THE NEW YORK TIMES
CHARLES MCGRATH
Aquí va una idea no muy prometedora para una película: un joven se va a hacer senderismo solo, su brazo queda atrapado bajo una roca y lo deja contra el piso durante cinco días, hasta que se autoamputa el miembro.
Tan improbable como suena (piensen en una versión más sangrienta y claustrofóbica de Náufrago), así es el prólogo de la nueva película de Danny Boyle, 127 horas, protagonizada por James Franco. La película, que se estrena hoy en Estados Unidos ha sido un éxito en los festivales de cine de Toronto y Telluride, aunque en este segundo evento un espectador tuvo que ser retirado de la sala cuando se mostró muy nervioso por la escena de la amputación.
127 horas se basa en la experiencia real que vivió Aron Ralston, quien en el 2003 quedó atrapado en el Cañón Blue John en Utah, y en su libro de 2004, "Between a rock and a hard place". Boyle lo leyó y se sintió atrapado de inmediato, pero evitó los capítulos sobre la vida de Ralston y los procedimientos de las misiones de rescate.
"No soy un idiota", dice Boyle mientras se ríe. "Estaba alerta de los inconvenientes, pero la parte de la historia que me atraía más era la que consistía en contar qué se sentía al estar atrapado. Resolví que tenía que contarlo así y que la única forma de mostrar la amputación era literalmente incitarlo a hacerlo. Tenía que atrapar al espectador con él".
Boyle, quien hoy tiene fama por sus Oscar con el film ¿Quién quiere ser millonario? se acercó a Ralston en el año 2006 y fue rechazado al comienzo. "Creo que se imaginó un semidocumental del estilo de Touching the void", cuenta Boyle en alusión al docudrama de Kevin Macdonald de 2003, que trata sobre dos montañistas atascados. "Probablemente así de bueno. Eso fue antes de ¿Quién quiere ser millonario? y en ese entonces nadie me habría dejado hacer la película que yo quería. A veces, tener un poco de éxito hace la diferencia".
127 hours fue una película difícil de hacer, en parte porque Boyle insistió en un estilo de producción que equivalía a cortarse un brazo o al menos a atárselo a la espalda. "Sabía que no podía hacer esta película de una forma cómoda. Quería hacerla de una forma agotadora, comprimida y hasta pesada. Era la única manera en que podía hacerle justicia a la historia".
Eliminó la historia de fondo de Ralston, excepto por algunos fragmentos, cosa que significa que apenas aparecen otros personajes y el foco es en Franco, en primer plano, casi todo el tiempo. Y aunque el Parque Nacional Canyonland, donde la historia se desarrolla, es hermoso, la película se apoya poco en los escenarios. Hay menos pintoresquismo del que tenía ¿Quién quiere ser millonario?.
dureza. "Queríamos evitar que esto se convirtiese en una película de aventuras en tierras salvajes. Lo concebí como una película urbana. No hay paisajes. Este tipo no puede ver nada y bien podría estar en una mina", dice el director, y continúa con su reflexión. "Dicen que las películas son escapistas pero rara vez vemos una que no se ambiente en una ciudad. Vivimos en ciudades y vemos películas que tratan sobre ellas. En el fondo no toleramos películas que traten sobre el campo".
"Quise poner a James en las mismas experiencias que Aron tuvo, y por eso todos los demás las vivieron también" dice. "Nos pusimos mucha presión". La película se filmó rápidamente con casi todo el equipo trabajando siete días por semana. "Quería acercarme a la idea de hacerla en tiempo real, por eso quise eliminar los días libres de nuestra forma de trabajo".
Pero al menos una de sus estrategias para la filmación no funcionó. Para compensar todo lo que faltaba en el guión (un villano, un interés romántico, un alivio cómico) resolvió introducir cierto conflicto al contratar dos directores de fotografía. "Me imaginé que uno podía retratar lo bueno de James, mientras que el otro no y que lo podrían filmar de dos formas distintas". Al final, los estilos de los fotógrafos eran casi indiferenciables e incluso Boyle no podía distinguir uno de otro a la hora de hacer el montaje. "Fue como si James hubiese dirigido la fotografía", reflexiona.
"Tenía ciertos reparos al comienzo", dice Franco, "pero los dos directores de fotografía casi cumplieron el papel de otros actores. Estaba aislado allá y ellos eran las dos personas con las que tenía gran interacción. En cierto sentido éramos el equipo de actuación". Y aunque nadie lo había planificado, buena parte de la película fue filmada en tomas largas, algunas de hasta veinte minutos o más. "Normalmente soy muy controlador", dice Boyle. "Pero en esta película me decía todo el tiempo que debía aflojar, cosa que condujo a esas largas, largas tomas en las que James simplemente se vuelve loco".
Suttirat Anne Larlab, diseñadora de vestuario y de producción, recordó que Franco llegó a estar atrapado en la escenografía durante horas, siendo solo visitado por la maquilladora y por la persona que se dedicaba a borrar huellas. "Siempre tenía sus lecturas colocadas en la roca. Tenía un brazo atrapado y arriba tenía a su Proust o lo que sea que leía", cuenta. "Cada ubicación, cada toma, era increíblemente tediosa así que creo que mucha de la frustración que ves en la película es, en realidad, frustración real... Fue la mejor experiencia cinematográfica que he tenido. También fue la más dura para todos. Todos sentimos que era como una tortura física".
Larlab decía que "con Danny todo es un experimento hasta que se filma". Su próximo proyecto es una versión escénica del Frankenstein de Mary Shelley, contada desde el punto de vista del monstruo. Luego de eso tiene la tarea poco envidiable de supervisar la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres, que será inevitablemente comparada con la espectacular apertura de Beijing. "Me encanta lo inesperado", dice, "Y creo que uno tiene la obligación de renovarse. Supongo que podés darte con un límite, pero nunca lo descubrirás hasta que vayas hasta ahí. Amo la sensación de emprender algo que no tiene respuestas fáciles, así la gente te bombardea con preguntas".
Elogios y desmayos en sala
El explorador Aron Ralston se transformó en centro para los medios al momento de ser exhibida la película en el festival de cine de Londres. Allí se refirió a cuánto de verdadero presenta el film. "Es muy real en relación a lo que sucedió conmigo. En parte fue dramatizada, pero la ficción ayuda a entender aún más la agonía y la desesperación que sufrí durante aquellos cinco días". Igualmente tuvo palabras de elogio hacia la actuación de James Franco: "Es un excelente actor que entendió muy bien la intensidad de la situación".
Una escena del film (cuando Aron se corta el brazo para sobrevivir) provocó desmayos y huídas en la sala londinense.
El éxito abre puertas
127 horas
Un largo proceso
Boyle leyó el libro que cuenta la historia del ciclista que queda atrapado bajo una roca y poco tiempo después le planteó el proyecto de adaptación al protagonista real. Eso fue en el año 2006. Sin embargo tuvo que esperar tres años más, para cosechar los laureles que le trajo el Oscar y emprender este proceso.
¿Quién quiere ser millonario?
El premio que posibilitó todo
Esta película ambientada en India, aunque con producción británica, consagró a Boyle en todo el mundo gracias al premio Oscar y le permitió emprender el proyecto de 127 horas tal como quería hacerlo. Antes del éxito cosechado no encontraba modo de filmar esa historia.
Entre lugares naturales y escenarios muy incómodos
El primer impulso del realizador fue filmar 127 hours completamente en escenarios naturales. Eso no era práctico por el clima y porque el lugar donde Ralston quedó atrapado era demasiado remoto, alejado de las rutas y sin lugar para albergar un equipo de filmación. Igual filmó allí por una semana, pero también utilizó dos reproducciones exactas construidas en estudios. A diferencia de muchos escenarios de películas, que incluyen puertas o zonas desplegables para facilitar los accesos, estos fueron especialmente construidos para que la circulación por ellos fuese complicada. Las incomodidades que vivieron tanto el actor James Franco como el resto del equipo técnico fueron, en mayor o menor medida, parte del plan de trabajo de Boyle.