Después del propio presidente Luis Inácio Lula da Silva, Dilma Rousseff fue durante los últimos años la persona más influyente de la economía más grande de América Latina. Nacida en diciembre de 1947, fue desde guerrillera hasta jefa de ministros.
Como para dejar a los opositores sin armas, el primer día de campaña Rousseff abordó su pasado guerrillero, explicando que de joven había tomado las armas porque creía que esa sería la mejor manera de luchar por la justicia en su país.
Dejando atrás su infancia en una familia de clase media acomodada, la petista integró dos organizaciones armadas clandestinas de oposición a la dictadura militar, el Comando de Liberación Nacional y la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares. Fue arrestada en enero de 1970.
La ficha que tenía la dictadura la llamaba la "Juana de Arco de la Subversión". Durante sus primeros 22 días de reclusión fue torturada para que revelara nombres de otros militantes y, aunque inicialmente la habían condenado a seis años de prisión, fue liberada en 1972.
A inicios de la década de 1980 participó de la refundación del Partido Laborista Brasileño -el PDT de Leonel Brizola- y en 1986 abandonó esa agrupación y se sumó al Partido de los Trabajadores (PT).
Se acercó a Lula en 2001, cuando el PT organizó grupos para elaborar propuestas de gobierno para las elecciones de 2002. Ella integró el equipo que estudiaba el sector energético.
"Apareció una compañera con una computadorita en las manos. Comenzamos a discutir y percibí que había algo diferente con ella. Entonces pensé: `Creo que ya encontré a mi ministra de Energía", recordaría más tarde Lula, que sorprendió cuando la nombró titular de la cartera que reorganizó el sector eléctrico y modernizó el segmento del petróleo. En 2005 Rousseff se convirtió en la jefa de Gabinete, tras el escándalo de corrupción que pulverizó la dirigencia del PT, acusada de sobornos en el Congreso.
El vicepresidente José Alencar, uno de los más firmes defensores de la delfina de Lula, la definió como "brava". Son varios quienes dicen que su carácter es "explosivo", e incluso los que la han acusado de humillar a ministros y auxiliares en público. Este carácter, sumado a las tareas que desempeñó, le valieron el apodo de "Dama de Hierro" de la política brasileña, mote que defendió cuando en 2009 superó un cáncer linfático que la atacó hasta septiembre.
Se divorció dos veces, primero de Claudio Linhares y luego del también ex guerrillero Carlos de Araújo, con quien tuvo a su única hija: Paula. En septiembre nació Gabriel, su nieto.
Nueva imagen gracias al bisturí
A principios de 2009, Dilma Rousseff se sometió a una cirugía plástica de párpados y para el rejuvenecimiento facial bajo la atención de Renato Viera, el mismo que operó a la actriz española Sara Montiel.
El resultado fue un rostro con una piel mucho más lisa y nariz estilizada que la rejuveneció unos 10 años (tiene 63). Hasta Ivo Pitanguy, uno de los mayores cirujanos plásticos del mundo, aplaudió la transformación.
Al bisturí le siguieron las tijeras de Celso Kamura, el peluquero preferido de las modelos y celebridades brasileñas, que le dio un corte más moderno y le cambió el color de pelo a un tono más rojizo. Por otra parte, la primera dama, Marisa Leticia Da Silva, le prestó a su cosmetóloga, Ivette Leloir, para que la maquillara.
El consultor político Joao Santana, que organizó la campaña de Lula Da Silva en 2002, fue quien se encargó de los cambios de imagen de su sucesora, a quien convenció de ponerse lentes de contacto en vez de gruesos anteojos, y de que cambiara su vestuario monocromático para usar más tailleurs de lino y seda con vivos colores.
Aunque Rousseff se rehusaba en un comienzo a cambiar su imagen, el que la convenció fue el mismo Lula, que ya había tenido experiencia en el tema: tras haberse lanzado tres veces sin éxito al Palacio del Planalto como un líder sindical duro, en 2002 se recortó la barba, bajó de peso, comenzó a usar trajes elegantes y, luego, ganó. LA NACIÓN/GDA