LONDRES | THE ECONOMIST
América Latina tendrá un crecimiento económico superior al 5% este año. Decenas de millones de personas salieron de la pobreza. Pero, también hay falta de empleo, enorme desigualdad en la distribución del ingreso y carencias del sistema educativo.
Este año marca el 200 aniversario del comienzo de la lucha de América Latina por la independencia política contra la Corona de España. Las personas de fuera de la región pueden ser perdonadas por llegar a la conclusión de que no hay muchos motivos para la celebración. En México, que festejó el bicentenario la semana pasada, las bandas de narcotráfico han enfrentado la ofensiva del gobierno, generando pánico en una escala como no se veía desde la revolución que tuvo lugar en ese país, hace un siglo. El reciente hallazgo de los cuerpos de 72 personas que intentaban emigrar -algunas habían llegado desde lugares tan lejanos en el Sur como Brasil- en un galpón en el Norte de México, no sólo marcó un nuevo punto grave de la violencia, sino también fue un recordatorio de que algunos latinoamericanos todavía se sienten tan frustrados por la falta de oportunidades en sus propios países como para correr riesgos terribles en la búsqueda del elusivo sueño americano, al norte de la frontera.
La democracia ha reemplazado a los dictadores de antaño -en todas partes con excepción de la Cuba de los hermanos Castro- pero otros vicios como la corrupción y la justicia parecen tan atrincherados como siempre. También hay gobernantes autócratas como es el caso de Hugo Chávez en Venezuela, que habiendo dilapidado una enorme fortuna proveniente del petróleo, ahora trata de intimidar para abrirse camino a una victoria fea en las elecciones legislativas convocadas para el próximo domingo.
Pero, hay que mirar más allá porque algo notable está ocurriendo. En los cinco años anteriores a 2008, las economías de la región crecieron a una tasa anual promedio de 5,5%, mientras la inflación fue de un dígito. La crisis financiera internacional interrumpió brevemente ese crecimiento, pero fue la primera vez que se recuerde que América Latina fue espectador inocente y no protagonista. Este año, el crecimiento económico continúa y va de la mano del progreso social. Un alto número de personas ha salido de la pobreza para incorporarse a una creciente clase media baja.
Clase media es un concepto resbaloso. Resulta claro en América Latina que las sociedades cambian con rapidez en respuesta a la urbanización, la democracia, las reformas económicas y la globalización. La pobreza ha declinado en casi todas partes. Tan importante como lo anterior es que la distribución del ingreso se hace menos desigual en muchos países. En Brasil y México, el coeficiente de Gini -una medida de la desigualdad- descendió en 12 de los 17 países para los que existen cifras comparables, incluyendo a todos los más grandes. Aún así, la distribución del ingreso se mantiene como la más desigual de cualquier continente. Esa extrema desigualdad causa muchos problemas. Por ejemplo, casi seguro es un factor de las alarmantes tasas de delitos.
La disminución de la pobreza es el resultado de un crecimiento económico más rápido y del control de la inflación (erosionó los ingresos de los pobres), pero también de mejores políticas sociales. En particular, los programas de transferencias en efectivo condicionadas -una invención de las democracias latinoamericanas- han demostrado ser eficaces para ayudar a los pobres. Bajo esos esquemas, las madres reciben un pequeño estipendio mensual (oscila entre el equivalente a US$ 5 y US$ 33 por hijo) en la medida en que mantengan a sus hijos en la escuela y los lleven a controles médicos. Unas 100 millones de personas se benefician de esos esquemas de transferencia en la región, de acuerdo con el Banco Mundial. Los planes están bien enfocados y resultan relativamente baratos, con un costo de alrededor del 0,5% del PIB.
REPERCUSIÓN. Se estima que el programa Oportunidades, de México, redujo la pobreza en ocho puntos porcentuales. Bolsa Familia, de Brasil, hizo que millones de personas en extrema pobreza sean menos indigentes. Asimismo, hay pruebas de que esos programas han incrementado la matrícula escolar y la concurrencia a clase, así como reducido las tasas de abandono y aumentado la atención médica y la vacunación pre y posnatal.
Esos programas y la más extensa concurrencia a la educación han ayudado a reducir la desigualdad del ingreso. Una fuerza laboral mejor educada ha sido capaz de reclamar salarios más altos.
Los programas en sí no pueden mejorar los niveles de educación y salud que, especialmente en las zonas rurales, siguen siendo pobres. Pero, el despliegue de programas de comunicaciones y de electrificación comienza a transformar las zonas rurales. En Perú, en algunas de las provincias más remotas y pobres de los Andes, mejores caminos y telefonía móvil han permitido que los agricultores y granjeros produzcan más rubros redituables como queso y vegetales y también tengan empleos en los poblados locales.
Todo esto ha significado a lo largo de la región que la clase media baja se haya expandido. En Brasil, Marcelo Neri, de la Fundación Getulio Vargas, un instituto de investigación, define a ese grupo como el de hogares que tienen un ingreso mensual entre 1.064 reales (equivalentes a US$ 608) y 4.561 reales (US$ 2.606). Pasó de representar el 43% de la población en 2002 al 53% en 2008. En su próxima Perspectiva Econonómica Latinoamericana, OCDE define a la clase media como aquella que tiene ingresos de entre 50% y 150% de la mediana. Según su definición de clase media, 275 millones de personas en América Latina y el Caribe, o poco menos de la mitad del total, eran de clase media en 2006. La proporción oscila del 56% en Uruguay al 37% en Bolivia, en comparación con el 68% en Italia. Vale la pena destacar que muchas de esas personas serían consideradas pobres en países de mejor nivel económico: el ingreso anual medio comprendió desde US$ 2.820 en Bolivia a US$ 6.036 en México, mientras en Italia fue de US$ 18.816.
BENEFICIOS. El ingreso registra una parte de la mejora del nivel de vida. El dinero tiene más alcance, apuntan Luis de la Calle y Luis Rubio en un estudio sobre México. Las familias se han achicado. En la actualidad, la mujer mexicana promedio tiene dos hijos, en comparación con siete en la década de los `60. Asimismo, la apertura de la economía al comercio ha reducido de manera aguda el precio de muchos bienes, mientras la estabilidad económica ha traído numerosos beneficios.
Los créditos para vivienda casi se triplicaron entre 1998 y 2006. Más de siete millones de viviendas fueron construidas en México, en la última década.
Tradicionalmente, la clase media en América Latina ha tenido empleos en el sector público. La nueva clase media baja es más emprendedora, pese a que muchos de sus miembros trabajan, aunque sea parcialmente, en la economía informal. Aspira a tener casa propia, un automóvil, un teléfono móvil, una computadora y televisión por cable (o satelital).
Estos avances todavía son frágiles y no todo el mundo encuentra la manera de salir de la pobreza. Los hijos de hogares pobres y especialmente los de zonas rurales y de descendencia negra o indígena, tienen menos probabilidades que el latinoamericano medio de completar su educación o tener un lugar decente para vivir. Un estudio del Banco Mundial descubrió que entre la cuarta parte y la mitad de las diferencias de consumo obedecen a esa desigualdad de oportunidades. Queda un largo camino por recorrer.
INSUFICIENTE. Un problema es la productividad. El BID considera que si el crecimiento de la productividad en América Latina, desde 1960, se hubiera mantenido al ritmo del resto del mundo, los ingresos reales de la región serían 47% más altos que en la actualidad. Parte del problema es que la región no ahorra ni invierte lo suficiente, De acuerdo con la Cepal, en 2008, ahorró el 23% del PIB e invirtió alrededor del 22%, lo que es mejor que en otros tiempos, pero ni cerca de lo logrado por China, que tiene una tasa de inversión cercana al 40% del PIB. América Latina está aún más rezagada en la totalidad de los factores de productividad, o la eficiencia por la cual combina el capital, la tecnología y el trabajo. Desde 1990, la productividad en el sector industrial ha crecido con más lentitud que en el Este de Asia y en los servicios casi no creció.
Algunas de las causas de la relativa ineficiencia de la industria manufacturera y los servicios son estructurales: la actividad económica está dominada por una masa de pequeños e ineficiencies negocios de servicios y quizás hasta la mitad de la población trabaja en la economía informal. Las causas son profundas, pero incluyen infraestructura pobre, sistemas impositivos y regulaciones mal diseñados, falta de competencia, lo que significa que las empresas tienen menos necesidad de innovar, y falta de crédito.
Si se cuentan las fuentes pública y privada, la inversión en infraestructura totaliza sólo entre 2% y 3% del PIB, de la cual un tercio está destinada a energía y gran parte del resto al transporte, según Jordan Schwartz, del Banco Mundial. Cree que la región tiene necesidad de invertir el doble para que las carencias de infraestructura no frenen el crecimiento.
La calidad de la infraestructura varía ampliamente a lo largo de la región. Sólo Chile tiene una red de transporte moderna comparable con la de China, y aún allí el ferrocarril está olvidado.
Quizás la mayor causa de la baja productvidad es la falta de crédito. En las últimas cuatro décadas, el crédito total fue en promedio 31% del PIB, la mitad que en el Este de Asia.
Ahora, la situación está cambiando, por ejemplo, en Brasil, donde la expansión del crédito y de los mercados de capitales está vinculada a la declinación de la economía informal. En varios países también se ve un auge del microcrédito.
La cifra
5 son los millones de barriles de petróleo por día que Brasil producirá en 2020. Colombia producirá 1.2 millón diarios en 2012.