J.L. AGUIAR
Varias "luces rojas" se encienden en el sector pesquero uruguayo, que ha visto menguar mercados, caer inversiones y disminuir la explotación de especies que hasta hace pocos años generaban divisas para el país. El gobierno no está a gusto en estas aguas.
Días atrás, en una reunión llevada a cabo en la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara), un dato preocupante quedó flotando como una nube en la sala que cobijaba a los principales actores de la pesca -armadores, sindicalistas y representantes del gobierno- en los últimos cinco años, 35 barcos, que representan un tercio de la flota, abandonaron la bandera uruguaya.
El dato -una, pero no la única "luz roja" en la industria-, fue expuesto en el marco de la inquietud que dejó entrever el gobierno sobre la caída de la inversión en el sector pesquero.
Las razones de esa deserción de barcos extranjeros, que han dejado a Uruguay sin una porción de mercado en Europa, Asia y EE.UU., son "multicausales" para el gobierno, y entre las causas menciona "la crisis económica" de los países consumidores.
En cambio, los empresarios, que son los que invierten, señalan la regulación que desde el año pasado obliga a contar con un 90% de tripulación uruguaya en los barcos pesqueros (antes la cuota era del 50%), y la excesiva conflictividad que registra el sector y que se ha acentuado en los últimos cinco años.
"¿Quién va a invertir cuando los sindicatos paran la flota durante los tres meses de la zafra para negociar los convenios colectivos?", se pregunta un empresario del sector.
Fuentes vinculadas a la Cámara de Armadores de Embarcaciones Pesqueras del Uruguay (CAPU) afirman que en las últimas dos décadas, la conflictividad supuso la pérdida de 1.600 días de trabajo para la flota pesquera de media altura: eso significa 5 años de trabajo perdidos.
"Nosotros tenemos que decirle a nuestros clientes en el exteior que no vamos a poder cumplir con nuestros compromisos, porque no tenemos la menor idea de cuándo va a terminar un conflicto. Eso lleva a que no se pueda acceder a mercados de más calidad y mejor precio. Siempre tenemos que resignarnos a vender en los mercados secundarios".
CARNADA POLÍTICA. Para dar una idea de la conflictividad del sector, un grupo de empresarios dedicados a la pesca de las especies más comunes del Río de la Plata -corvina, pescadilla y lenguado, entre otras- narraron los entretelones de la negociación colectiva que culminó el pasado septiembre, luego de tres meses de paralización sindical que afectó a buena parte de la industria.
"La plataforma con la que vinieron a negociar en abril, cuando se vencía el convenio, planteaba unos reclamos insólitos que escapaban a nuestro poder de decisión", explicaron.
En los folletos que distribuyó el sindicato de trabajadores del mar (Suntma) aparecían, entre otras aspiraciones, la creación de "un ente testigo en la pesca", el "desarrollo de la construcción naval", una "flota pesquera del Estado" y "una política económica al servicio del pueblo": todos temas políticos que dependían más del Presupuesto Nacional que de las empresas pesqueras.
El argumento para sostener esas reivindicaciones era que estaban "en el programa del Frente Amplio" (aparecen, con más visibilidad, en documentos del Partido Comunista, con el que Suntma tiene afinidad).
"En esas condiciones, no había forma de llegar a un acuerdo con el sindicato; no se llegó, y en consecuencia pararon la flota durante tres meses, de julio a septiembre, que es la temporada de zafra: el sector perdió exportaciones por 30 millones de dólares", indicaron las fuentes empresariales consultadas por El País.
REDES SINDICALES. Carlos Vega, dirigente del Suntma, admitió que los reclamos políticos formaban parte de la plataforma del conflicto, "pero en ningún momento dijimos que si no se creaba una flota estatal no salíamos a trabajar". Aunque, de hecho, los barcos quedaron amarrados en los muelles.
Vega sostiene que "nadie hace un conflicto porque sí; todo tiene un porqué". Y reconoce que esta conflictividad "afecta a las empresas y afecta al país, pero los trabajadores somos los que más sufrimos, porque vivimos del salario de todos los días".
Los empresarios entienden que no es el sindicato el más perjudicado con los paros, sino centenares de trabajadores que sirven a la industria y, de rebote, "se comen un garrón de tres meses en el seguro de paro".
"Se da una situación injusta: cada vez que para el Suntma, se quedan sin trabajar los obreros de otras pequeñas industrias relacionadas con la pesca: los que manufacturan redes, los que cargan los camiones, los que fabrican hielo para los barcos, los obreros de las plantas procesadoras de pescado... La diferencia es que el personal embarcado gana en promedio unos 1.500 dólares por mes, y hace parar a los obreros de las plantas que ganan 40 pesos la hora y que, para sobrellevar un conflicto de tres meses, terminan haciendo sacrificios personales, vendiendo la heladera de la casa, dejando de pagar la luz. Son verdaderos dramas, y todo porque los marineros no salen a pescar en reclamo de una flota pesquera del Estado…", afirman empresarios.
¿Por qué una flota pesquera estatal? El sindicato arguye que ello permitiría bajar el precio del pescado en el mercado interno.
Los empresarios consultados tienen otra idea: "Quieren transformar a los pescadores en funcionarios públicos a bordo de los barcos. Esa es la razón".
riqueza piscícola. Para muchos lectores, introducirse en el mundo de la pesca industrial es adentrarse en mares oscuros y poco explorados. Algunos apuntes permitirán aclarar esas aguas.
La pesca significa hoy para el país una riqueza de 200 millones de dólares al año en exportaciones. Cuando comenzó a implementarse una política de desarrollo del sector, en 1975, las ventas al exterior representaban apenas el 0,89% de todas las exportaciones (US$ 3.000.000). Hoy esa cifra es 700 veces mayor y representa el 3,35% del total de exportaciones uruguayas (en 2002 había alcanzado el 6,63%, su mayor expresión).
Aproximadamente 90 embarcaciones componen la flota industrial que tiene tres grandes áreas de explotación: la zona común de pesca compartida con Argentina, con 33 barcos de media altura, y otro grupo de embarcaciones de altura que pesca en el Atlántico y en aguas internacionales (merluza, abadejo y una amplia gama de especies).
Brasil, España, Italia y Nigeria se destacan entre los compradores de nuestros productos de mar. Otros países, como China y Estados Unidos, han reducido sus compras, y una de las razones de ello es la nueva regulación que comenzó a discutirse en 2008, por presiones del sindicato, y que se aprobó el año pasado.
Anzuelos legales. La ley 18.498 estableció que el porcentaje mínimo de tripulantes uruguayos en los buques de pesca, ya sean coreanos, chinos o españoles, debe ser del 90% (el sindicato pretendía elevar la cuota al 100%, pero no se lo llevaron).
Los empresarios pesqueros extranjeros que utilizaban la bandera uruguaya comenzaron a desertar, dejando de capturar especies que Uruguay exportaba a distintos mercados.
Víctimas de esa legislación fueron, entre otros, el calamar (que pasó de 16.000 toneladas de captura en 2006 a 1.585 el año pasado); la anchoíta (que descendió de 12.890 a 5 toneladas en el mismo período), y el atún ojo grande (de 61 toneladas prácticamente a cero).
El sindicalista Carlos Vega no cree que la legislación sea la causa de la caída de exportaciones, aunque admite que el Suntma "esta dispuesto a discutir modificaciones y excepciones" a la ley de tripulantes.
Uruguay corrió el riesgo de resignar cupos de capturas en aguas internacionales, que le corresponden por convenios, al no contar con las flotas que antes se dedicaban a determinadas especies, como el atún.
Para no perder esos cupos -y esto es paradójico- el gobierno resolvió contratar a barcos de bandera japonesa, con tripulación exclusivamente asiática, que hoy pescan atún en nuestras aguas para cumplir con la cuota uruguaya.
Una costosa operación permitió a Fripur liberarse del sindicato
Como los mineros atrapados en Chile, 33 son los barcos que componen la flota pesquera de media altura que echa sus redes en el Río de la Plata. Pertenecen a una docena de empresas, todas uruguayas. Es en ese sector donde se da la mayor agitación sindical.
La pesca de altura está prácticamente dominada por Fripur, la empresa de mayor porte del país, que no registra conflictividad interna porque en los años 90 logró desarmar al sindicato mediante una operación muy costosa que supuso millonarias indemnizaciones por despidos. A partir de entonces se dividieron las aguas empresariales.
Hoy Fripur trabaja con personal no sindicalizado a bordo de una flota de 16 barcos enfocados en la pesca de la merluza. No participa de los convenios del sector, mientras que los 33 barcos de media altura y algunos otros que integran la Cámara de Armadores Pesqueros del Uruguay (CAPU) siguieron firmando los convenios como lo hacían desde 1985.
"Cuando se desató este año el problema con Suntma, una de las reivindicaciones era que los armadores afiliados a CAPU presionáramos a Fripur para que firmara el convenio como el resto del sector", señaló una fuente de la Cámara.
"Al final, fueron nuestros barcos los que sufrieron los paros del sindicato, mientras que Fripur operó sin problemas".
Después de tres meses de parálisis, el sindicato volvió a hacerse a la mar a fines de septiembre sin haber conseguido ni uno solo de sus propósitos: ni flota pesquera estatal, ni ente testigo, ni que Fripur accediera a firmar el convenio.
Pero se dejaron de recoger 20.000 toneladas de pescado en plena zafra.
Las cifras
90% es el porcentaje de tripulantes uruguayos que deben integrar los buques pesqueros de bandera nacional; hasta 2008 era el 50%.
88 fueron los días que estuvo parada este año la flota pesquera, en plena zafra, por la discusión del convenio con el sindicato.
Vistazo a un sector en problemas
Deserción
En los últimos cinco años 35 barcos abandonaron la bandera uruguaya: un tercio de la flota.
Conflictividad
Un promedio de 80 días de trabajo por año se pierden por causas gremiales, según empresarios.
Pérdidas
Treinta millones de dólares fueron las pérdidas derivadas de tres meses de conflicto este año.
Suntma
El sindicato reclama una flota pesquera estatal y la creación de un "ente testigo" en el sector.
Capturas
La deserción de pesqueros redujo la captura de varias especies, como el atún o el calamar.
Riqueza
En 2009, la pesca exportó por valor de 180 millones de dólares, según datos preliminares.