THE ECONOMIST
Este año fue sorprendentemente bueno para la economía mundial. La producción global probablemente creció casi 5%, muy por encima de la tasa de tendencia y mucho más rápido de lo que esperaron hace 12 meses, quienes hacen las predicciones.
La mayoría de los peligros que atemorizaron a los mercados durante el año, no se materializaron. La economía de China no sufrió un aterrizaje duro. El enlentecimiento de mitad de año de EE.UU. no se convirtió en dos recesiones consecutivas. Hay que reconocer que los problemas de las economías periféricas de la zona euro demostraron ser muy reales. Sin embargo, la eurozona en su totalidad creció a una tasa decente para un continente que envejece, gracias al impulso de Alemania, la economía de los países ricos que creció más rápido este año.
La cuestión ahora es si 2011 seguirá el mismo esquema. Muchas personas lo creen. La confianza de las empresas y los consumidores crece en la mayor parte del mundo; el sector manufacturero global se acelera y los mercados financieros están en condiciones de mantener un alto nivel. El índice MSCI de valor global de las acciones ha crecido 20% desde julio. Ahora, los inversores desdeñan las noticias más ominosas que les inquietaron a comienzos de 2010, desde los elevados rendimientos de la deuda de la periferia de la eurozona hasta la creciente inflación en China.
Más temprano en el año, los inversores estaban pesimistas. Ahora, su animada confianza parece fuera de lugar. Para simplificar un poco, la performance de la economía en 2011 dependerá de lo que ocurra en tres lugares: los grandes mercados emergentes, la zona euro y EE.UU.. Japón todavía es un peso pesado, pero tiene menos probabilidad de generar sorpresas. Esos tres grandes se encaminan en direcciones muy diferentes, con muy diferentes perspectivas de crecimiento y opciones contradictorias de política.
Parte de esta divergencia es inevitable: aun para el observador casual, la economía de India siempre fue diferente de la de EE.UU. Pero nuevas divisiones se abren, especialmente en el mundo rico, y con éstas surgen crecientes chances de fricción.
Hay que comenzar por los grandes mercados emergentes, que son por lejos los mayores contribuyentes al crecimiento global. La capacidad ociosa fue usada. El capital extranjero se canaliza donde puede. Las preocupaciones aisladas sobre las burbujas de activos fueron reemplazadas por el temor a un recalentamiento más amplio. China es el ejemplo, aunque no está sola. Con los comercios brasileños atestados de compradores, la inflación allí escaló a más del 5% y las importaciones en noviembre fueron 44% más altas que en el año anterior.
El dinero barato es, con frecuencia, el problema. Las condiciones monetarias todavía están extraordinariamente sueltas gracias a los esfuerzos para contener a las monedas. China lidera al respecto. Esta combinación es insostenible.
Para frenar la aceleración de los precios, la mayoría de las economías emergentes necesitará políticas más estrictas. Si hacen demasiado, su crecimiento podría enlentecerse. Si hacen poco, invitan la inflación más alta y un mayor ajuste posterior. De cualquier manera, las chances de un shock macroeconómico que surja del mundo emergente crecen sin cesar.
La zona euro es otra fuente obvia de tensión, esta vez tanto financiero como macroeconómico. A corto plazo, el crecimiento será más lento, solo quizás debido a los recortes del gasto público. En los países decisivos, como Alemania, esta consolidación fiscal es voluntaria y hasta masoquista. Las castigadas economías de la periferia, como son los casos de Irlanda, Portugal y Grecia, tienen menos opciones y un futuro lóbrego.
La evidencia empírica sugiere que los países que integran una unión monetaria tienen pocas probabilidades de mejorar su competitividad con rapidez, frenando los salarios y los precios. Lo peor es que las consecuencias financieras de un viraje a un mundo donde los países de la eurozona pueden quebrar, recién se hacen claras. No sólo demasiados gobiernos de la eurozona deben demasiado, sino que el modelo bancario de la totalidad de Europa, que se basa en la integración a través de las fronteras, puede necesitar una revisión. Los líderes de la eurozona son un grupo reacio que no estimula ni impresiona. Un desastre aun mayor parece casi seguro.
OBSTÁCULOS. EE.UU. también tendrá un viraje, pero en una dirección diferente. De manera contraria a Europa, la combinación de políticas macroeconómicas acaba de apartarse decididamente de la austeridad. El acuerdo de reducción de impuestos, el 7 de diciembre, por el presidente Barack Obama y los legisladores republicanos, fue más grande de lo esperado. No solo extendió por dos las exoneraciones impositivas que aprobó el presidente George W. Bush, que expiraban, sino que agregó el equivalente a más de 2% del PIB de nuevas exoneraciones para 2011. Cuando a esto se suma la continuación de la compra de bonos por parte de la Reserva Federal, EE.UU. se está inyectando otra dosis de esteroides de estímulo, justo cuando Europa está en plena rehabilitación y abandonando sus vicios.
El resultado de esto podría ser que creciera la producción estadounidense un 4% el año próximo. Ese nivel está por encima de la tendencia y es suficiente para reducir el desempleo, aunque no con rapidez. Los políticos también asumen riesgos. Si bien la perspectiva de largo plazo del presupuesto de su país es lóbrega, Obama y los republicanos ni siquiera intentaron encontrar un acuerdo sobre la consolidación fiscal a mediano plazo. Varias propuestas para arreglar el déficit parecen destinadas a quedar relegadas. Los tenedores de bonos, que fueron muy condescendientes con el impresor del dólar, celebraron el acuerdo impositivo mediante la venta de Bonos del Tesoro. Sin duda, algunos inversores ven un rápido crecimiento en camino, pero un número creciente está preocupado por el tamaño del agujero fiscal. Si esas preocupaciones se afirman, podría llegar a ver una quiebra de su mercado de bonos en 2011.
IMPACTOS. ¿Cuánto importa que hayan tomado caminos separados? La divergencia entre los tres grandes del mundo combinará los riesgos de cada uno. La política monetaria de EE.UU. y la preocupación por la cesación de pagos soberana en la eurozona alentará al capital a fluir hacia economías emergentes, haciendo que los bancos centrales de éstas tengan renuencia a incrementar las tasas de interés y amortigüen la inflación. Durante los próximos cinco años, se espera que las economías emergentes representen más del 50% del crecimiento global, pero solo el 13% de aumento de la deuda pública neta global.
En lugar de buscar un nuevo equilibrio, la economía se deslizará aún más entre el Occidente agobiado por deudas y el ahorrativo Este.
Occidente evitó la depresión, en parte, debido a que Europa y EE.UU. trabajaron en conjunto y compartieron una filosofía económica. Ahora, los dos están obsesionados con sus problemas internos y adoptan estrategias totalmente opuestas para abordarlos. Ese es un mal pronóstico. Quienes definen las políticas en Bruselas no se enfocarán en otra ronda comercial cuando un miembro del euro esté a punto de quebrar. También es un mal presagio para los mercados financieros, debido tanto al enfoque europeo de remiendos al euro, como a la táctica de Estados Unidos, en relación con el déficit, de "tapar hoy, y solo Dios sabe lo que ocurrirá mañana", que resultan insostenibles.
Por supuesto, no tiene por qué ser de esa manera. Después que han dispuesto del dinero de manera ostentosa, Obama y el Congreso estadounidense podrían avanzar hacia un plan de mediano plazo para reducir el déficit. Los líderes que están en plena disputa en Europa podrían amasar un acuerdo para poner a la moneda única y al sistema bancario de la zona en un camino sostenible. Las grandes economías emergentes podrían permitir que sus monedas subieran. Pero, no hay que apostar a ello. Una economía mundial dividida puede convertir a 2011 en un año de choques dañinos.
La cifra
4% Podría crecer la producción de EE.UU. en 2011; es un nivel que está por encima de la tendencia y reduciría el desempleo.
Prevision: problemas de empleo
América Latina
El desempleo cerrará 2010 en 7,4% en la región, anotando una baja frente al 8,1% del año pasado, según datos de la OIT. En tanto, la CEPAL señaló que las economías de la región crecerán en un 6% en 2011.
Crecimiento según ONU
En un anticipo de su informe económico para el 2011, la ONU dijo que espera que la economía mundial crezca 3,1% ese año y 3,2% en 2012. Eso es menos que el 3,65% esperado para el 2010, y muy por debajo de lo necesario para recuperar los empleos perdidos a causa de la crisis.
Números de la OCDE
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) proyecta que las economías de sus 33 países miembros van a crecer 2,8% al cerrar 2010.