Concentrar el atraso

El semanario Búsqueda da cuenta de una reunión sobre la concentración de la propiedad de la tierra en la que expusieron dos integrantes del MPP, principal sostén político del gobierno y fuerza mayoritaria del Frente Amplio: el subsecretario de Ganadería Garín y el senador Agazzi. Allí se escucharon múltiples planteos, a cuál de ellos más viejo y superado, tales como por ejemplo cobrar un impuesto a las grandes extensiones, volver a las detracciones, retener ganancias extraordinarias -a juicio de quién-, etc. Planteos similares por su edad geológica se escucharon también esta semana procedentes del partido comunista, el otro sostén del gobierno, que desde el museo plantea revivir el Frigorífico Nacional (1928), el SOYP, así como -nada menos- descartar la alternancia de los partidos en el poder.

La preocupación del gobierno por un fenómeno mundial no se extiende a otras concentraciones: la molinería de trigo la domina una sola empresa; la elaboración de aceite también y es socia de ALUR; la lechería casi una sola empresa; el arroz una sola con el 50%; la malta una sola; el azúcar dos. En el agro los rubros que verdaderamente compiten son la lana y la carne vacuna, con libre exportación de sus materias primas y un jugador dominante en la industria frigorífica que no llega al 25% de la faena. Y quedan los monopolios públicos que no por ser estatales, está demostrado que todos sirvan al bien común.

El ministro de Ganadería, siempre ambiguo en estos temas difíciles para su navegación dentro del gobierno, no debe haber quedado muy contento con las expresiones de su ladero justo el día antes de su apoteosis en el Parque Hotel del pasado viernes, donde en parte desautorizó a Garín.

Sobre este tema de la concentración de la propiedad de la tierra vamos a dar un consejo. Proponemos revisar las cifras de los censos agropecuarios y reparar en lo reportado en el año 2000, que da cuenta de lo ocurrido en la década del 90. Sobre este período se difunde muy poco lo que ocurrió: que la propiedad de la tierra, no solo no se concentró más, sino que aumentó el número de productores pasando de 54.816 a 57.131. El propio redactor del censo comenta que se trata de un resultado inesperado -no lo es para un buen observador- que como desmiente una cantidad de interpretaciones y planteos de las diversas formas de socialismos vernáculos, simplemente se lo ignora. Pero es la realidad. En la década del 60 y del 70 cae en cada una el número de productores un 10%, en la del 80 un 15%, y en la del 90 no solo se revierte el fenómeno sino que los productores más chicos crecen un 43%. Estas son las cifras. Puede decirse que fue una casualidad -un absurdo- o que los gobiernos no tuvieron nada que ver -otro absurdo- pero lo que no se puede es negar lo que ocurrió.

La propuesta incluye analizar si acaso no habrá allí algo para que aprendan quienes tanto nerviosismo ostentan. A propósito el semanario incluye una gráfica con el crecimiento en la extensión promedio de las explotaciones agrícolas, lo que no tiene nada que ver con la concentración de la propiedad de la tierra. En efecto y como se sabe, también como consecuencia de una reforma de los 90 -la de los arrendamientos rurales- las grandes explotaciones agrícolas lo son esencialmente bajo la modalidad de arrendamiento, no de propiedad. Por otra parte no es tan claro en nuestra opinión que esta se esté concentrando hoy: no sería lógico dados los valores por ella alcanzados. Y a menos que a las sociedades anónimas se las considere como un solo propietario, lo que resultaría un disparate, y tal vez aún así, no parece tan claro que se esté concentrando la propiedad.

Es cierto que si se concentran en un solo centro de decisión el poder económico y el político, las democracias sufren. Pero esta concentración se da más en el estado socialista que en cualquier otro sistema, y eso es lo que hay que combatir en los monopolios privados o públicos, en las intervenciones oficiales. Hay que defender una propiedad privada bien definida y sobre todo bien difundida, como prenda de estabilidad de las democracias, sin mirar con anteojeras solo a la tierra, y menos para proponer medidas que demostraron en el país su más absoluto fracaso.

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