Dr. Jorge Grunberg
Para aprender es importante observar los fenómenos desde distintos puntos de vista. En nuestro país convivimos con situaciones históricas que pueden haber tenido justificación en su origen pero que han devenido obsoletas y por eso es importante conocer visiones externas calificadas.
Recientemente una importante universidad de un país árabe me invitó, junto a un grupo de rectores de universidades latinoamericanas, a un encuentro intercultural y resultó una ocasión propicia para discutir la realidad universitaria de nuestros países. Participaron 25 rectores de universidades públicas y privadas de 14 países latinoamericanos. En la educación universitaria uruguaya el tema más trascendente del momento es la creación de una agencia de evaluación de universidades y por lo tanto este fue un tema de interés y discusión.
A nadie le sorprendió que nuestro gobierno proponga crear una agencia de evaluación ya que existen instituciones con esa función en todos sus países. Sin embargo, cuando expliqué que: 1) las instituciones universitarias públicas no tendrían evaluaciones obligatorias ni tendrían que cumplir las normas nacionales, 2) la universidad pública realizaría peritajes de las universidades privadas, y 3) la agencia sería gobernada por las instituciones universitarias públicas ya que tendrían la mayoría absoluta en el directorio, los rectores reaccionaron con sorpresa e incredulidad.
Según ellos, en ninguno de sus países las universidades son evaluadas por otras universidades dado los evidentes conflictos de interés que implica ni tampoco existen universidades eximidas de evaluación.
Sobre este último punto insistieron en que las universidades públicas son las que menos pueden ser eximidas de evaluación ya que según ellos (en su mayoría rectores de universidades estatales) la opinión pública de sus países no admitiría que las instituciones que reciben fondos públicos no sean evaluadas.
La opinión general fue que toda evaluación (sea de universidades o de cualquier otro tipo de institución) debe ser realizada por instituciones independientes (es decir que no puedan ser influenciadas por instituciones involucradas), equitativa (es decir con las mismas reglas para todos) y basada en peritajes objetivos (no realizados por partes interesadas como se propone en nuestro país).
Todos estos rectores, que discrepan entre sí en innumerables asuntos universitarios y políticos, mostraron incredulidad en que un país con larga tradición democrática se proponga un mecanismo tan discordante con los principios básicos de cualquier evaluación y con la realidad recomendada y practicada internacionalmente.
Uno de los países que se menciona mucho en Uruguay es Cuba y aproveché para dialogar con el rector de una de las más importantes universidades de ese país. Me explicó que todas las universidades cubanas son evaluadas y por más de un organismo, algo que ninguna institución objeta ya que se acepta que todas las instituciones que financia el gobierno deben rendir cuentas de su eficiencia. Me explicó que los estudios universitarios son gratuitos pero que los estudiantes tienen estrictos límites de tiempo para graduarse y al terminar tienen que trabajar al menos dos años en el lugar que el gobierno les indique como forma de devolución a la sociedad.
El acceso a las universidades es estrictamente selectivo sobre la base de exámenes de ingreso. Adicionalmente a los exámenes de ingreso, el gobierno cubano introdujo recientemente una prueba nacional de egreso de la secundaria que deben rendir todos los alumnos. Los que no la aprueban no pueden ingresar a la educación superior y los que no obtienen alta calificación no pueden ingresar a las universidades y son derivados a escuelas técnicas.
Este encuentro me permitió visualizar nuestro reflejo en el espejo de la región. La sorpresa para mí fue la unanimidad del rechazo que recibí a las actuales propuestas para el sistema universitario nacional proveniente de rectores de países con orientaciones y gobiernos muy distintos.
Cuando proyectamos al exterior una imagen de un sistema universitario en su mayoría descontrolado (en el sentido de eximido de normas de calidad) e injusto (en el sentido que no cumple normas universales de equidad) estamos socavando nuestro potencial de desarrollo en una economía mundial globalizada que valoriza por encima de todas las cosas el conocimiento y las normas de justicia.