Tron explorando un mundo digital

Vaivén. El primer film fracasó pero ahora vuelve en una nueva versión

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THE NEW YORK TIMES

BROOKS BARNES

El primer largometraje dirigido por Joseph Kosinski, "Tron: el legado", que se estrena mundialmente el próximo viernes, no es exactamente un paso cinematográfico infantil.

Ciento setenta millones de dólares de presupuesto. Efectos especiales en 3D. Una campaña de `marketing` de tres años. Una extensa línea de `merchandising` que incluye juguetes, ropa, joyería y electrónicos. Un programa de televisión inspirado en la película. Vínculos con un parque temático. Esperanzas de una secuela. ¿Presión? Un poco.

Sin embargo, cuando Kosinski mostró Tron: el legado a su elenco por primera vez el mes pasado, era el epítome de la calma; una escultura en hielo hubiera parecido un nervioso desastre comparada con él. "Tengo malas noticias para ti", le dijo a Olivia Wilde, que interpreta a una ciberguerrera llamada Quorra. "No estás más en la película". Wilde lo miró, pestañeando. Kosinski esperó un poco y luego dijo sonriendo: "Solo bromeaba".

Ese mismo día, más temprano, Kosinski, 36 años, se instaló en un sofá en su suavemente iluminada oficina, bebió un sorbo de té de menta y explicó su imperturbable comportamiento. "Como director, si sabes lo que quieres, no tienes miedo", dice. "Y yo tenía una idea muy clara de cómo quería que luciera Tron: el legado".

Si hubiera lucido más arrogante uno le creería cuando expresa tanta confianza. Pero no. Nacido en Marshalltown, Iowa (26.000 habitantes) es tranquilo, cuidadoso e interesado en las opiniones ajenas como pocos en las ligas mayores del cine. Su aire de frialdad parece planeado para mantener a la gente a cierta distancia. Cuando un periodista le hace una pregunta tonta ("¿qué clase de edificio lo describe mejor?") proporciona una respuesta reveladora: "Alto, delgado y sin ventanas".

Poner una película mayor en manos de un director con pocos antecedentes no es inédito, en parte porque la visión importa incluso en el Hollywood que desconfía de los riesgos (los nuevos directores también son más fáciles de controlar por los estudios). Joseph McGivney Nichol, más conocido como McG, había dirigido solamente dos cortos y varios videos musicales cuando Sony le dio cien millones de dólares para hacer Los ángeles de Charlie. Michael Bay era conocido sobre todo por haber dirigido un video de Meat Loaf cuando lo pusieron al frente del vehículo para Will Smith Dos policías rebeldes (1995). Y la experiencia directriz de David Fincher se limitaba a comerciales y videos musicales (Vogue, de Madonna) cuando le dieron Alien 3.

AMBICIONES. Pero Tron: El legado, como lo demuestra la tormenta de marketing categoría 5 que la empresa Disney ha desencadenado en su torno, no es solamente un monstruo de multiplex. El objetivo es una franquicia gigantesca, de la escala de Piratas del Caribe, una serie que apunta en primer lugar a los muchachos pero que es lo bastante amplia como para tocar a casi todos y hacerse sentir en un nervio cultural.

Disney ha estado tomando riesgos últimamente. Una jugada arriesgada ha sido rebautizar su película sobre Rapunzel (Enredados) para evitar que se beneficiara demasiado con las ventas de taquilla de Acción de Gracias, por ejemplo. Pero Tron constituye una de sus mayores jugadas, no solamente por sus costos de producción y publicidad (estimados en unos ciento cincuenta millones de dólares) sino porque Disney ha seguido con derivados (Tron: Uprising, una ambiciosa serie animada para Disney Channel y Disney XD, está ya en producción) sin esperar a la recepción del film.

Tron: el legado, escrita por el alumno de Lost Edward Kits y Adam Horowitz, también revisa un terreno sagrado para los fans de la ciencia ficción. El primer Tron, que fuera distribuido por Disney en 1982, fue un fracaso en taquilla (como también lo fue Blade Runner ese mismo año), pero sus efectos generados por computadora y su anécdota central (un `hacker` atrapado en una computadora y obligado a jugar juegos de gladiadores de la era espacial) influyó profundamente a toda una generación de amantes de la tecnología.

"Es una historia de ciencia ficción que hoy se ha vuelto realidad: en la computadora hay un mundo donde usted, o una versión de usted, puede ir", dice Steven Lisberger, que escribió y dirigió Tron y es productor de la secuela. "Supongo que han oído hablar de Facebook``. Otra noción que ha cambiado totalmente: "Tron fue eliminada de la carrera de los Oscar a efectos especiales, porque se entendió entonces que usar una computadora era hacer trampa".

De ahí el desafío básico de Tron: el legado. Debe ser tan rupturista como la película de Lisberger, o la base dura de fanáticos de Tron va a crucificarlo. Pero al mismo tiempo debe ser lo suficientemente accesible, lo suficiente mente cálida a pesar del chirriante neón azul y blanco, para atraer a un público masivo, incluyendo personas mayores.

¿Cómo convenció Kosinski a Disney de que estaba aunque fuera remotamente calificado para la tarea? Suena cursi, pero todo comenzó en 2007 con alguien que creyó en él: Sean Bailey, un productor de Disney que trataba de darse cuenta cómo reinventar Tron. Bailey había oído acerca de un director de comerciales (Kosinski) que tenía un estilo visual inusual.

VENDEDOR. Sus avisos, varios de los cuales pueden verse en su página web, eran temperamentales, vigorosos artilugios de venta para autos Chevrolet, calzado Nike y video juegos como Gears of War. Usando luz, música y perspectiva de una manera creativa, Kosinski convirtió los comerciales en disfrutables piezas de entretenimiento. "Inmediatamente pensé que era realmente un talento muy, muy especial", dice Bailey.

Un video, no hecho por encargo, llamado iSPEC terminó de convencerlo. Cuando le dijeron que su estilo era demasiado "artístico", Kosinski quiso probar que sabía cómo vender un producto imaginando cómo serían los iPod del futuro y confeccionando un comercial para uno de ellos. El resultado, donde los iPods pueden ubicar a sus usuarios dentro de recreaciones digitales de escenas de películas, evocaba la idea central de Tron.

Bailey convenció a Disney de darle a Kosinski para que rodara un material de prueba de tres minutos. Lo mostraron en el Comic-Con International de San Diego, y provocó una verdadera conmoción.

Procedimientos de Cameron dan al film su "look" de última moda

Tron: el legado, filmada con una versión actualizada del sistema de cámaras 3D que James Cameron utilizó en Avatar, se centra en Sam Flynn, el hijo de 27 años del hacker Kevin Flynn, que quedó atrapado dentro de la computadora en el film original, y que ha estado atrapado allí durante veinte años. Sam, interpretado por Garrett Hedlund, investiga la desaparición de su padre y se encuentra de pronto en la misma situación.

Sam descubre que la tecnología se ha enloquecido. Un rudo dictador llamado Clu 2.0 gobierna ese mundo cuyos habitantes se arrojan discos los unos a los otros y manejan motocicletas luminosas en carreteras de cristal. Un giro: Clu es una evolucionada encarnación digital creada por el propio padre de Sam antes de caer en la trampa del mundo de Tron.

La vuelta de Jeff Bridges

Jeff Bridges, de 61 años, regresa como Kevin Flynn, el protagonista del Tron original, y con la apariencia de un hombre de 34 interpreta también a Clu, el dictador de ese universo virtual. La apariencia de Bridges fue modificada mediante la misma tecnología que permitió que Brad Pitt luciera más joven y más viejo en El curioso caso de Benjamin Button de David Fincher.

Entre otros notables personajes figura Castor, habitante de un nightclub interpretado como una extravagante mezcla de Mae West y Charles Chaplin por Michael Sheen, el actor que encarnara a Tony Blair en La reina (2006) de Stephen Frears, y al periodista David Frost en Frost/Nixon, la entrevista del escándalo (2008) de Ron Howard.

Mundo de realidades virtuales

De muchas maneras, Kosinski se ha venido preparando durante años para crear el mundo de "Tron: el legado" sin saberlo. Mientras estudiaba ingeniería mecánica en la Universidad de Stanford, soñaba con diseñar autos de carrera. También pasó un semestre en Oxford, donde se ocupó fundamentalmente de la física de partículas y fenómenos espaciales como los agujeros negros.

Pero un profesor de Stanford, impresionado con el ojo de Kosinski para el diseño, lo alentó para que se interesara en la arquitectura, lo que lo condujo a la Graduate School of Architecture, Planning and Preservation de la Universidad de Columbia. Allí se volvió un experto en diseño de programas digitales, el mismo tipo de tecnología que utilizan los magos de Hollywood. Allí descubrió que le encantaba usar la computadora para crear cosas, y eso terminó llevándolo al mundo del cine.

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