El equipo económico nombrado por la presidenta electa de Brasil, Dilma Rousseff, agradó al mercado y sentó las bases para potenciar el excelente momento del país, que exhibe un fuerte crecimiento pero enfrenta a la vez, grandes desafíos económicos, señalaron analistas a la AFP.
El ministro de Hacienda Guido Mantega, que se mantiene en el cargo, el futuro presidente del Banco Central, Alexandre Tombini, y la próxima ministra de Planificación, Miriam Belchior, se presentaron el miércoles a la prensa con una promesa de austeridad, recorte del gasto público y control de la inflación.
Rousseff lo dejó claro en un mensaje público: el objetivo es "asegurar la continuidad de la exitosa política económica del gobierno" del presidente Luiz Inacio Lula da Silva.
Fue "un discurso que sonó como música para los oídos del mercado, al informar que el gobierno buscará más austeridad fiscal (...) y garantizará la autonomía del Banco Central", resumía el economista André Perfeito, de Gradual Investimento.
En un país que es la octava economía del mundo y aspira a convertirse en la quinta en pocos años y es centro de millonarias inversiones, pero sensible a la incertidumbre sobre la economía mundial, el mercado temía que la futura presidenta optara por una política menos rigurosa en el control del gasto público, las metas de ahorro y la inflación, dijo a la AFP Ricardo Ribeiro, de MCM Consultores.
"La foto del presente es muy interesante: los países desarrollados están inmersos en crisis y huelgas, que era lo que caracterizaba a los emergentes, y Brasil se ha convertido en un escaparate de la economía mundial, principalmente por los grandes eventos que recibirá. Ahora ese equipo económico tendrá que mostrar con hechos y no solo palabras que lo aprovecha bien", dijo a la AFP Alex Agostini, economista jefe de la calificadora de riesgo Austin Ratings.
Uno de los grandes retos de Brasil será preparar al país para acoger la Copa del Mundo de 2014, las Olimpíadas de 2016, y comenzar a explotar las millonarias reservas petroleras descubiertas en alta mar, que pueden convertir al país en un gran exportador de crudo.
Crecimiento económico de 5% al año, acabar con la miseria en la que todavía viven 20 millones de brasileños sobre 190 millones en total, poner al día el mapa de infraestructura del país que tiene grandes déficits en carreteras, puertos y aeropuertos, las fallas en educación, salud y seguridad pública son las grandes prioridades de la presidenta electa, una economista de 62 años que fue la mano derecha de Lula en el gobierno.
"Lula hizo una primera transferencia de riqueza para la sociedad que generó un tremendo mercado interno y mejoró un poco las diferencias sociales, pero dejó grandes deudas en educación, infraestructura, seguridad pública, corrupción y grandes reformas en el carísimo sistema de pensiones e impuestos", recordaba recientemente a la AFP Alexander Bush, autor del libro ´Brasil país del presente´.
AFP