Hacer de la droga un capítulo pasado

Drogas. Ayer, 27 internos de Manantiales se "graduaron" y apuran su reinserción social Tres de ellos conversaron con El País sobre cómo llegan y qué esperan para el día después de su internación | Drogas. Las "graduaciones" llegan después de casi dos años entre internación y las actividades de reinserción La discriminación y el reencuentro con las tentaciones son parte de los obstáculos | Las iniciativas de leyes sobre adicción siguen sin definirse

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SEBASTIÁN AUYANET

"Es la primera vez que termino algo". Así de fácil es para Gerardo, un chico de 16 años que vive en Nuevo París, explicar qué representa para él haber terminado una fase clave de su tratamiento en Manantiales. Ahora le toca terminar de reinsertarse.

Ayer, él, Mauricio, Rodolfo y otros 24 adictos a la droga aún en recuperación dieron un nuevo paso hacia el alta terapéutica con una "graduación". "Se supone que mañana me recibo, sí", cuenta Mauricio, de 27 años y que hoy vive en el Puente de las Américas. Y explica "digo `se supone` porque acá nunca podés dar nada por hecho. Ese es el primer paso en falso". Para Rodolfo, un fernandino de 40 años, mañana es un paso nuevo en un camino en el que avanza tras su hija de 17. "Terminó quinto año de liceo, ahí me quedé yo. Cuando termine los cursos que estoy haciendo espero poder retomar el liceo".

Dentro del ciclo para cada paciente de la fundación, graduarse significa que ya realizaron el proceso de recuperación física y psicológica en la internación -que dura 10 o 12 meses- y además, la reinserción social (un año más en el que las terapias y el trabajo en grupo se matizan con trabajo en la propia fundación).

Por delante les quedará un año de seguimiento y mantenimiento de la sobriedad hasta alcanzar la certificación de que están sanos.

"A partir de este momento les soltamos un poco más las manos. Por supuesto que los espacios siguen estando y ellos siguen con las terapias y los grupos como para mantener ciertos conceptos y no olvidar ciertas cosas, pero a partir de aquí se intenta que vayan ganando los suyos propios", explicó la psicóloga Fernanda Haedo, quien trabaja con los internos en Manantiales.

"¿Qué me voy a encontrar a partir de mañana? Para empezar, la esquina de siempre, con las personas de siempre", explica Gerardo. Ese va a ser el obstáculo más complicado, pero dice que las herramientas que tiene ya le han permitido superarlo. "Ya fui para el barrio y me los he cruzado. Es un momento en el que tenés que tener todo muy claro y abrirte. Pero saber siempre que pasás por ahí que ese lugar va a seguir estando y las personas también. Y no subestimarlo nunca".

"Difícil", es una palabra que, aseguran, le queda chica a la experiencia de internación. Las tres personas que conversaron con El País volvieron a tener la tentación de frente y las tres fantasearon en su cama con volver a probarla. Para ellos, el proceso los reencuentra con un sentimiento que no les es ajeno: el aislamiento. Uno se droga para aislarse y se aísla para no drogarse más, cuentan. Por eso, la palabra "reinserción" es tan utilizada. El paso a partir de mañana es, efectivamente, encarar de frente el regreso a la sociedad, un espacio del que muchos de quienes están dentro del grupo de egresados aún manejan con cierta distancia, prefiriendo a sus propios compañeros de internación.

El aislamiento es necesario porque, básicamente, lo principal que le falta a un adicto a las drogas, dicen, es conocerse a sí mismo. "Si no te conocés, menos te vas a querer. Entonces te partís al medio porque simplemente vos no te importás a vos mismo", asegura Mauricio.

En ese proceso de lidiar consigo mismo llegó, once meses después del comienzo de la internación, una recaída. "Es el infierno. Yo tenía 11 meses y medio limpio y un día decidí irme y a los 3 días tomé mucha pasta base. Y pasó de vuelta lo mismo: te sentís con una impotencia tremenda, no podés parar y después te querés morir por todo ese tiempo que perdiste. Por suerte mi familia no me abrió las puertas y me dijo `o volvés al tratamiento o te vas a vivir abajo de un puente`".

A Rodolfo, a quien su hija volvió a hablarle recién hace dos años, le pasó igual. Su familia, que se había hecho cargo del tratamiento, le convenció de volver. "Yo me di cuenta de que reincidir es un proceso. Yo fantaseaba con la droga, como que dejé esa puerta abierta. Un día pedí en la plaza y me fui a Maldonado, directo a tomar pasta base. Estuve tres días en un monte, solo, porque no podía volver a mi familia. Ellos y mi terapeuta me convencieron. Es que con que consumas una vez, ya sabés que todo el tiempo de sobriedad lo tiraste a la basura".

Encontrar un trabajo o algo que estudiar no es fácil. Mauricio, que llegó a Manantiales ya que la empresa en la que trabajaba le pagó el subsidio por enfermedad para poder pagarse la internación, volvió a ocupar su puesto y estudia construcción en el IEC. Rodolfo volvió a ser pintor y hace un curso de asistente terapéutico para trabajar junto a los psicólogos junto a personas que pasan por lo mismo que él.

Gerardo consiguió, a pesar de ser menor de edad, un trabajo en una empresa que organiza eventos. "No tenía otra que laburar y tuve que dejar el curso de gastronomía que había empezado. Pero ya estoy muy lejos de cuando tenía 14 años y hasta robaba. Hoy me siento orgulloso de querer tomarme una coca cola en vez de una cerveza". Para Mauricio van a estar las esquinas de Ciudad Vieja más cercanas a la Aduana.

Para Rodolfo va a estar la Maldonado que esconde las tentaciones que lo tuvieron "gris" durante 22 años. Y para Gerardo va a estar el barrio. Es el primer rival en un capítulo que pretende enterrar lo anterior sin olvidarse de esos días.

Ellos dicen que no se les va a olvidar porque cuando no se acuerden, el entorno siempre se los señalará, aunque no siempre en buena forma: "La discriminación siempre va a estar con nosotros un poco. A cierta discriminación te terminás adaptando aunque no quieras. Todavía te hacen chistes, te dicen falopero, drogadicto, medio en joda. Pero yo quiero ser una persona normal. quiero un día dejar de identificarme con las drogas, con lo que tuvieron que ver conmigo".

Buscando el tiempo perdido

Rodolfo: "Estuve 22 años con drogas, tuve mucha suerte"

Mi hija tiene 17 años. Hace 2 y medio no me hablaba. Terminó quinto y me pasó. El año que viene, cuando termine este curso quiero al menos terminar el liceo, cumplir esa meta. En algún momento te puede llegar cierto suceso profesional, pero económicamente estás abajo porque seguís precisando droga. Yo pasé 22 años así. No te voy a decir que fueron 22 años horribles, pero ese gris estuvo siempre. Acá nos dimos cuenta de que la enfermedad se manifiesta en cada uno distinto. Yo intenté cortar con las palabrotas, con las fantasías..."

Gerardo: "Es la primera vez que termino algo en mi vida"

"Salís y en el barrio están todos los que estaban antes, en la misma esquina. Ellos te van a buscar pero vos tenés que ser egoísta y saltar. Hay que plantarse y decir `yo no me junto con vos por esto y por lo otro`. Después por ahí pasás y saludás pero listo". Cuando reventás y no aguantás es muy difícil ponerte un freno. Creo que lo que más va a costarnos a los que salimos es dejar el grupo. Yo, salvo con gurises de acá, prefiero no tener muchos amigos afuera. Estoy orgulloso de salir con ellos y preferir sentarme en algún lado a tomarme una coca cola en vez de una cerveza".

Mauricio: "Me veo a mí mismo al pasar por esas esquinas"

La ansiedad es uno de los peores problemas. Totalmente. Querés todo, y lo querés ya. En nuestro caso, falopa. Para mí, uno de los desafíos más grandes va a ser reencontrarme con esas esquinas. Ver los lugares, los sitios donde te drogabas. Para mí, por ejemplo, la Ciudad Vieja es lo peor que quiero ver, porque es como que me veo yo con una claridad tremenda. Pero es bueno tener en cuenta esas cosas, sé dónde está mi límite. Ahora miro para atrás y veo todo el tiempo que perdí en estudiar, en trabajar para pasarle dinero a la madre de mi hija, pero te das cuenta de que siempre hay tiempo".

Muchos proyectos, ninguna novedad

Las palabras "drogas" y "rehabilitación" han estado en boca de los políticos desde los tiempos de la campaña electoral y también después, en el discurso del gobierno.

Después de que a fines del mes de marzo el Presidente José Mujica sugiriera "aislar" a los adictos, varios legisladores de diversos partidos intentaron reflotar viejos proyectos de ley, a desarchivarse del período anterior. La especial preocupación del Presidente hacía pensar que el tratamiento terapéutico de las adicciones, desde el Estado, cambiaría en este período. De momento no hubo más novedades que la comisión multipartidaria que, a mitad de año, se conformó para generar un informe sobre adicciones y su tratamiento que debería entregarse antes de fin de año. Además de información, el texto deberá consensuar los diversos proyectos de ley presentados durante este año.

Otras iniciativas multipartidarias generaron polémica. El diputado frenteamplista Víctor Semproni había presentado un proyecto apoyado por las "Madres de la Plaza", un grupo de madres de adictos a la pasta base, que generó un cruce de declaraciones con el secretario de la Junta Nacional de Drogas, Milton Romani. El proyecto de ley de Semproni permite la internación sin el consentimiento del adicto si el juez así lo determina. En aquel momento, Romani señaló a Océano FM que el proyecto del diputado, que va en la misma línea de planteos realizados por Mujica, es "una burrada científica".

La política de "reducción de daños" seguida por la Junta Nacional de Drogas (JND), que promueve la creación de "centros barriales de amparo", choca con estas iniciativas y con la visión de grupos de familiares. "La Junta es un gran holograma; nadie sabe para qué está", afirmó a El País Rocío Villalba, vocera de Madres de la Plaza.

En el mes de junio, cinco parlamentarios de distintos sectores políticos elaboraron un proyecto de ley que crea el Sistema Nacional de Rehabilitación y Reinserción de consumidores problemáticos y adictos, quienes gozarán allí de una atención universal, multidisciplinaria y gratuita. Una de las iniciativas más recientes es la que propuso el diputado nacionalista Luis Lacalle Pou, que señaló haberse basado en evidencia "empírica profesional". El proyecto habilita el autocultivo de marihuana para alejar al consumo del comercio ilegal.

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