RICARDO REILLY SALAVERRI
En nuestro país los campeones del despilfarro presupuestal del erario público profundizan el saqueo a los contribuyentes. Y, con el patrocinio "técnico" de personeros del sistema financiero mundial, en este caso tenebrosos voceros del BID, se aprestan a destruir la confianza internacional de la república, como refugio estable y seguro de capitales, levantando para ello, entre otras cosas el secreto bancario (al que Astori padre de la criatura impositiva dijo "no se tocaba"). Y, hay que pagar el carnaval de acomodos y dilapidación burocrático, de una administración pública caótica y funcionalmente parada por modus vivendi o por huelgas.
Seguidamente relataremos la historia del gran "chivato", expresión que en castellano hay quienes usan para los delatores, y que es parte fundacional de la ofensiva de los países del norte ricos, de los que los capitales huyen sustancialmente por los abusos tributarios de los gobiernos, hacia lugares en que esperan obtener resguardo.
Hace poco en el canal CNN un informe decía que Nueva York, Londres, Hong Kong, y Singapur, pelean por convertirse en centros mundiales del negocio financiero. Anhelan recepcionar capitales y darles reserva y destino. Particularmente los bancos estadounidenses que manejan el grueso de la evasión fiscal norteamericana y trabajan con paraísos fiscales (¿qué decir del dinero de las drogas que tiene en el norte la más fenomenal concentración de consumo?), así como los ingleses, tienen un objetivo en la mira que es atacar a Suiza y destruir su fama de fortaleza a prueba de entrometidos en información financiera.
Han contado para ello con un gran chivato, Bradley Birkenfeld, un operador financiero nacido en Boston, EE.UU. Esta persona operaba con el banco UBS -el mayor banco suizo- y accedía a información confidencial sobre cuentas de evasores fiscales o de personas vinculadas a otros temas tales como el negocio de armas o actos de corrupción política. Un servicio muy demandado a los bancos suizos han sido las cuentas numeradas. A través de ellas una persona abre una cuenta, que queda registrada con un número. Electrónicamente no hay forma de asociar a la persona con el número. Pero, pequeño detalle, la información que asociaba a las personas con los números quedaba guardada en cofres a los que Bradley accedía y a la que comenzó a levantar y guardar (incluidas las claves personales secretas como "león azul"). Y eso les ofreció a las autoridades gubernamentales y judiciales norteamericanas.
Ello llevó a que finalmente Suiza -ante pruebas indiscutibles- facilitara desde 2007 el nombre de miles de ciudadanos norteamericanos que tenían depósitos allí, y a que suavizara actualmente su secreto bancario, sin regalarse y con precauciones, a diferencia de lo que se planea en nuestro país.
Epílogo curioso, el asunto citado tuvo un costo de cientos de millones de dólares para el UBS; sus clientes delatados y Bradley, antes que recibir un indulto o recompensa, fue condenado por fraude por el juez norteamericano Zlock, recibiendo una condena con prisión por tres años. La delación no siempre paga.