SEÚL | AFP, ANSA Y EL PAÍS DE MADRID
Hallaron los cadáveres de dos isleños muertos por el ataque de artillería norcoreano a una isla de Corea del Sur, que anunció que no suspenderá unos ejercicios bélicos en conjunto con EE.UU., aunque Pyongyang los considera una presión.
Hasta el momento son 4 -2 marineros y 2 civiles- los fallecidos a causa del bombardeo norcoreano sobre la isla de Yeonpyeong, en un incidente que recibió la condena mundial y que fue calificado como "uno de los más graves" desde la Guerra de Corea por parte del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Los medios de comunicación surcoreanos destacaron que fue el "primer ataque contra la población civil" desde 1953.
Desde Estados Unidos, el presidente Barack Obama destacó el compromiso de su país de "permanecer hombro a hombro" con Seúl, y exhortó a China a que modere a su aliado, Corea del Norte. "Queremos asegurarnos de que todas las partes en la región reconocen que hay una amenaza seria y continua de la que hay que ocuparse", señaló.
Washington tiene más de 28.000 efectivos militares en el Sur para protegerla de una agresión de Corea del Norte, una de las secuelas de la guerra que duró tres años y se detuvo por una tregua en 1953 que nunca fue ratificada.
Washington y Seúl reafirmaron, además, sus planes de realizar acciones militares conjuntas a partir del domingo. Las maniobras estaban previstas antes de que se produjera "el ataque no provocado de la artillería" norcoreana, indicó un comunicado norteamericano, que destaca su compromiso con "la estabilidad regional a través de la disuasión".
El ministerio surcoreano de Defensa afirmó que las maniobras "defensivas" apuntan a aumentar la disuasión contra Corea del Norte, y desde EE.UU. indicaron que buscan "elevar el nivel de preparación". Terminan el miércoles.
Además, Seúl suspendió el envío de 3.700 toneladas de cemento y medicinas por valor de US$ 500.000, ayuda humanitaria que mandaba a Corea del Norte para las víctimas de los aluviones de Shinuiju.
En la atacada isla de Yeonpyeong aseguraron haber vivido escenas de guerra, al recordar los hechos.
Kim Kil-Soo, un marino de 51 años, estaba descansando cuando las primeras explosiones hicieron estallar las ventanas del local. "Estábamos estupefactos, y completamente perdidos", relató. Huyó hacia el refugio más cercano y percibió los daños en las oficinas y en un supermercado. "Realmente creí que la guerra había estallado", aseguró.
Tan grande era la inquietud que ayer hubo un inhabitual flujo de clientes a los supermercados, para abastecerse de provisiones de agua y alimentos.
Mientras, en Seúl algunos manifestantes congregados cerca de la embajada de EE.UU. quemaron banderas de Corea del Norte y pidieron a China que condenara los hechos, además de exigir firmes represalias.
"China debe dejar de proteger a Corea del Norte y sumarse a la comunidad internacional", afirmó Park Chan-Sung, organizador de la marcha. "Nuestro gobierno debe ejercer firmes acciones de revancha", añadió.
Además, ante el ministerio de Defensa más de cien manifestantes pidieron "venganza" y quemaron retratos del dirigente norcoreano Kim Jong-Il y de su hijo y sucesor, Kim Jong-Un.
En tanto, en Pyongyang -capital norcoreana- los residentes hacían alarde de que el intercambio de fuego de artillería mostró el poder y capacidad militar de Corea del Norte para enfrentar una agresión surcoreana. Un vocero del ministerio del Exterior dijo a la agencia noticiosa televisiva KCNA que el accionar de Seúl estaba llevando "al borde de la guerra", y que Pyongyang actuó por "autodefensa". La radio estatal señaló que "nuestra artillería no está todavía tranquila".