la discusión presupuestal y su andanada de reivindicaciones con la discusión de los consejos de salarios. La metodología fue sistemática, cada vez que el Presidente hablaba en la radio, saltaba un nuevo reclamo y así sucesivamente se sumaron paros generales y la absurda paradoja de tener la mayor fiereza en los sindicatos de salarios más acomodados como son los bancarios, los municipales o los anestesistas. El país en una situación de caos y una lógica de nuevos ricos deambulando desde los pasillos ministeriales hasta la sede del Pit -Cnt.
Como todos los años no tendrán la franquicia del 2010, a uno le cabe preguntarse si en vez de preocuparse por la gala de Julio Bocca, Mujica tendría que negociar las condiciones del Plan Brady ¿que haría?. Si en vez de pelearse con Lorier y su baracutanga, se le rompiera una coalición ¿a dónde iríamos? Si en vez de preocuparse por la basura de Montevideo, enfrentáramos una corrida bancaria con el 50% de retiros, o si en vez de anunciar la reforma estatal tendría que reincorporar a miles de funcionaros destituidos por la dictadura.
En definitiva problemas típicos de la tarea gubernativa, que lamentablemente nos ha tocado vivir a todos y que hoy creo que no se recuerda cabalmente. Tres conflictos mediocres pusieron en vilo al gobierno; no fue ni la aftosa, ni una devaluación, ni una medida fiscal para poder hacer frente al pago de salarios y jubilaciones. Fueron tres medidas que amenazan con reiterarse si la lógica gubernativa sigue siendo la de tratar a los temas nacionales como si se discutiera en un comité de base.
Soy de los que creo que estamos frente a la oportunidad de nuestras vidas, Uruguay puede en poco tiempo colocarse en una posición de privilegio. Hoy como nunca el mundo implora comprar nuestros productos y paga bien, por tanto para un año que seguramente no será tan espectacular como el que termina, hay que terminar de gobernar en asamblea, y pasar de la radio a la acción.