Secreto a voces

Ricardo Reilly Salaverri

El secreto bancario es una expresión del derecho a la privacidad de las personas y los agentes económicos respecto de su intimidad legal, tecnológica, económica y financiera. Es un valor llave. Por ser dueños de su dominio disputan en el mundo muchos países, entre los que destacan los anglosajones, que maniobran dentro del gremio fundado por los grandes y más ricos estados, la OCDE, ahora ampliada con nuevos socios. Tratan de perjudicar la reserva profesional en otros países -empezando por Suiza- mientras nada hacen dentro de recintos de su zona de influencia. Basta preguntarse quiénes son los principales fabricantes y distribuidores de armas y consumidores de cocaína y heroína en el planeta, para concluir en que el movimiento de capitales y el lavado en serio de los capitales más grandes del mundo se realiza a través de los instituciones financieras de las principales potencias mundiales.

Hay tontos -entre los que se cuentan unos cuantos compatriotas- que aplauden cantos de sirena que se emiten desde el exterior, que concluyen en que nuestro país -la República Oriental del Uruguay- es poco menos que un centro universal de lavado y manejos de plata negra de origen criminal. Así, toda operación económica de más de diez mil dólares está sujeta a severos controles, mientras que por los principales bancos del mundo y su entramado de paraísos fiscales tolerados, sólo de drogas circulan anualmente algo así como 1,5 billones de dólares (U$S 1.500.000.000.000). Y de armas, no hablemos. Los que saben son los Estados Unidos, Rusia, China y algunos colegas industriales más del ramo.

Otro tanto ocurre con la evasión fiscal, que -por ejemplo- respecto de México encuentra colaboradores gratos en los bancos del Estado de Florida. Y, con complacencia norteamericana se dejan pasar abusos extraordinarios en materia de evasión -sin observaciones- en las islas Caymán y otras islas del Caribe (mientras que sociedades off shore y bellezas afines abundan en Delaware y otros estados norteños).

En el caso de Suiza, rival principal de las apetencias financieras anglosajonas, si bien ha conocido presiones de las autoridades de Estados Unidos de América y sobrelleva otras de Alemania requiriendo mayor colaboración respecto de información financiera, no existe revelación del secreto bancario respecto de residentes en Suiza, y cualquier pedido de informes del exterior pasa por un severo tamiz, que supone un análisis exhaustivo de los respectivos pedidos por las autoridades suizas competentes.

Acá se quiere vender a la opinión pública -proyecto de ley mediante- que Uruguay debe salir de la "lista gris" de OCDE y brindar abierta información bancaria al extranjero. Pero, la verdad de la milanesa es que lo que el gobierno quiere es dar facultades irrestrictas a la Impositiva, con el disfraz de una parodia de actuación judicial como garantía de los denunciados, para actuar contra los residentes en el país y recaudar más impuestos. Básicamente, por medio de la mentira del impuesto a la renta de las personas físicas, grosero impuesto a los ingresos brutos de la clase media.

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