El complejo "Playa Vik" de José Ignacio abrirá sus puertas en los próximos días una vez que sus responsables dejen pronto los detalles de último momento para poder recibir a huéspedes de todo el mundo que ya reservaron alguna de las seis casas.
Levantada sobre la Playa Mansa de José Ignacio, el diseño del arquitecto Carlos Ott por encargo del millonario noruego Alexander Vik se divide en una finca central de unos 600 metros cuadrados denominada la "Escultura", cuyo acceso lo constituye una puerta de cobre de 800 kilos de peso elaborada por el escultor Pablo Atchugarry.
A su alrededor, adentro del mismo predio -uno de los mejor ubicados del balneario- otras residencias que tienen una superficie de entre 80 metros cuadrados y 120 metros cuadrados.
Se llaman "Mar", Ébano", "Raíces", "José Ignacio", "Blanca" y "Tierra". Y junto a la "Escultura", integran el complejo que se suma a la Estancia Vik, el ambicioso establecimiento de turismo rural de lujo que el inversor inauguró hace dos años a algunos lugares de José Ignacio. Entre los dos complejos, Vik configura una sofisticada oferta de playa y campo para los clientes más exigentes del mundo.
ART-QUITECTURA. Los edificios que propone el noruego que eligió Uruguay para dar un vuelco en su vida y sus negocios nunca son sencillos, y detrás hay una ambición clara de conjugar el diseño y la arquitectura con las artes plásticas, que domina la mayoría de los ambientes de las residencias.
El edificio "Escultura", lugar de residencia del propietario, está construido con paredes dobles curvas de titanio y piso de lapacho y alberga obras de los artistas James Turrell, Zaha Hadid y Anselm Kiefer, entre otros.
Desde afuera, guarda cierta reminiscencia con el auditorio de la Torre de Antel, también diseñado por Ott.
El complejo principal cuenta con un escritorio, cuatro suites y una cocina italiana diseñada por Strato Cucine a pedido de los dueños de casa.
Una piscina domina el frente de la residencia principal y queda suspendida diez metros por encima de la playa. Construida en granito negro, de noche deja ver un fondo de luces, que, a partir de fibra óptica, recrea la bóveda celeste del hemisferio sur.
Arte y diseño contemporáneos se combinan con grafías más tradicionales: pergaminos japoneses hechos a mano, tradicionales puertas Shoji japonesas, conviven con el deck de madera de lapacho que rodea a la piscina.
Alrededor de la "Escultura", se encuentran seis casas construidas sobre los espacios comunes del complejo que, en su totalidad, cuenta con más de 4.500 metros cuadrados de superficie.
La mitad de las casas tienen sus propios jardines, tres habitaciones y un living. Dos de las casas tienen dos cuartos con su respectivo jardín interior.
La restante también tiene dos cuartos y cada uno tiene una salida independiente a un jardín privado.
El interior de una de las casas fue recubierta de ébano. Como las otras, también luce la intervención de un artista, lo que agrega interés para los viajeros acostumbrados al lujo y que valoran la originalidad. En muchas de las paredes se pueden leer frases y consignas que llaman a la reflexión y representan todo un estilo de vida, refinado pero descontraído y que valora el ingenio y el sentido del humor.
Los espacios comunes del complejo cuentan con parrillero, spa, sala de juegos, comedor y una cava y ofrecen a los huéspedes servicios de desayuno, merienda, almuerzos y cenas. El complejo desarrolló un programa de cuidado del medio ambiente con la incorporación de energía solar, eólica y geotermal, el complejo recicla el agua que emplea para su mantenimiento a partir de un centro de control que optimiza el empleo de la energía.
El diseño arquitectónico permite maximizar la forma natural de ventilación lo que permite un gran ahorro en la energía para el uso del aire acondicionado.
El complejo tiene su capacidad colmada para fin de año y los primeros días de enero con huéspedes provenientes de diversas partes del mundo.
Piscina: Es de granito negro y un fondo de luces recrea la bóveda del hemisferio Sur.
Interiores: Cada una de las residencias tiene el estilo de un artista plástico diferente.
Ott: "Esto era como diseñar un museo"
El arquitecto Carlos Ott no suele diseñar casas familiares, pero en este caso hizo una excepción. "Son coleccionistas de arte y que querían crear una forma, pero no la típica casa con cuatro paredes y dos techos inclinados. Para la playa, me dieron carta blanca, pero quería tener una escultura o una pintura específica o una pieza de arte y algunas partes de los muebles incluidos. Por lo tanto, era mucho más interesante. Era más bien como el diseño de un museo", contó el arquitecto Ott en una entrevista difundida en la web de Studio Quatro Propiedades.
Ott contó que los hijos de los clientes tuvieron en este caso un aporte clave. "Se les preguntó cómo se imagina la casa, y una de sus hijas hizo un garabato con la casa de los padres en el centro y casitas alrededor de cada uno de los niños. Así que tomó su diseño esquemático y desarrolló su idea. Esa es la verdad", comentó.
La casa principal fue denominada - "a falta de un nombre mejor"- la escultura. La diseñó con una geometría "completamente diferente. Es redonda, más cerca del diseño de un coche deportivo, un yate, un avión, con una doble curvatura", indicó Ott. El renombrado arquitecto apeló al vidrio y al titanio. "Nací allí, sé lo difícil del medio ambiente es en Punta del Este. Es una de las zonas del mundo con más salinidad en el medio ambiente. Sentí un material muy noble como el titanio era una solución. La otra solución era la piedra natural y el vidrio también", explicó.