Un grupo de científicos descubrió por qué el estado de enamoramiento puede actuar como un analgésico potente para aliviar el dolor. La explicación se encuentra en las zonas cerebrales ricas en dopamina, una sustancia clave en el mecanismo de sensación de bienestar que promueve ciertos comportamientos. Enamorarse estimula la vía de recompensa del cerebro, como lo hace una droga adictiva.
Especialistas en dolor descubrieron que si alguien que vive un intenso romance mira una foto de su objeto de amor mientras es golpeado o pinchado, siente menos dolor. Para comprobarlo, quince personas se sometieron a una serie de pruebas en las que los investigadores los tocaban con varas calientes para provocarles un dolor moderado.