CARACAS | THE NEW YORK TIMES
Tras años de ejercer la política como un deporte de contacto, los resultados de las elecciones legislativas del pasado domingo obligarán a Chávez y a los opositores a debatir en un sitio insólito: una atribulada institución de Venezuela, el Congreso.
Al ganar un tercio de los escaños en la Asamblea Nacional y cerca de la mitad del voto popular, la oposición mostró que puede aprender de errores pasados, como boicotear las elecciones de 2005, que terminaron por fortalecer a Hugo Chávez y sus aliados radicales, así como que podía abrirse camino para regresar de su exilio autoimpuesto a la legislatura.
En términos prácticos, los escaños que ganó la oposición le permiten bloquear legislaciones cruciales y jugar un papel en la determinación de la integración de importantes organismos, como la Suprema Corte, ahora llena de partidarios del Presidente. No obstante, más allá de eso, las elecciones también proporcionaron una visión de la viabilidad y dirección del movimiento político de Chávez, que ha estado en el poder los últimos 12 años.
Algunos de los análisis más reveladores de los resultados electorales provienen de gente leal al propio Chávez. En Aporrea, un influyente sitio web pro chavista, artículos publicados el lunes incluían títulos como: "¿Ganamos?" y "¿Cómo se perdió Anzoátegui?, o "¿Cómo se perdió Sucre?" Estos dos se refieren a dos estados otrora bastiones pro gubernamentales en los que ganó fácilmente la oposición.
Johnny Alarcón Puentes, un académico prochavista en Zulia, el estado rico en petróleo en el occidente de Venezuela donde también les fue bien a los candidatos de oposición, expone en Aporrea una diversidad de razones para el resultado. Los programas gubernamentales contra la pobreza en Zulia, dice, "claramente se están deteriorando, sin la eficiencia y calidad de años anteriores".
Otros problemas pesaron sobre el electorado, incluidos el aumento en los homicidios, una desaceleración económica y una burocracia maleducada que transforma en experiencia terrible las necesidades cotidianas, como sacar un pasaporte o tramitar las prestaciones de las pensiones. "Simplemente, hay tanta corrupción en este momento", señaló Aníbal Ricci, de 19 años, un estudiante que votó en Petare, zona de barriadas en Caracas. "Nadie puede quedarse en la casa y no votar, dado lo que está en juego".
A pesar de una alta participación electoral en todo el país, la oposición aún enfrenta una lucha cuesta arriba en varios sentidos.
Como ejemplo de estos retos, dirigentes de oposición señalaron su propio conteo de votos, basado en el recuento distrito por distrito, que, dijeron, muestra que su coalición ganó cerca de 52% del voto popular en todo el país. Chávez, al hablar con reporteros extranjeros el lunes por la noche, cuestionó ese conteo, sosteniendo que incluye votos que ganaron partidos pequeños no incluidos en la coalición. Dijo que su partido ganó por un margen estrecho a la oposición en el voto popular, con 5.422.040 contra 5.320.175 votos. El Consejo Nacional Electoral todavía tiene que anunciar formalmente los totales nacionales.
Entre tanto, los aliados de Chávez conservaron el control de la Asamblea Nacional, aunque no con una súper mayoría; en parte, lo lograron al reorganizar los distritos este año para darle mayor representación a los estados rurales escasamente poblados. Venezuela, claro, no es precisamente el único lugar donde un partido en el poder mantiene su control mediante maniobras. Al haber conservado la mayoría legislativa, los partidarios de Chávez declararon su victoria, aunque en un lenguaje apagado. Aristóbulo Istúriz, un funcionario senior del Partido Socialista Unido de Chávez, dijo que los escaños que ganaron sus candidatos "son suficientes para garantizar la defensa del comandante Hugo Chávez".
El presidente y sus aliados aún controlan cada institución federal significativa en el país, incluidas la Suprema Corte, PDVSA, la fiscalía general y la oficina del ombudsman de derechos humanos. La burocracia también se ha expandido con docenas de expropiaciones y nacionalizaciones nuevas de corporaciones privadas.
Con su recién ganado punto de apoyo en la Asamblea Nacional, algunos integrantes de la oposición alardearon que las elecciones representan un momento decisivo en la política venezolana. Enrique Mendoza, dirigente de oposición, dijo a Globovisión, cadena de televisión crítica del gobierno, que los resultados son "el comienzo del fin para Chávez".
Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano en Washington, señaló que antes de llegar a ese punto, la oposición enfrenta dos tareas cruciales. La primera es encontrar un líder atractivo que pueda articular una visión para una Venezuela post-Chávez, que incluiría a los partidarios del Presidente. "La segunda", dijo, "es desarrollar ideas políticas serias para encargarse de una gama de problemas, particularmente los delitos en aumento y el deterioro económico".
Otro reto importante para la oposición es, claro, Chávez, quien sigue siendo con mucho el político más influyente de Venezuela. Ningún otro partido rivaliza con él en alcance nacional ni tiene a su disposición los recursos del gobierno. Y ningún otro político está tan identificado con el esfuerzo por hacer ascender a los pobres.
Pero Luis Miquilena, un ex asesor de Chávez, señaló que los resultados expusieron la vulnerabilidad del Presidente, en especial porque ambos lados habían enmarcado a la votación como un plebiscito de su presidencia. "Lo que ahora importa son las fuerzas que pueden afectar las posibilidades de Chávez entre hoy y el 2012", dijo sobre la próxima elección.
Las cifras
98 La cantidad de bancas que consiguió el partido de Hugo Chávez, de las 165 que estaban en juego. La oposición logró 65.
100.000 La diferencia de votos que existe entre el oficialismo y la oposición, según los datos de los comicios divulgados hasta ahora.
Polémica por la ley electoral
CARACAS | Hugo Chávez está enfadado, muy enfadado. Los resultados electorales del domingo le han torcido el gesto. No tanto por la resurrección de la oposición -que logró 65 diputados de los 165 en juego-, ni siquiera porque los 98 obtenidos por su partido no son suficientes para legislar a su antojo, sino porque la forma de ganar, mediante una ley electoral diseñada a su medida hace solo un año, ha dejado al descubierto su particular manera de usar la democracia. El enfado de Chávez se desató en la tarde del lunes, ante una pregunta de una periodista venezolana.
Más que una pregunta, era "la" pregunta: "La diferencia entre los votos obtenidos por su partido, el Partido Socialista Unido de Venezuela -PSUV-, y los que ha logrado la Mesa de la Unidad Democrática -MUD- es de apenas 100.000. Y es difícil de entender que habiendo obtenido casi el mismo número de votos, la oposición haya alcanzado 33 escaños menos que el PSUV. Me pregunto si se estaría confirmando la tesis de la oposición que sostiene que la redistribución de los circuitos electorales se hizo con la intención de favorecer al PSUV o que quizá el voto del PSUV vale por dos…" ¿Qué le respondió Chávez? Nada.
Tal vez porque no había forma de hacerlo: con la ley anterior y estos mismos resultados, el PSUV y la MUD hubiesen empatado a 80 diputados. Pero él reformó la ley de tal forma que en las zonas más proclives a su gestión un diputado necesite menos votos que en las demarcaciones donde nunca ganó. El resultado es claro: una victoria de 98 a 65 con igual número de votos. EL PAÍS DE MADRID