DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
Las encuestas dan mayoría en Diputados a los republicanos frente a los demócratas y una lucha ajustada en el Senado. La gente, muy desilusionada ante la crisis, vivirá un plebiscito sobre la actual administración.
Obama jugó su última partida pública de apoyo a los candidatos demócratas, vapuleados por las encuestas, enfrentando las cámaras en uno de los programa de mayor rating, dirigido por Jon Stewart, un "imán" para la juventud y los liberales. En un momento el gobernante desdibujó su habitual sonrisa, para clamar: "no soy el rey, soy el presidente".
El inquilino de la Casa Blanca había perdido en parte "la paciencia" y dejaba al descubierto que la catarata de interrogantes del conductor sobre la crisis económica, la alusión a la falta de cumplimiento de múltiples promesas pre electorales y el bajón en las encuestas de su popularidad, le irritaba que salieran a luz a escasas horas de las elecciones legislativas de "medio término" del próximo martes, 2 de noviembre.
"El cambio que me comprometí a brindar no va a suceder de la noche a la mañana, nunca me referí a un cambio que se pudiera hacer en 18 meses", se defendió Obama.
La casi unanimidad de los sondeos de opinión animan una ventaja segura para los candidatos republicanos a la Cámara de Diputados (se vota la totalidad de sus 435 miembros) y una pequeña diferencia a favor o una aproximación en el Senado (se elige un tercio de los 100 integrantes) integrada hasta hoy por 49 demócratas, 40 republicanos y 1 independiente. Se anuncia también que la oposición alcanzará mayoría entre los gobernadores de los 39 estados en pugna.
La gente espera dar una dura respuesta al gobierno y al poder político en general frente al desempleo que no exhibe índices de recuperación (16,9% desde hace cuatro meses), al alicaído mercado de la vivienda y las obligadas restricciones en el poder de consumo, el arma fuerte de siempre de la economía americana.
Y lo que definen como "ira contra la Casa Blanca", para otros es decepción frente a la figura de Barack Obama que tantas ilusiones despertó (ingresó a la presidencia con el 69% de popularidad y hoy no supera el 44%) y para un fuerte sector es desilusión absoluta del poder político, desde el Ejecutivo, Congreso y gobiernos estatales. Pero en toda la sucesión de malas nuevas que golpean en los hogares estadounidenses las responsabilidades caen sobre las espaldas del primer mandatario. Obama fue un fenómeno que despertó enormes ilusiones, movió multitudes y captó votos de la juventud, la mujer, afroamericanos y latinos, que miraban con indiferencia la actividad política y no se movían para emitir sus preferencias. Hoy ese electorado enfervorizado ha vuelto a su pasividad y se piensa que no irá a las urnas el martes (se estima una gran abstención) mientras los otros se moverán en busca del voto castigo, exigiendo el cambio que tanto se esperó durante casi dos años.
Los sondeos y los comentarios adelantan un vergonzante castigo sobre los candidatos al Congreso demócratas, aún con el respaldo de Barack Obama. Pero cuidado, las palmas no se dirigen tampoco a los asientos republicanos, las opiniones sobre los congresistas no superan el 17%.
En una reciente encuesta, la última que tomó estado público, realizada por el influyente "Washington Post" y la cadena ABC News, da un resultado general, favorable a los republicanos 49% contra 43% de los demócratas.
Pero hay un sector de la sociedad estadounidense bien definida en el rechazo a las medidas de la actual Administración. La poderosa y decisiva clase media, la más afectada por la crisis, uno de cada familia de cuatro personas, está en la actualidad sin trabajo y sin posibilidad de recuperarlo o ingresar a uno nuevo. Y la clase media ha sido siempre el "verdadero motor" de la primer potencia económica del mundo, la que consumía, vivía el "verdadero sueño americano", con su casa propia y la de verano, más de un automóvil, unas buenas vacaciones sin medir mucho el gasto, de 10 a 12 días y tenía las puertas abiertas al ingreso de sus hijos a una buena universidad. La excelente remuneración laboral y la facilitad de alcanzar créditos a largo plazo le aseguraban una vida placentera. En la actualidad la realidad es mucho más dura en todos los estratos de la sociedad, solo en Detroit, la región de los automóviles, se despidió apenas comenzó la crisis a 400 mil trabajadores, en pocos meses llegaron a los siete millones y en el año se ubican en 15 millones de personas sin empleo en todo el país.
Ante una situación de gran preocupación y de que pocos escapan a los golpes de la crisis, un nuevo grupo surgió en el panorama político, de los sectores neoconservadores del partido republicano. Se denomina "Tea Party", recordando el motín del té de 1773 contra la metrópolis inglesa cuando los colonos ante la amenaza de un impuesto lanzaron al mar un cargamento de té. El nuevo movimiento niega ser racista, violento o antiinmigrantes ilegales, aunque existen discursos y actitudes que obligan a pensar lo contrario. Pero la gente los sigue, han triunfado en múltiples internas frente a moderados candidatos republicanos y en los sondeos frente a los demócratas del martes, podrían lograr 20 escaños de diputados y 9 del senado. Un 14% de sus simpatizantes impulsa para liderarlos el nombre de Sarah Palín, la ex candidata a la vice presidencia.
La dos mayores sorpresas que podría protagonizar "Tea Party" apuntarían a ganar en Illinois, el estado de Obama, si el republicano Mark Kirk, con el 44% de apoyo derrota al hombre del oficialismo Alexi Giannoulias, con 41%. Y el otro terreno resbaladizo está en Nevada, estado dónde se hizo fuerte el actual presidente del Senado, Harry Reid, un influyente miembro del elenco de la Casa Blanca, que ve que los sondeos lo llevan a una posible caída ante Sharron Angle, una dama dura, de ultra derecha.
El martes sin duda el pueblo estadounidense plebiscitará la gestión de Barack Obama. Todo indica que el resultado podría ser catastrófico para el gobierno, pero la reciente gira que el mandatario, Michelle, la primera dama, y el ex presidentes Bill Clinton, realizaron por las regiones más sensibles a una derrota habría removido la fibra de votante y mejorado los niveles de aprobación.