Llamada al cuartel

Ninguneados y postergados. Con un presupuesto que apunta a su extinción por asfixia y con muy poco derecho al pataleo (cuestión de disciplina), los integrantes de las fuerzas armadas tendrán que salir nuevamente a las calles para hacer -por un mísero sueldo- lo que los funcionarios municipales hacen mediante dignas remuneraciones.

Son las paradojas de este gobierno frenteamplista que no termina de definir su rumbo. Hace pocos meses los militares estaban en la picota y al borde del desahucio. Ahora vuelven a sacar las castañas del fuego para que la capital del país no quede sumergida por los basurales. Como antes lo hicieron en épocas de inundaciones, de sequía, de incendios, con el plan de emergencia o con las cárceles del país.

Muchas veces solo con el "muchas gracias" no alcanza.

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