El año que viene

María Julia Pou

Cuando faltan pocos días para que termine este año nos provoca el hacer una rápida mirada retrospectiva para luego poder mirar hacia el porvenir o, como nos gusta más decir, el "porhacer" para el año 2011.

Los uruguayos tuvimos este año una enorme y poco frecuente alegría -con una justificada dosis de orgullo- cuando nuestros deportistas mostraron ante el mundo un equipo capaz de realizar una hazaña en la cual casi nadie creía: estuvimos entre los cuatro mejores equipos del mundo y desde Sudáfrica los muchachos nos enviaron un mensaje de coraje, disciplina, y responsabilidad individual y colectiva en la tarea.

Fue un momento único en que todo el país estaba detrás de una misma causa y a todos nos gustó saber que en esta sociedad fragmentada todavía pueden aparecer comunes denominadores que nos hermanen en el esfuerzo primero y la satisfacción después.

Mirando desde el punto de vista material, nuestro país ha seguido creciendo, precios de "commodities" mediante, y con una sensación de mayor bienestar para una parte importante de la población y de una enorme cantidad de comerciantes que han sabido aprovechar la época de bonanza. Hasta aquí todo parecería andar razonablemente bien. Pero… siempre hay peros.

En dos temas esenciales nuestra sociedad está mal pero iremos peor si no hacemos lo que hay que hacer. La seguridad -la inseguridad- ha sido un flagelo que ha afectado a todos los habitantes del país y no se vislumbra por ahora un golpe de timón que augure una corrección en el rumbo. ¿Será tan difícil desideologizar el tema y proceder con mano firme -sin temerle a esta expresión- a ordenar las ideas y luego proceder sin demora a marcar el rumbo que se considere más adecuado? Si se pudo poner orden en Nueva York, cómo no vamos a poder convertir a nuestro pequeño y gran país en un lugar seguro para vivir… Como un aporte para esta discusión nos parece importante señalar que gobernar se parece bastante a educar y en esa tarea muchas veces se debe recurrir a medidas disciplinarias, que al final dan -en la mayoría de los casos- el resultado esperado de una conducta corregida.

El segundo aspecto en el que los uruguayos estamos mal y vamos peor es en el de la educación. Más asignación presupuestal pero con resultados ampliamente insatisfactorios. Y no se trata solamente que las mediciones PISA nos muevan en el ranking en forma descendente sino que allí se refleja lo que nuestras estadísticas ya nos habían adelantado: índices altísimos de repetición, abandono y deserción liceal de proporciones alarmantes, magros resultados en general. Y aquí nos atrevemos a decir que en estos dos temas hay un común denominador y es que como país hemos abandonado hace algún tiempo el espíritu de excelencia que nos caracterizó durante buena parte de nuestra historia. El espíritu de los futbolistas celestes en Sudáfrica es un buen ejemplo a seguir…

Hay algo que parece evidente: no podemos seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes… Hagamos algo nuevo en el 2011 para así poder esperar mejoras el año próximo…

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