RICARDO REILLY SALAVERRI
Salvo los impulsos del gobierno nacionalista que presidiese el Dr. Luis Alberto Lacalle (1990-1995), que permitió la construcción de la doble vía (gracias a la denostada, entonces, concesión a privados de obra pública, el hotel casino privado Conrad -ídem- y abreviando el aeropuerto internacional de Laguna del Sauce, también construido con capitales privados) no hubieron políticas de Estado o de gobierno tendientes a promover a Punta del Este, receptor de divisas, centro de empleo de decenas de miles de compatriotas e impulsor generoso de recaudación tributaria.
La temporada de verano cada vez es más corta. Supo ser de por lo menos dos meses, con familias que venían del exterior, particularmente de Argentina, y se radicaban. Hoy el pico de asistencia se da en los primeros quince días de enero y después lo que pasará es un albur.
Héroes de la jornada son los hoteles y restoranes, entretenimiento cotidiano del balneario, que no conocen de estímulo gubernamental alguno, ni tributario en el verano y mucho menos durante el año. Por el contrario, las oficinas recaudatorias a cada rato los pasan a degüello mientras los empresarios gastronómicos se "divierten" con las reclamaciones laborales amparadas por un régimen jurídico de trabajo absurdo (este año han cerrado varios negocios).
¡Ah!, los juzgados, por otra parte, en el mes pico -enero- están de feria. Pero... a pesar de los ojos cerrados de los gobernantes, por ahora Punta del Este sigue andando.
La inversión atlántica mayoritariamente proviene de la República Argentina, en casi un 80% (decir que excede los US$ 10.000 millones puede ser conservador). Argentina no tiene soluciones de temporada de verano como la que mencionamos, y el calor húmedo es por entonces en lugares como Buenos Aires, insoportable. Y, hecho no menor, en Uruguay hubo libre cambio de monedas, entrada y salida libre de divisas, sociedades anónimas, secreto bancario, y reserva profesional sobre quienes invierten en el país, particularmente en inmuebles y cuentas bancarias. En menor grado hay inversores europeos y brasileños, a los que las últimas razones no son por cierto desconocidas.
En medio del destrozo que ya ha implicado el IRPF (las inmobiliarias de Punta del Este han perdido el mercado) hay algo más. La inversión en un mundo empapelado de dólares se hace en ladrillos como reserva de valor. No por otra causa, ya que las propiedades en Punta del Este no son rentables. Con suerte un dueño puede alquilar un inmueble y rescatar los gastos de mantenimiento, la Contribución Inmobiliaria, el impuesto de Primaria y el impuesto al Patrimonio, sin ganancia alguna sobre el capital.
En este marco de realidades, se va a levantar el secreto bancario y la Intendencia de Maldonado con 50 millones de dólares de déficit, que en medio de una corrupción incontenible recientemente ha creado y designado por repartija a cerca de 40 acomodados, en nuevos cargos políticos, anuncia un incremento de la contribución inmobiliaria del 20%.
¿Por casualidad, nadie ha visto a un elefante caminando en un bazar atlántico?