Que un programa de TV haya sido uno de los episodios más recordados en la evocación del 30º aniversario del plebiscito del "No" es algo que invita a reflexionar. Ese programa tan mencionado es el debate entre dos representantes del gobierno de facto y dos opositores, los doctores Eduardo Pons Etcheverry y Enrique Tarigo, en vísperas del plebiscito en donde se pedía el voto por una Constitución militarista.
En aquellos días de noviembre de 1980, en medio de una fuerte campaña propagandística lanzada por el gobierno a favor del "Sí", aquel debate televisado fue una de las pocas ventanas abiertas a una opinión pública que anhelaba obtener información sobre el tema. La virtual paliza que dos grandes tribunos como Pons Etcheverry y Tarigo le propinaron al tándem oficialista surtió un fuerte efecto en una audiencia desacostumbrada por entonces al cotejo franco de ideas y a la posibilidad de escuchar críticas fundadas contra las autoridades de la época.
Una vez más se demostró que la política encuentra en los medios de comunicación uno de sus mayores escenarios. Sobre todo cuando se trata de debates en donde los protagonistas sufren el acoso de sus contradictores y deben exhibir su capacidad de reacción así como la fuerza de sus argumentos. En tal sentido la TV tiene la virtud de escudriñar hasta los más pequeños gestos de los contradictores y volcarlos ante la audiencia que logra así hacerse una idea más completa sobre los polemistas y sus razones.
En un Uruguay en donde resulta deplorable recordar que los candidatos presidenciales no discuten frente a frente desde hace más de tres lustros, la lección de aquel histórico debate de 1980 cobra hoy más valor que nunca.