Hizo la banda de sonido para varias generaciones de estadounidenses que quería navegar las difíciles aguas del romance y de la frustración amorosa. Y se convirtió en la quintaesencia de las contradicciones masculinas de la cultura pop del siglo XX.
Entre esas contradicciones estaban estas: el chico duro y peleador, cuyo canto podía irradiar ternura y vulnerabilidad, el sofisticado cantante de Las Vegas con una mirada existencial hacia la vida, el desenfadado ser urbano que podía hacer una canción encendida como nadie más.
Los fanáticos pueden reconocer su voz con solo dos o tres sílabas, y lo reconocen por su estilo, el sombrero ladeado, la gabardina sobre un hombro, los cigarros Camel y su Jack Daniel. Fue el rompecorazones adolescente original y el precursor de una nueva era para las celebridades. Uno observador dijo alguna vez que cuando nevaba, las mujeres se peleaban por sus huellas, las que algunas lograban llevarse a casa y almacenar en sus congeladores.
La historia del ascenso y caída de Frank Sinatra, su autoinvención y la de su otoño y notable regreso, que tiene todos los elementos del más elemental mito estadounidense, requerían un novelista, como dijo Pete Hamill. "Necesitaría de una combinación de Balzac y de Raymond Chandler… quienes podrían acercarse a la evasiva verdad más de lo que Sinatra se permitiría acercarse en una autobiografía".
Ahora, con Frank: The voice, Sinatra encontró esa pluma en James Kaplan, un escritor de ficción y no ficción que ha hecho un libro con todos los detalles emocionales y el tiempo narrativo de una novela.
El esfuerzo de Kaplan por canalizar el punto de vista de su sujeto da como resultado escenas de especulación, que a su vez llevan al lector hacia las notas finales del libro en un intento de encontrar el material fuente para esos pasajes. Por ejemplo, Kaplan intenta recrear el tempestuoso romance que vivió con Ava Gardner una y otra vez, no tan convincentemente, para marcar sus complicados sentimientos hacia la mafia.
Y al mismo tiempo que hace eso, Kaplan escribe con simpatía genuina hacia el cantante y un gran aprecio por su capacidad de hacer música, a diferencia de biógrafos previos como Robbyn Swan, Kitty Kelley y Anthony Summers, dedica la mejor parte de su libro a explicar el arte de Sinatra, el verdadero motivo por el que los lectores se interesan en él.
Si no hay novedades sorprendentes sobre su música aquí, Kaplan hace igualmente un ágil, brillante y evocativo trabajo de rastreo del desarrollo del arte de Sinatra, al mostrar cómo asimiló sus más tempranas influencias y gradualmente descubrió una voz propia.
Muestra así cómo la admiración adolescente que tuvo hacia Bing Crosby y al juvenil enamoramiento que tuvo por Billie Holiday dieron forma a sus aspiraciones. Muestra có-mo Sinatra imitó a su jefe, trombonista y carismático líder musical de bandas Tommy Dorsey (1905 - 1956), en todo, desde el vestuario hasta sus adornos, incluyendo su colonia, e incluso su presencia y control de respiración en el escenario. Y muestra también cómo trabajó sobre su dicción, elaborando el fraseo y los aspectos narrativos de su forma de cantar.
El gran secreto. Tal como alguna vez Sinatra lo explicó, usualmente comenzaba con hojas de letras sin música: "En ese punto, miro un poema. Intento entender el punto de vista de la persona detrás de las palabras. Quiero entender sus emociones. Luego comienzo a hablar y no a cantar esas palabras, así puedo experimentar las inflexiones correctas. Cuando estoy con la orquesta, canto las palabras sin micrófono primero, para poder ajustar la manera de practicar el arreglo. Busco encajar la emoción detrás de la canción que quiero proponer para la música. Luego todo se une y cantas la canción".
Ese aspecto, por supuesto, permanecería como el más singular del arte de Sinatra: su habilidad de hacer propia cada canción, de transmitir su esencia emocional al invertir sus sentimientos más profundos. La soledad y las ansias de amor en su infancia, el miedo que sintió como un joven cantante que intentaba hacerse un nombre, las alturas que disfrutó como la candente estrella revelación, el dolor y la perdida que sufrió cuando fracasó su matrimonio con Gardner… todo estaba expuesto en sus canciones, y combinado con su extraordinaria musicalidad y perfeccionismo, le dieron una conexión intuitiva con su público y el duradero respeto de sus pares.
El libro termina antes del ascenso de Sinatra a la categoría de leyenda, se detiene algo abruptamente cuando ganó el premio Oscar a Mejor Actor Secundario, en 1953, en la película De aquí a la eternidad, dirigida por Fred Zinnemann, y deja al lector hambriento de una continuación del retrato que tome los años restantes.
Período: El libro se enfoca en la vida de Sinatra hasta el Oscar que ganó en 1953.
Capacidad para renacer, problemas de carácter y metas
El premio Oscar que ganó Frank Sinatra implicó su regreso tras una desastrosa caída en desgracia durante los años de la posguerra, cuando su divorcio de Nancy, su primera esposa, y su turbulenta relación con Ava Gardner lo habían convertido en materia prima habitual para los tabloides. Usando pura voluntad y talento, Sinatra logró salir solo de la alcantarilla en la que había quedado su carrera, por la que incluso su propio agente había predicho su "muerte profesional". Pero al tomar los contratos que se les ofrecían a los artistas nuevos (y no a las estrellas repentinas) y cubrir de su propio bolsillo los costos de grabación, logró reinventarse y crear discos que editó Capitol Records, como Only the lonely y In the wee small hours, que se convertirían en clásicos indiscutibles.
Al repasar todo lo que tiene que ver con su ascenso, caída y posterior resurgimiento, todo antes de haber cumplido cuarenta, Kaplan construye un sentimiento vívido de los mundos que Sinatra encontró, de Hoboken hasta Nueva York, de Hollywood a Las Vegas. También aparecen sus variables preferencias musicales, tan influyentes en él y que luego él mismo modeló. Y en cuanto a su mal carácter y su fría ambición, Kaplan escribe que "preferiría pasar por encima de todos en este camino hasta que el plan maestro que se había planteado fuese exactamente así: para sí mismo. Solo".