ALFONSO LESSA
Por un momento en Uruguay las discusiones sobre el Presupuesto y otras rencillas locales quedaron postergadas por la crítica situación planteada en Ecuador.
Hubo, de parte de todos los sectores políticos, un rápido rechazo y mientras el canciller Almagro hacía pública desde Nueva York la postura oficial, el presidente Mujica viajaba a Buenos Aires para apoyar junto a otros mandatarios a Correa y a la democracia ecuatoriana.
La capital argentina mostró los reflejos de mandatarios decididos a respaldarse mutuamente: el hecho tiene un valor mayor si se tiene en cuenta que en torno a la misma mesa y con igual actitud estaban presidentes de diferente signo ideológico.
La historia demuestra que los contextos internacionales pueden ser determinantes en el éxito o el fracaso de una situación como la que vivió Ecuador. Hoy fue la Unasur la que reunió y expresó la voluntad de los mandatarios regionales. En un pasado bastante reciente fue en Paraguay que fracasó un golpe del general Lino Oviedo, con un papel determinante del Mercosur y de la Unión Europea. Y en un pasado más lejano fueron otras organizaciones como el Grupo de Río o Contadora y su Grupo de Apoyo los que jugaron papeles protagónicos en procesos de democratización o la búsqueda de paz; así como el respaldo mutuo de los presidentes en las transiciones. Lo fundamental es, entonces, la actitud de los gobernantes y su convencimiento democrático.
Los hechos de la última semana expresaron el reconocimiento del valor de la democracia política, más allá de que en algunos países -incluso entre los que apoyaron a Correa- existan síntomas preocupantes que hacen a la esencia democrática: desde el respeto sin excepciones de la voluntad popular, a la más absoluta libertad de expresión y el acatamiento a la separación de poderes.
Lo ocurrido en Ecuador deja muchos elementos para el análisis, pero uno de ellos -del que Uruguay sale ampliamente favorecido- es la persistencia de diferencias en América Latina en relación a la firmeza de las instituciones y los sistemas de partidos.
El violento levantamiento contra Correa impacta, pero no puede sorprender: desde 1996, producto de conspiraciones diversas, desfilaron ocho presidentes en Ecuador.
Uruguay ha vivido en las últimas semanas momentos de tirantez por la discusión presupuestal, en particular en relación a las Fuerzas Armadas y los funcionarios públicos. Pero las discusiones se han procesado del mismo modo que en los últimos 25 años: dentro de canales democráticos que incluso prevalecieron en un momento tan crítico como la crisis de 2002, mientras en Argentina se sucedían los cambios presidenciales.
Uruguay posee un sólido sistema de partidos y esa es una de las claves de la estabilidad que ha logrado sortear todo: incluso algunos discursos confrontativos que desde polos opuestos, a veces parecen tener nostalgia de los momentos oscuros que el país padeció hace no tanto tiempo.