Falta de seguridad, carencia de confianza en la relación con los otros y la no perdurabilidad de los vínculos son algunos de los efectos posibles que el psicólogo Roberto Balaguer señala como consecuencia del abandono, una situación que tienen en común numerosos chicos que viven en los hogares del INAU. Balaguer aclara que estos efectos "dependen mucho de las características personales" y que existen "una cantidad de variables" que los facilitan o no.
Al estar bajo la tutela del Estado, para el profesional "la dificultad es encontrar referentes adultos, es decir, que funcionen con el rol de cuidado y también de modelaje de buenas actitudes o de buenos valores".
"En muchos casos se da que se sienten cuidados, desarrollan habilidades de autocuidado y de cuidado de los otros. Esas funciones de contención, de modelaje, se pueden ejercer aunque no la ejerzan los padres", explica, haciendo referencia a los tutores a cargo de los menores en estos hogares.
La cultura que predomine en el hogar ejerce influencia en el desarrollo del adolescente, sobre todo en esta etapa en la que los grupos de pares tienen peso: "Si estamos hablando de un hogar donde predomina una cultura más de salir adelante, de solidaridad, de trabajo en equipo, eso va a ir modelando y va a ir ejerciendo efectos en aquellos que están más por fuera de esa norma, los va a ayudar a encarrilarse mejor", observa Balaguer. Por el contrario, "si hay una cultura de destaque por hacer las cosas mal, se va a potenciar eso porque las formas de diferenciarse o de adquirir estatus e identidad van por ese lado. Tras la vulnerabilidad y las fragilidades que tenés, es un caldo de cultivo para que todo lo negativo se potencie más", agrega.
"Todas esas variables, en más o en menos, van a ir variando las posibilidades, no el futuro, pero sí van a ir abriendo o cerrando posibilidades. La situación, cuando hay abandonos prematuros, siempre genera una vulnerabilidad importante pero no es determinante", sostiene.