En Haití

El gobierno, el Parlamento y la prensa se han ocupado en gran detalle de un conjunto de denuncias sobre manejos de dineros y compras en las Fuerzas Armadas. Merece destacarse la celeridad con que han actuado el ministro de Defensa, quien ha mantenido informado, con gran transparencia, al Poder Legislativo acerca de la situación, y el Poder Judicial.

Pero, esos episodios, con toda su gravedad, no deben hacernos olvidar que las Fuerzas Armadas son una institución importante que cumple con una cantidad y variedad de funciones de gran importancia para nuestro país. Una de esas funciones es participar en las misiones de paz de las Naciones Unidas, entre las cuales tienen especial significación las que actúan en la hermana República de Haití.

Las Fuerzas de Paz son desplegadas en escenarios donde existen amenazas serias para la seguridad interna o externa de una región o país. El sentido común sugiere que los efectivos que operan en lugares donde predominan circunstancias extraordinarias tienen que ser respaldados por servicios de logística y procedimientos administrativos igualmente extraordinarios. Estos deben ser especialmente robustos, eficaces y adecuados a la gravedad y la urgencia de las cambiantes -y no siempre previsibles- amenazas que diariamente deben enfrentar nuestros compatriotas.

Por ese motivo causa sorpresa y preocupación lo publicado por El País el martes acerca de que uno de los batallones uruguayos en Haití no superó la inspección de las Naciones Unidas porque el 70% de su equipo no se encontraba operativo. La causa: problemas burocráticos en el Ministerio de Defensa y la falta de personal especializado en mecánica y mantenimiento.

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