Un buen cambio

Sebastián Da Silva

Hace poco más de seis años la palabra esencialidad estaba prohibida. Todos los comités de Base, la militancia y los partidos que integran el gobierno vociferaban ante la sola insinuación de un decreto que defina un servicio como esencial.

Los argumentos eran variopintos y todos referían al interminable mundillo de la legislación laboral y el sacrosanto derecho uruguayo a la huelga y las movilizaciones.

Existen océanos de tinta en el Parlamento con las versiones taquigráficas de los últimos años donde se cuestiona duramente a los Ministros de turno por intentar solucionar un conflicto desmadrado con este mecanismo que no hace otra cosa que anteponer los intereses generales de la población ante un conflicto que afecta a propósito a gente que nada tiene que ver con los reclamos.

El debut frentista en decretar la esencialidad fue cuando Tabaré Vázquez cortó una huelga importante de camioneros. Aquella ocasión fue más digerible para la lógica de izquierda, porque las movilizaciones las hacían las patronales de los camiones reclamando una equiparación tributaria. Todo el arco gubernista incluido obviamente el PIT CNT denunciaba un lock out patronal lo que ayudo a sacarse los complejos.

Con los anestesistas paso algo parecido, pero tampoco estaban afiliados a la central obrera. El cambio vino con ADEOM. Pocos gremios tienen tan pésima imagen en la población como los municipales, el solo pensar en la Intendencia o en hacer un trámite es alergia para la mayoría de la población, y tras cartón tiene un sindicato radicalizado, sordo, ciego y hasta en ocasiones muy violento.

La imagen de toneladas de basura en las calles, el hastío de la gente en soportar la huelga anual de los municipales, permitió hasta una metamorfosis entre chistosa y milagrosa, en el Partido Comunista del Uruguay. Pidieron la esencialidad y su comité central hizo un apoyo expreso del decreto. Verlo a Lorier apoyando la medida fue uno de los bloopers más festejados del año.

En realidad, el artífice de todo este bienvenido cambio fue Mujica. Frente a una artificial escalada de conflictos, en un país con menos del 7 % de desocupación, hizo lo impensado, decretó la esencialidad, aisló a los de ADEOM del resto de la central sindical y puso a los militares en la calle a recoger los residuos. Una sabia medida con una sabia lectura del estado de la opinión publica, diferenciándose drásticamente del cansino modo de gobernar Montevideo.

Gran carambola, que tiene entre otras cosas, una advertencia encubierta: No le va a temblar la mano para parar conflictos absurdos. Así que bancarios y anestesistas a poner las barbas en remojo.

Como enseñanza otra confirmación: el paso por el gobierno deja a un Frente Amplio expuesto en sus contradicciones. Confirma la mala intención en los actos asumidos en el pasado, el afán de trancar todo para ganar y la desidia de anteponer los intereses corporativos a los de la población.

Hoy que gobiernan tienen la suerte de que en la vereda de enfrente tienen a un Partido Nacional siempre dispuesto a dar una mano.

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