MINA SAN JOSÉ | El Campamento Esperanza, donde los familiares esperaron casi 70 días la salida de sus 33 hombres, va quedando vacío tras el rescate de los mineros el miércoles, pero no se ha desmantelado porque los rescatados quieren visitarlo el fin de semana.
Esta especie de pequeño pueblo que brotó entre los residuos de roca de la faena minera que rodea el perímetro de la mina San José y que llegó a albergar unas 3.000 personas, empezó a achicarse ayer, cuando cientos de periodistas con tiendas de campaña y casas rodantes emprendieron retorno a casa o rumbo a Copiapó.
No obstante, las familias de los mineros, además de cumplir con la promesa de que nadie abandonaría el campamento hasta que saliera el último de los 33 atrapados, decidieron prolongar su estadía en este lugar, emplazado en pleno desierto de Atacama, por unos días más.
"Estábamos guardando todo para regresar a nuestra ciudad, porque vivimos lejos. Pero nuestros mineros dijeron que querían venir acá el domingo, y conocer cómo los apoyamos y cómo vivíamos. Así que, si hemos pasado 70 días acá, podemos quedarnos 3 días más para esperarlos como se merecen", dijo María Segovia, hermana del minero Darío Segovia.
María, denominada por los demás familiares como la alcaldesa del campamento Esperanza, recuerda que todas las familias han cumplido su promesa de quedarse hasta el final. "Prometimos no irnos hasta que saliera el último minero. Porque es fácil que salga el familiar de uno e irse, pero no, aquí hay amor y hay amistad. Entonces ahora nos quedamos tres días más", precisa.
En uno de los cerros que rodea la mina, todavía flamean las 33 banderas en homenaje a cada uno de los mineros, que fueron colocadas por las familias cuando se inició su búsqueda y aún no se conocía si estaban vivos o muertos. Aún retumba el sonido de los generadores eléctricos instalados y el comedor sigue abierto, aunque la tensión se va diluyendo. AFP