Dos uruguayos y un film argentino

Natalia Oreiro habla sobre la película que hizo con Adrián Caetano y que se estrena el viernes

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MATÍAS CASTRO

Dos uruguayos radicados en Argentina, varios familiares que actúan y una película minimalista pero repleta de ideas visuales. Esos son, a priori, los tres puntos que diferenciarán a "Francia" en la cartelera de cines en Uruguay. Pero hay más.

La combinación del director Adrián Caetano, realizador cinéfilo con gran ojo para contar historias urbanas de gente humilde, y Natalia Oreiro en una película sonaba tan interesante como improbable. Pero juntos no solamente hicieron Francia, casi en secreto, sino que ahora planean otra película más.

"Adrián tenía la decisión firme de filmar y a veces los tiempos del cine son distintos de lo que quiere un director, por el tema del dinero, del distribuidor y demás", cuenta Oreiro para explicar el motivo por el que la película se hizo casi en privado. El equipo de rodaje fue de unas quince personas, número notoriamente menor al que habitualmente participa en cualquier película.

"La hicimos sin pensar en cuándo se iba a estrenar, en cuántas salas ni nada de eso", agrega la actriz, que encarna a Cristina, una mujer que trabaja como mucama en una casa, mientras cuida a su hija y se ve obligada a compartir el techo con el padre, de quien se había separado por un episodio de violencia doméstica.

Ver a Oreiro en este papel, apenas un mes y medio después del que hizo en Miss Tacuarembó, ofrece una interesante oportunidad de comprobar su versatilidad y, sobre todo, su interés por buscar trabajos que la terminen de alejar del estereotipo de personaje que le dio fama en series televisivas como Sos mi vida y Amanda O. Si bien no reniega de esos trabajos, que la ayudaron a construirse un nombre en muchos países, sus intereses van más allá de eso.

Caetano le propuso inicialmente dos proyectos de películas distintas a esta. Los tiempos del cine, que dependen muchas veces de premios, inversores, fondos estatales y de la gestión de coproducciones, retrasaron más de lo deseado esos proyectos, así que en el medio el director le hizo llegar el guión para Francia. Tras hacerle una devolución, es decir, darle sus impresiones sobre cómo veía el argumento y los personajes, Oreiro aceptó. "Fue bastante sencillo", remata.

La película no implicaba un gran despliegue, escenarios exóticos, efectos especiales ni extras. Solamente un puñado de actores, entre los que está Milagros, la hija del director, como verdadera protagonista. Pero aparte de Oreiro, la otra figura popular en la película es Mónica Ayos, quien hace un papel secundario, pero con cierta presencia. "El rodaje fue muy relajado", sintetiza Oreiro para explicar como se dio el proceso con ese equipo de filmación.

Y de esa forma, lo que comenzó casi como una película casera, o "clandestina" como Caetano y Oreiro dicen, saltó al circuito de festivales y luego a los estrenos comerciales. El Festival de San Sebastián, el de Huelva y el de Venecia fueron algunos de los prestigiosos eventos por los que circuló. La apuesta clandestina y semifamiliar había rendido sus frutos.

Relaciones. Si bien la figura más conocida del film es Oreiro, no es la protagonista. El personaje principal es Mariana, la niña que encarna la hija de Caetano, cuya mirada es la que define todo lo que va ocurriendo Oreiro se preocupa por destacar que la niña es la protagonista y dice que conviene resaltar esto para que los espectadores vayan al cine con una idea más certera.

"La película apareció en un momento en que quería hacer más cine y podía. Me gustó además poder interpretar a un personaje muy común", afirma la actriz. "Intelectualmente puedo entender a Cristina (su personaje) porque tuvimos una educación muy similar, aunque vivimos en una realidad distinta, cosa que lo hacía más interesante todavía. Tenemos sentimientos afines, como el tema de la defensa de la dignidad. Como actriz este trabajo me permitió tocar otro color, más sensible, sin ninguna especulación y más relajado".

El hecho de que use el adjetivo "relajado" en más de una oportunidad, tiene que ver con el proceso de trabajo, que a su vez es el sistema de Caetano. El realizador es conocido por permitirse un margen de maniobra importante a la hora de pararse en el set de rodaje y, aunque utiliza guiones como cualquier otro, deja algunas puertas abiertas.

"Adrián es un director muy lúcido pero que tiene la inteligencia de ser permeable", describe Oreiro. "Te da la posibilidad a vos de crear tu propio personaje. Yo estaba más acostumbrada a ensayar escenas con texto completo y cada vez que nos juntábamos él prefería charlar de otras cosas del personaje y no tanto de la escena en sí. Eso generó un vínculo de mucha confianza. Se nota en la película, las actuaciones creo que son sinceras, cosa que para este tipo de películas es fundamental, que no exista nada prefabricado".

Lo que refleja esa buena relación es que ya tienen un plan: otra película. Se llamará Mala y, según adelanta la actriz, será una historia de acción que transcurrirá en la ruta, algo distinta a esta.

Una pequeña protagonista y su mirada

El director Israel Adrián Caetano ha presentado esta película afirmando, en sus notas de prensa, que se trata del "relato desordenado de un niño, o una película desordenada relatada ordenadamente por un niño". Vale la pena tomar en cuenta el comentario a la hora de plantarse frente a la película, aunque también hay que tener en cuenta que no es una obra infantil.

La película toca temas duros, como la violencia doméstica, el suicidio, los dramas laborales y problemas económicas, pero los enfoca desde una perspectiva infrecuente, siempre dejándolos fuera de cámara. Si un hombre golpea a una mujer, la escena arranca con lo que ocurre después; si hay un acto sexual, la escena comienza cuando el hombre y la mujer salen del cuarto en el que estaban. Ninguna de estas decisiones en la película son casuales, sino fruto del trabajo del director y de sus opciones.

Su afinidad por el mundo infantil ya había estado antes, de una manera insólita, ya que su filmografía no tiene mucho del género. Pero en la serie Tumberos se había permitido crear la secuencia de una revuelta en la cárcel, pero desempeñado por niños vestidos como los presidiarios que protagonizaban el programa. Esa secuencia, de nivel sorprendente para la media de las producciones televisivas, era más bien alegórica.

En Francia la presencia y la voz de la niña, que es su hija, no tiene nada de alegoría. "Hagan lo que hagan sus padres, sus maestras y sus amigos, Mariana (el personaje que interpreta su hija) puede verse o no allí, en silencio, mirando hacia otro lado o escuchando sus walkman. Y siempre esta detrás de la cámara", comentaba en sus notas.

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