WASHINGTON | En un momento decisivo de su presidencia, Barack Obama despidió a Rahm Emanuel, que le sirvió para conectarse con los centros de poder en Washington, y nombró para el mismo cargo de jefe de Gabinete a Pete Rouse, un integrante de su más íntimo círculo de asesores. El movimiento sugiere el intento de Obama por recuperar los valores que hicieron de él un candidato excepcional.
Por la personalidad y la trayectoria de Emanuel y de Rouse puede deducirse que, con el relevo, ganan la izquierda y los viejos amigos del presidente, y pierden los abogados del bipartidismo y el centrismo; gana armonía la Casa Blanca, pero pierde brillantez el país.
La salida de Emanuel- que irá como candidato a alcalde de Chicago- es más significativa sobre el rumbo de los acontecimientos que la entrada de Rouse que, tras de más de 30 años en Washington, poca gente conoce su nombre. Ha estado en la Casa Blanca durante los últimos 2 años, pero, como siempre, en un papel oscuro, dedicando su tiempo principalmente a corregir los errores de otros. "El dicho más frecuente en la Casa Blanca es: `Deja que lo arregle Pete", recordó ayer Obama con humor al presentarlo.
No puede garantizarse que este cambio, precedido por el de tres asesores económicos también de centro, suponga inmediatamente un aumento del peso de la izquierda en esta Administración, ya que Obama es por naturaleza un moderado inclinado a escuchar a ambos lados. Pero sí es previsible que la necesidad de reflotar la imagen del presidente después del casi seguro triunfo republicano en las elecciones de medio término de noviembre se acentúe la oratoria progresista.
David Alxerod, principal consejero político de Obama, anunció que dentro de un año o un año y medio dejará su cargo para dedicarse a la campaña de reelección y es evidente que esa es la preocupación principal en el entorno del presidente.
Si ha sido difícil legislar hasta ahora, tras los comicios del 2 de noviembre va a ser prácticamente imposible que Obama consiga las mayorías necesarias para sacar adelante leyes como la reforma migratoria, energética, educativa o sobre el cambio climático. Y entonces todo se centrará en salvar la imagen del presidente ante el bloqueo. EL PAÍS DE MADRID