El 17 de febrero era la fecha prevista para el "apagón analógico" en Estados Unidos, pero a último momento una votación en el Congreso postergó la introducción del nuevo sistema hasta el mes de junio. Este aplazamiento, pedido por el presidente Obama, prueba cuán complejo es lograr en la práctica que la Tv emita exclusivamente imágenes digitales y debe servir de alerta a quienes manejan el tema en Uruguay. Terminar con las actuales emisiones analógicas -algo que en nuestro país se estima que ocurrirá en unos tres años- significa que muchos hogares quedarán con la pantalla en blanco, salvo que adquieran nuevos receptores, o convertidores, según los casos.
Lo ocurrido en Estados Unidos en torno a la fecha del cambio muestra lo difícil del pasaje al nuevo sistema de trasmisión, un proceso que se verifica actualmente en todo el mundo. En una decisión no exenta de críticas, el gobierno uruguayo optó por plegarse a la norma europea, descartando las normas de Estados Unidos y Japón, que eran las otras alternativas en oferta. En principio, se había acordado que los países del Mercosur tomarían la decisión en bloque, pero Brasil prefirió jugar por su cuenta cerrando un ventajoso pacto con Japón. Argentina aún no definió qué norma adoptará.
Se sabe que en Uruguay habrá nueve canales, de los cuales cuatro serían privados y los demás tendrán carácter "comunitario". En los últimos meses del año pasado se autorizó a los canales privados a realizar trasmisiones digitales de prueba por un lapso de 180 días. Se aclaró que esas trasmisiones de prueba no generaban ningún derecho o prioridad en la futura adjudicación de las señales que deberá llevar adelante la Unidad Reguladora de los Servicios de Comunicación (Ursec).
La actual administración resolvió que la adjudicación de las frecuencias se haga en el próximo período de gobierno con lo cual se dilató el proceso del pasaje a la Tv digital. Tal como ocurre en Estados Unidos y en los países europeos que completaron el proceso, el "apagón analógico" es un cambio traumático. Nuestro país debe capitalizar las experiencias ajenas e irse preparando para el "apagón analógico".