El affaire WikiLeaks

La aparición de internet y los avances de las comunicaciones electrónicas en todas sus variantes, no sólo han producido una increíble revolución planetaria que ni Julio Verne soñó, sino también un subproducto indeseado e indeseable; los hackers. Ni siquiera hay una buena traducción para identificar a estas personas que son la pesadilla de este nuevo mundo. Seres que dedican su inteligencia a hacer daño a través de la genialidad de otros, para satisfacción de sus egos desviados, obteniendo desde las sombras, la malsana sensación de la omnipotencia.

Algunos de ellos son "reciclados" por el propio sector y pasan a convertirse en la protección contra esos enemigos invisibles. Pero hay otros, como el creador de WikiLeaks, Julian Assenge, que a diferencia de Wikipedia (Wiki concierne a los conocimientos que provienen de la sociedad) crean un servidor que se nutre de las fugas (robos) de conocimientos. Y con esa inédita herramienta que asegura el anonimato a quienes envían cualquier tipo de información, pasan a convertirse en el personaje del momento. Idolatrado por unos y detestado por otros.

Las recientes revelaciones extraídas de centenares de miles de documentos de la diplomacia norteamericana y servicios de inteligencia, con calidad de confidenciales -lo mismo que hacen todas las cancillerías y gobiernos alrededor del globo- han provocado un escándalo mayúsculo luego de su difusión por medio de cuatro importantes diarios como Le Monde de Francia, el The New York Times de Estados Unidos, El País de España, The Guardian del Reino Unido y la revista alemana Der Spiegel, a los cuales Assange les mandó 250.000 cables.

Una de las reflexiones que provoca lo ocurrido se refiere al debate sobre la difusa frontera entre la libertad de expresión que siempre defendemos y la responsabilidad profesional para decidir si publicar o no. Se trata de un arte bien complejo, pues lograr el justo equilibrio no es tarea sencilla. Intervienen la natural vocación del periodista, su compromiso de informar por una parte y la de crear opinión por otra, así como las presiones por actuar en permanente competencia.

La libertad de prensa es esencial para que los ciudadanos se enteren de lo que hacen sus gobernantes y poder así, actuar en consecuencia. Se trata de un pilar básico de los regímenes democráticos, mientras en donde rige el autoritarismo que censura o impide la información independiente, el mandato periodístico de luchar contra ese tipo de mordazas, es un muy arriesgado pero invalorable, servicio a la sociedad.

Sin embargo, no toda la información debe necesariamente ser del dominio público. Máxime cuando al descubrirla se atenta contra los intereses de un país e inclusive, la seguridad de las personas, como ocurre en este caso, por más que desde WikiLeaks se anunciara la intención de preservar a los individuos involucrados. Y que los diarios que se encuentran abocados al trabajo en el que los ha metido el Sr. Assange, pues aparentemente él y su equipo no están para estudiar el contenido de ese mamotreto de correspondencia electrónica, también hayan afirmado que aplicarían serias restricciones en lo que concierne a países donde hay pena de muerte o no existe estado de derecho. A pesar de ello, el reciente ataque en Irán a dos científicos nucleares, uno de los cuales quedó herido y el otro murió, ha disparado conjeturas sobre si no se está ante las primeras víctimas del affaire WikiLeaks.

Esta no es la primera aparición de Assange, pero la de hace unos meses, referidas a la guerra en Afganistán, denunciaba acciones de carácter delictivo, inhumanas o reñidas con la moral. En cambio sobre las actuales cabe preguntarse cuál es el valor de su interés público. La estructura de WikiLeaks busca estar a salvo de la injerencia de cualquier autoridad o jurisdicción, dado que su supuesta razón de ser es enfrentar a los grandes poderes, pero por otro lado, el mismo Assange y su grupo se han posicionado en un lugar de poderío, donde no se rinde cuentas a nadie, creyendo estar por encima del bien y del mal. Justamente lo que el ex hacker (¿?) asegura querer combatir.

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