GUILLERMO ZAPIOLA
De algún modo, es un desenlace largamente anunciado. El cineasta iraní Jafar Panahi ha sido condenado a seis años de prisión y veinte años de inhabilitación de sus derechos básicos como consecuencia de su oposición al gobierno de su país.
La condena de Panahi, autor de algunos films claves del cine de su país como El globo blanco (1995), El espejo (1997), El círculo (2000) y Offside (2006), no ha sido la única emitida por los tribunales contra un cineasta iraní. Mohammad Rasulov, colaborador de Panahi en el film que éste realizaba antes de su detención, fue condenado a una pena similar. Por otra parte, Mohammad Nourizad, otro cineasta disidente, está cumpliendo una sentencia de tres años y medio por "diseminar propaganda contra el gobierno e insultar a líderes del país".
"Panahi ha sido sentenciado a seis años de prisión por un delito de reunión y propaganda contra el sistema", explicó a la prensa Farideh Gheirat, abogada del cineasta condenado, quien agregó que sus derechos sociales, que incluyen el rodar películas, escribir guiones, viajar al extranjero y dar entrevistas a medios nacionales y extranjeros, le fueron retirados durante 20 años. La abogada anunció igualmente que apelaría la sentencia.
La condena a Panahi se inscribe en un panorama más amplio, y constituye el episodio más reciente de toda una serie de acontecimientos. El 30 de julio del año pasado fue arrestado en el cementerio Beheshte Zahra de Teherán, durante un acto de homenaje a los muertos en las protestas por los resultados de las elecciones del 12 de junio anterior, que mantuvieron en su puesto al presidente Ahmadinejad y que la oposición denunció como fraudulentas. En ese momento fueron detenidas también detenidas su esposa y su hija, y la documentalista Mahnaz Mohammadi, otra crítica del régimen iraní.
Panahi había sido puesto en libertad provisional en mayo pasado, tras realizar una huelga de hambre para protestar contra las condiciones de su cautiverio. En ese momento, el ministerio iraní de Cultura había explicado que la detención del cineasta estaba relacionada con el hecho de que el director "preparaba una película contra el régimen sobre los acontecimientos postelectorales", un extremo que entonces Panahi desmintió pero que acaso no era falso. Sea como sea, el largo brazo de la ley iraní parece haberlo alcanzado finalmente.
El dato es, empero, apenas uno más en medio de un panorama cultural donde hasta hace diez años o menos se estaba haciendo el mejor cine del mundo o casi (los films culminantes de Kiarostami, Makh- malbaf, Majid Majidi o el propio Panahi) y hoy parecen promoverse en cambio, desde esferas oficiales, únicamente el conformismo y la adhesión al régimen.
Los creadores más valiosos se encuentran silenciados o en una suerte de semiexilio (Kiarostami realizó con capitales occidentales su última película, Copie conforme, que no se ha exhibido aún en Irán; Makh-malbaf, que una vez fue considerado un héroe de la Revolución Islámica y fue torturado en las mazmorras del régimen del Shah, trabaja hoy entre Afganistán y París, y los ayatollahs ven con muy malos ojos lo que está haciendo). En los últimos meses, Irán ha detenido a más de ochenta activistas y figuras políticas acusadas de fomentar el descontento contra el gobierno, sentenciándolos a condenas que van desde seis meses a quince años en prisión, y en algún caso la pena de muerte.
El cine de Panahi resulta, al parecer, particularmente molesto para las autoridades a cargo, quizás porque se ocupa fundamentalmente de la situación de inferioridad de la mujer bajo las leyes shiitas. No en vano su última película conocida en Uruguay, Offside, se ocupaba de un grupo de mujeres que intentaba "colarse" en un estadio para ver un partido de fútbol (lo que les está prohibido). Jugando con el doble sentido de su título, la película señalaba que en más de una forma esas damas estaban en "offside".
El propio Panahi parece estarlo también, según las últimas noticias, con respecto a lo que su gobierno espera de un cineasta. En Occidente, las reacciones no se han hecho esperar. El director de la Cinemateca Francesa, Serge Toubiana, los cineastas Costa-Gavras y Bertrand Tavernier, el filósofo Bernard-Henri Lévy, el delegado general del Festival de Cannes, Thierry Frémaux y otros, se están movilizando en favor de Panahi. Lévy ha dicho incluso que Teherán "le ha declarado la guerra a sus artistas y a toda la sociedad civil".
Un golpe camino a Uruguay
Montevideo se perdió la oportunidad de conocer personalmente Jafar Panahi en el año 2001, cuando se disponía a presentar su película El círculo en el Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay. Nunca llegó. El avión que lo transportaba hizo escala en Nueva York, y allí fue detenido por el Departamento de Inmigración de los Estados Unidos, que sospechando que, se trataba de un individuo peligroso, lo retuvo unas horas, lo maltrató y finalmente lo reenvió a su país vía Hong Kong. Irónicamente, hoy es en Irán donde sospechan de él.